He visto personas sufrir y llorar afuera de los hospitales. He visto personas levantar plegarias al cielo y lanzar oraciones al piso. He visto personas reír plácidamente por las calles de la ciudad y he visto también personas mofarse de quienes traemos un cubrebocas o unos guantes en las manos. He visto personas vendiendo tamales, tacos y frituras en las calles mendigando una moneda para poder llevar sustento a su familia.

Por Manuel Ayala He visto también personas resguardadas en sus casas asimilando el rigor de una pandemia. He visto personas tomando todas las precauciones cuando salen a la calle. Pero también he visto personas en sus casas festejando como si nada pasara en este mundo. He visto vecinos festejando con grupos norteños en vivo celebrando como si estuviéramos de vacaciones y he visto personas abarrotando tiendas para ir a comprar lo que queda de alcohol. He visto enterrar cuerpos de personas muertas por Covid-19 en el panteón Municipal y he visto personas al lado enterrando sus muertos por otras circunstancias. He visto de todo y, si soy sincero, todo ello me abruma demasiado cuando llego a casa. No hay momento en el que no piense en cada una de las circunstancias a las que nos ha llevado esta pandemia y muchas de las veces ha sido difícil conciliar el sueño por ello. ¿Qué he pensado yo de todo esto que he visto en más de un mes de cobertura periodística? Que sigue habiendo gente en el mundo a la que le vale reverenda madre lo que pase con los demás, mientras ellos, bajo sus circunstancias, puedan ser felices alimentando sus egos y sus idolatrías. Que he visto también que del otro lado de la moneda hay gente muy preocupada por todo su entorno y otras sufriendo constantemente por sus pérdidas de familiares, a las que jamás pudieron ver o de las que ya no pudieron despedirse como dictan las normas humanas. Todo está muy cabrón, es difícil asimilarlo, y a veces las noches no son suficientes para ello, como para recobrar la certidumbre. Cuando me toca salir a reportear, hago todo un ritual para la cobertura, y seguro que es lo mismo que hacen mis compañeros colegas para ello. Sabemos que estamos expuestos, pero es lo que nos toca hacer y lo afrontamos como se debe. Dentro de toda esa amalgama que a uno le toca ver, ¿cómo le explicas a una persona reaccionaria que se quede en casa porque, algo fuerte está pasando en las calles, si su respuesta es negativa, casi de casi a llegar a los golpes? ¿Cómo le ayudas y le pides calma a una persona que tiene los síntomas y tiene más de cinco horas esperando afuera de un hospital? ¿Cómo tranquilizas a un ser humano que tiene a un familiar enfermo en emergencias para que deje de llorar y resuelva su caso hasta que le den un resultado positivo o negativo? ¿Cómo establecer cierta concordancia con todos tus amigos y familiares, que a cada rato te están preguntando, cómo está la situación en tu ciudad? Está muy cabrón, sobre todo, porque nosotros también, como reporteros, somos personas. ¿Y cómo se estabiliza uno ante estas circunstancias? ¿Cómo guarda uno la cordura? ¿Cómo se mantiene firme ante todas las adversidades? ¿Cómo establecer la calma y cómo “desviar” todo lo negativo que nos encontramos en la cobertura diaria? ¿Cómo conciliar el sueño luego de tantas imágenes tan negativas y potencialmente emocionales? Es muy difícil. Pero el reto no es solamente para nosotros, es para todos. Para los que se quedan en casa sin poder salir a tomar el sol. Para los niños que seguramente ya ansían la calle y estar con sus amiguitos. Para los pequeños comerciantes que les hace falta el dinero en casa. Para las y los médicos y enfermeras que se la rifan a diario y también tienen familias que no han frecuentado. No ha sido fácil para nadie. Solo para los incautos que siguen pensando que nada pasa. ¿Qué hacer o qué pensar entonces? No está en ninguno de nosotros, porque nosotros a lo que tenemos que recurrir es al autocuidado y dejar que los demás suceda. ¿Cómo vamos a remediar esta circunstancia? Pues en la medida que todos tomemos en cuentan las recomendaciones. Afuera está muy cabrón. Hay quienes no han querido darle la debida importancia y por ellos pagamos unos por otros. Pero vamos a salir de esta, creo yo, y el día que eso suceda, espero podamos todos poder recobrar poco a poco la confianza de vernos, de salir por un café, de poder salir a caminar y de poder un día volver a poner los codos y los brazos en la barra de un bar, para degustar una cerveza tranquilamente, sin pensar que lo demás, pueda tener una circunstancia negativa, como la que ahora la pandemia nos está perpetuando. Habrá personas que nos seguirán jodiendo la existencia, claro está, comenzando por los políticos, porque la condición humana se les resquebraja y se les olvida cuando de negocios se trata. Habrá quienes sigan pensando en sí mismos y que presuman como un triunfo haber sobrevivido a la pandemia cuando se la pasaron todo el confinamiento fuera de casa. Habrá quienes se rían de quienes se quedaron la mayor parte del tiempo resguardándose en su hogar, señalando que ellos nunca creyeron en ello y que todo fue una mentira. De esas personas uno siempre encontrará en la vida. Lo que a mí me queda es que es un día que todo esto pase, habremos quienes salgamos de la casa buscando a nuestros similares con todas las ansias del mundo para poder darles un abrazo placentero. Habrá quienes regresen gustosos a casa de los padres, de los hermanos o de los amigos con una sonrisa que se volcará eterna por saber que estamos vivos. Que habrá quienes se pongan de acuerdo con sus amigos para regresar a su bar favorito y platicar todas las anécdotas que quedaron en el camino. Que habrá quienes por su sola presencia celebrarán la vida de no haber sido uno de esos que la estadística está constantemente marcando como los fallecidos. Que, contrario a ello, seremos de los que podemos regresar poco a poco a una normalidad que, nos va a costar, pero que por ende será doblemente significativa para poder apreciar lo que teníamos y lo que aún tenemos por hacer. He visto muchas cosas durante todo este camino de cobertura periodística de la pandemia, pero también espero un día volver a ver florecer a todos mis amigos, hermanos y familiares. Volver a ver y estar en esos momentos en los que mediante un mensaje o una llamada podamos acordar puntos de encuentro para volver a vernos… y darnos un abrazo.
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Quería ser pintor, futbolista, rockstar, boxeador, trailero, militar, cirquero, pero un día me encontré con el periodismo y se me hizo vicio. Soy coordinador de contenidos de Erizomedia.org, director de la revista Clarimonda y colaborador de la revista Playboy México. Me gusta contar historias porque también me complace escucharlas.

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