Un chilango con suerte

Erizo Media
Posted on julio 13, 2020, 10:44 am
11 mins

Han pasado tantas cosas extrañas y chidas en mi vida, así como algunas que me gustaría borrar de mi pensamiento, pero creo que a eso le llaman equilibrio emocional.

Por Israel Pastor

 

Hola me presento, soy Israel Pastor pero toda la vida mis compas me han dicho “Pasto”. Siempre que conozco a alguien, invariablemente me pregunta: “¿Por qué “Pasto”?” y yo solo respondo de la forma más aburrida que me sé: “Porque me apellido Pastor y a los huevones de mis compas les da lo mismo decir la ‘R’ que no decirla.”

Soy un tipo que nació el 20 de marzo de 1982, como quien dice, tengo ya mis 38 añotes y no se sabe si estoy más para don o para chavo ruco, pero mientras la sociedad lo dicta, yo intento pasarla bien con mi chava y amigos. Aunque tengo que reconocer que, a dos años de los 40, las crudas y los achaques son más fuertes.

Fui un chamaco que llegó muy pequeño a vivir al sur de la Ciudad de México, a un suburbio llamado Coapa. Vengo de un matrimonio disfuncional, en el que la figura de mi padre siempre estuvo ausente y uno como podía, tenía que rifarse el físico, tanto en la escuela como en la colonia con los amigos.

Bueno, quiero adelantarme de 1982 a 1992, a mis 10 años ya era súper consciente de lo que me gustaba en esa época. Yo era un chavillo con necesidad de consumir música y conseguirla significaba una aventura bien chida y emocionante, sobre todo titánica poder encontrar cierto tipo de bandas en acetato, casete o cedé. Ahora con un aburrido clic encuentras lo que quieras en el todopoderoso Internet. 

La mayoría de mis amigos, un poco mayores que yo, siempre estuvieron empapados de grunge y recuerdo haber visto en MTV los videoclips del momento o de un par de años atrás. Ejemplo: Pearl Jam y el video “Even flow”. La primera vez que lo vi me voló literal la cabeza y lo primero que pensé fue: “¿Quién habrá hecho ese video tan cabrón? ¡Qué difícil habrá sido realizarlo! ¡Todos están brincando!”

Ahí comenzó mi sueño de querer ser músico y hacer videoclips de música.

Pasaron los años y yo intentaba consumir más música y videos (lo que mis posibilidades me permitían), hasta que cumplí por fin los 16 años, mi primera edad deseada de chavito. ¿Por qué? Pos por que ya podía obtener mi permiso para conducir e ir por la colonia en el carro de mi mamá, con la música a todo volumen escuchando el Dónde jugarán las niñas de Molotov y ese sueño se hizo realidad varias veces hasta que volé las bocinas del Golf y mi mamá no me lo volvió a prestar en un buen rato.

Para ese momento ya ni me importó, porque por fin tenía mi primera banda de rock con mis amigos de toda la vida (los de la primaria), y era la banda más antirock que existía, más bien era tirándole al pop tipo Los Hombres G. Algo muy extraño, pero era mi primer banda con un nombre igual de antirock (Piscis) por que todos habíamos nacido en febrero y marzo en donde ese signo zodiacal prevalece.

Lo único chido de esa banda fue que no tocamos covers como los inicios de cualquier otra banda de chavitos. Teníamos dos rolas compuestas por nosotros. La letra por Gonzalo Heredia (a él lo dejaremos para más adelante) y la música compuesta por los demás. De esa banda yo era el bajista, Sebastián Comelli era el guitarra eléctrica y Gonzalo en la voz y guitarra electroacústica. 

Igual y se preguntan: “¿y el baterista?”, pues pasaron varios amigos disque tocando la batería, pero sin batería. Es más, hasta uno de ellos le robó unos adornos a su mamá que según eran bongoes pero obvio no lo eran, era una triste cerámica hecha en Chiapas que sonaba turbo culero.

