“Venimos al Mundo” a ser un Fracaso Hippie

Iván Gutiérrez
Posted on julio 02, 2020, 12:43 pm
12 mins

¿Quién no se ha sentido un fracasado, un Don Nadie, un paria? Ya sea en el amor, en el trabajo, en la vida o en la escuela, tarde o temprano todos caemos en el bache del fracaso, sintiéndonos incapaces de cumplir aquella meta que buscábamos alcanzar.

Un estereotipo de la sociedad posmoderna que remite mucho a la condición de fracaso es la del hippie, el personaje sin trabajo que se opone al sistema desde una filosofía de “vida alternativa”. ¿Qué pasa si juntamos ambos conceptos? Se crea una contradicción, una negación del fracaso gracias al fracaso, una figura paradójica que bien puede recordarnos a cómo funcionan los amantes que se aproximan y repelen.

Conformada por Trilce Ariadna (Voz, Flauta) Cuauhtli Garcia (Voz, Guitarra) Sergio López (Bajo), Naye (voz), Gus (percusiones) y Roberto Hurtado (Batería), Fracaso Hippie es una agrupación michoacana que descubrí hace un par de semanas gracias a los algoritmos de Spotify (¡ya era hora de que algo bueno trajeran esas pinches recomendaciones!).

De acuerdo al flyer de su presentación en el festival en línea “Estoy Erizo en Casa”, el cuarteto de fracasados se define como un “proyecto de pop estridente que de manera casi orquestal raya en el post-rock para luego dar paso a sonidos folklóricos”, y según su video más viejo en YouTube, realizaron su debut en el mes de septiembre del 2014, por lo que seguramente ya llevan siete u ocho años tocando juntos.

Pasar de una armonía calma a la gran tempestad es una de las especialidades de este grupo mexicano, como iremos desglosando al sumergirnos en su primer álbum de larga duración Venimos al mundo (2020), un compendio de seis canciones que mezclan la vibra del rock alternativo-experimental con sonidos folklóricos, coros ambientales, espacios psicodélicos y emociones de post-rock.

Acreedora de ser reconocida como “versátil”, la banda arranca la introducción de la experiencia anti-hippie con “Rosa”, una atmósfera mística, surreal y fantástica que nos adentra en un bosque de nostalgia donde afloran historias de arrepentimiento. Aquí Cuauhtli nos muestra el arrullo que su voz es capaz de alcanzar: es la Rosa como metáfora del amor perdido, una rosa que está muriendo, marchitada porque nadie la regó: “Amaneció el dolor”.

Así como su primera canción, todo el álbum de Fracaso Hippie está lleno de encuentros gratos y amargas despedidas. En “La Visita” recibimos una caricia en forma de sonrisa, donde ya comienzan a surgir riffs, distorsiones y sintetizadores más pesados, mientras “Olvídame” nos transporta a la sublimación de un lamento nostálgico y alegre en el que flotan todo tipo de sonidos folklóricos (¿herencia de su origen michoacano?): una guitarra acústica y un bajo son la primera guía, luego llegan a la fiesta trompetas, clarinetes y coros de voces, como una banda que está de fiesta en el parque, un ambiente no exento de drama, como dejan claro al final de la canción.

Una de mis favoritas es “Presencia”, una canción progresiva donde la letra te lleva de la mano por un amor excitante y dramático. En apenas un minuto la canción te transporta por los matices de una historia que todos hemos experimentado: aquella en la que nuestra existencia es supeditada al reconocimiento que hace de nosotros el ser amado. Conforme avanza la pérdida de control también lo hace la fuerza de la música, avanzando en intensidad como lo hace el corazón cuando mira a la persona romantizada.

En el transcurso del segundo minuto una armonía folklórica y un riff muy “alternativo” anticipa una serie de arreglos vocales impresionantes, donde se mezclan voces en una letra que te perfora: “Y… me he de conformar… con la sensación… de guardarme lo que siento… tal vez nada va a cambiar… pero yo quiero sentir… que existo aunque sea un momento…”. Aquí explota una armonía electrónica experimental que juega con los límites de la distorsión, previo al gran clímax de la canción, un gran cierre punk donde el coro a voces grita “¡Que se escuche, lo que siento!”.