Para ese entonces, ya consumía muchas bandas de Rock Mexicano: Caifanes, La Lupita, Maldita Vecindad, Café Tacvba, Tijuana No, La Cuca, Las Victimas, Fobia, El Gran Silencio, La Castañeda, EL Tri y más. 

Y pues grabamos nuestro primer demo, como pudimos, con dinero que nuestros papás nos daban de domingo y ahorros de lavarle el carro al vecino por $20 pesos. Acabamos en un estudio llamado Capto, que también estaba al sur y pues como todo morro valemadrista, llegamos sin metrónomo y fue un poco difícil grabar al ahí se va. Pero por fin pudimos grabar dos canciones: “Amiga luna” y “Estamos solos”, que nos entregaron en un disco virgen Verbatim. ¡Era nuestro gran trofeo! Apenas teníamos 16 años y sin estudios de música, no existía Internet y pensar en tener un mini estudio casero, ni de pedo.

Después de un tiempo de escuchar y re escuchar el demo fuimos a varias disqueras a dejarlo. Sony Music, Warner Music y EMI, entre muchas más. Recuerdo cuando entramos a EMI Music y nos sentaron durante horas en una sala que estaba como en una terraza. En el transcurso de ese día llegaron los de El Gran Silencio y para mi fue como un sueño ver a los integrantes de una de mis bandas favoritas de ese momento. 

Está muy cabrón que los tipos hasta la fecha sigan tocando y siendo un mega referente del rock mexicano y norteño, pero eso es harina de otro costal. En ese momento me dije: “Quiero ser amigo de músicos para que me cuenten sus historias y que sea yo el que les pueda hacer sus videoclips”. Y por ahí dicen que lo que piensas con mucha devoción tarde o temprano la vida te lo concede y así fue muchos años después. 

Ahora saltemonos de 1996 al 2010, que fue cuando me quedé sin trabajo. El presidente en turno decidió finiquitar la compañía y dejar a más de 45 mil trabajadores desempleados sin decirles ¡agua va! En ese entonces ya tocaba en otra banda que ya había sacado un par de discos, yo me integré para participar en el último disco (otro sueño cumplido) y tuve la fortuna de poder estar tocando en un festival en Tijuana. 

Recuerdo que dos días antes de que llegara la fecha para estar en Tijuana, nuestra manager (que era más amiga que manager) nos dice: “¡Tenemos un gran pedo!” y toda la banda en el ensayo al unísono dijimos: “¿Ahora que?”, a lo cual ella responde: “El promotor pensó que éramos una banda de Guadalajara y nos compró los boletos de avión de Guad-Tj y Tj-Guad, ¿que hacemos?”. 

Éramos un poco mas chavos que ahorita y con sed de tocar fuera de los pinches circuitillos de CDMX y dijimos: “¡Chingue su madre! Vámonos en camión a Guadalajara ida y vuelta porque queremos tocar!” y así comenzó la historia en Tijuana, donde conocí a mucha gente bien chida en lo que hace y le apasiona su trip. 

Por ejemplo conocí a un grupo de músicos llamados Lhabia y a su manager el Memo, que podría decir y presumir que son de mis mejores compas, como yo les llamo, provincianos (pura cabula) y ellos me dicen “pinche chilango verguero”, y ahí fue donde, al calor de las copas, en una casa que se llamaba “Casa Astronauta” les dije: “Oigan, cuando vayan al DF (en ese entonces así se llamaba la ciudad) cáiganle a mi depa en Coyoacán y pos vemos como nos acomodamos”. 

En ese momento, el tipo más obeso llamado Memo (Pierde Almas) me mira a los ojos y me dice: “Oye, carnal, pos que chido que lo dices porque tenemos pensado llegar en una semana”. En ese momento hasta la peda se me bajó por pinche chilango verguero y hocicón. Desde entonces se volvió una amistad bien cabrona que hoy puedo presumir a los cuatro vientos y decirles que… Tijuana makes me happy y los TijuaÑeros también.

Continuará…

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