A “Presencia” le sigue “Los que pierden todo”, una canción acerca del valor, una invitación a desafiarlo todo. Al igual que sus otras rolas inicia con calma, apenas una voz en la madrugada acompañada de instrumentos de viento que luego son escoltados por el redoble de una tarola y la dulce voz de Trilce. Es en el minuto dos cuando explota un himno de sintetizadores, guitarras y coros donde el miedo no decide por nosotros: “Y si al despertar no hay nadie que nos acaricie, que nos diga cómo estás, ¿cuál sería el temor entonces de quedarnos solos, de quedarnos locos, de perderlo todo?”.

Es en esta canción donde más resalta el uso de los sonidos electrónicos de la banda; su cierre me remite a un sueño digital que se va apagando.

La discusión está abierta, pero muchos coincidirán en que “Venimos al Mundo” es el gran éxito de la banda, canción homónima del álbum. Rolita que cierra la marcha de la orquesta, en ella se sintetiza todo lo anterior: una letra impresionante, un gran aprovechamiento de coros para crear armonías absorbentes, el sonido folklórico de los instrumentos de cuerdas, una progresión post-rockera que te lleva de una explosión a la calma del mar en un segundo y un mensaje existencial: “si yo muriera el día de hoy… quisiera estar tranquilo… mirando al sol”.

Esta pieza es la más extensa del álbum, y también su letra es de las más impactantes: “Nada nos hace eternos, y aun así, buscamos solo una razón… para matar… para morir… para vivir… para existir”.

En el minuto tres, la canción entra en su primera transición significativa, con un solo de guitarra acústica que sigue acompañando la serenidad de las voces fracasadas y hippies. Se desarrolla entonces un diálogo melódico digno de una película de Almodóvar: “¿por qué nos morimos? No he encontrado alguna explicación… si tanto nos quisimos… ¿por qué al mirarte siento rabia y rencor?”. Es la tensión que existe en todas las relaciones amorosas: el estira y afloja, la transformación del afecto en odio, la metamorfosis del corazón.

En el minuto seis la canción eleva al espíritu con un grito transformador donde el grupo reconoce lo absurdo de todo: “Venimos al mundo a morir sin un argumento”. Se hace añicos el cristal y de él sale un instrumento de cuerdas (¿un ukulele?) que te escolta por un viaje de tranquilidad y paz, dejándote suspendido en una atmósfera surreal donde solo permanece el espacio lleno de estrellas.

Así termina el primer álbum de la banda, una entrega muy completa que seguro captará el corazón de más de un hippie fracasado. Ahora bien, no me atrevería a escribir de este grupo sin darle una mención aparte a una canción suya que por el momento solo está disponible en sesiones en vivo. Me refiero a “Perdedor”, una canción que mantiene lo progresivo de su estilo, y que más que otra canción  incluye distorsiones y riffs que en lo personal me recuerdan mucho a Sonic Youth y al grunge-alternativo de los noventas.

Al igual que en sus otras composiciones, esta rola juega con el ir y venir de las emociones fuertes a figuras serenas (y viceversa), con una declaración de odio que dejaría contemplativo a Efraín Huerta: “Debiste llegar temprano para mirar cómo los buitres nos comían… debiste pelear de frente para patearte y no quedarnos con la duda… debimos limpiar la sangre para negar hasta la muerte de tus hijos… debiste morir bastardo, pero prefiero saludarte como hermano”.

En esta rolita, las temerarias voces de nuestros perdedores hacen un match perfecto con lo estridente de la distorsión y los toques shamánico-delirantes de los instrumentos de vientos. Es, sin duda, una obra que retoma influencias del pasado y las renueva con la fuerza que solo la mezcla de géneros musicales puede alcanzar.

Y pues nada, hasta aquí llega la recomendación de esta semana. Quizás Spotify, YouTube y las revistas musicales nacionales no me han arrojado a las mejores bandas del año, o quizás es que ya encontré a una de ellas. No lo sé, pero a mi parecer el 2020 no será recordado únicamente como “el año de la Pandemia”, sino también como el año en que salió el primer álbum de Fracaso Hippie.

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Iván Gutiérrez
Comunicólogo especializado en el periodismo narrativo y de investigación, enfocado en temas de políticas públicas, problemáticas sociales y derechos humanos. Gustoso cronista de entornos contraculturales, es aficionado a la documentación de propuestas musicales, además de columnista de temas varios e inquieto escritor de ficciones literarias. Ha colaborado en medios como Revista Nexos, Revista Replicante, Suplemento Cultural Palabra, Revista Clarimonda, Somos El Medio y Revista Erizo. Actualmente es editor de contenidos en el portal periodístico 4Vientos.net y Director General de la Revista Molcajete. Le gusta beber cerveza en rincones donde hay buenas rockolas.

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