Tijuana se mueve y necesitamos muchos Octavios para su registro

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Posted on mayo 26, 2020, 11:53 pm
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Este texto forma parte de la serie de publicaciones con las que estaremos recordando esta semana a Octavio Hernández, a propósito de que se cumplen cinco años de su fallecimiento (25 de mayo de 2015) y en reconocimiento al legado que dejó a la comunidad artístico cultural de Tijuana.

Me tocó redactar la nota sobre el fallecimiento de Octavio “Bibliorock” Hernández. Era un 25 de mayo de 2015 y en ese entonces yo trabajaba como editor web para La Jornada Baja California. Tenía solo cinco meses de haber llegado a Tijuana y apenas me estaba familiarizando con toda la fauna cultural, social y política de esta ciudad tan prolífica.

Dos meses antes de su muerte, me había tocado estar en la lucha en la que El Hijo del Perro Aguayo perdió la vida, luego de una batalla contra Rey Mysterio. Fue el primer evento que me cimbró a mi llegada a esta ciudad fronteriza, obviamente por la trascendencia de índole nacional de la noticia.

La de Octavio, también conocido como “Octarock”, fue la segunda experiencia fuerte en Tijuana y fue ahí donde medí el impacto de lo que en un futuro me encontraría en esta maravillosa ciudad a la que Octavio le dio tanto.

Quizá no tuvo esa misma magnitud que la anterior, pero también la noticia de su fallecimiento de inmediato se viralizó en la ciudad y otras partes de la república, incluso del otro lado de la frontera, en donde Octavio llegó a trabajar haciendo radio y publicando en prensa escrita.

En ese entonces, mi trabajo era más como de caza noticias o caza tendencias y un mensaje publicado en Facebook por su esposa Rosalba Velasco me alertó de inmediato. En chinga lo comenté con mis compañeras de trabajo, Natalia y Madaí, y sus solas expresiones al conocer la noticia me dijeron todo: había fallecido un personaje muy importante del mundo cultural de Tijuana.

No tuve el gusto de cotorrear en persona con Octavio. Una ocasión coincidimos con varios amigos en la cervecería Azteca (ahora Mexica), cuando ésta se encontraba al interior del Pasaje Revolución. Su melena me llamó de inmediato la atención, uno suele hacer click con los “raros” o con los outsiders de inmediato. Por esa melena, me dijeron después, también le apodaban “cabeza de micrófono”. Pero esa ocasión no se dio el momento para platicar.

Después, supe que tenía una revista llamada TijuaNEO, en la que me llegó a publicar algunos textos que previamente se habían publicado en La Jornada Baja California, pero nunca me tocó el momento para conocerlo más a fondo.

Mi interés en su persona fue a partir de su muerte; me di cuenta de la referencia y legado que había dejado Octavio luego de 30 años radicando en esta ciudad, sobre todo luego de haber realizado la cobertura del homenaje que sus amigos le realizaron en el Centro Cultural Tijuana (Cecut), el día 29 de mayo del mismo año.

No voy a negar que, sin conocerlo, me visualicé en sus zapatos; “Yo también quiero llegar a ser alguien importante como él en Tijuana”, recuerdo haberme dicho en algún momento del homenaje (por ese entonces nadie me conocía por acá, ni sabían qué onda con mi vida), de ahí que me interesara en sus libros, en su obra.

Cornucopia. Periodismo sonoro y anexas (Conaculta-Cecut, 2012) es el que he leído de Octavio, entre otros de sus trabajos publicados en la propia revista TijuaNEO que me agencié de lugares que, por obvias razones, no puedo mencionar.

En su libro y sus textos me encontré una serie de trabajos que discurren por los senderos de la música, aspecto que Octavio dominaba a la perfección. La versatilidad en sus temas y géneros musicales fue lo primero que llamó mi atención. Alguien que se dice ser melómano no puede cerrarse a solo una cantidad equis de géneros, el melómano va más allá y cava en las profundidades de la música sin chistar en el esnobismo o lo (mal)llamado “gustos culposos”.

Pero lo que más me interesó, fue la profundidad que Octavio contemplaba en sus escritos mediante la crónica, el género periodístico por excelencia que más me interesa y que, casualmente, en distintos momentos ha sido relegado de los medios escritos. Me atrevo a decir que Octavio es el último cronista musical de Tijuana y en ello debemos reparar quienes nos dedicamos a esto del periodismo musical, sobre todo las nuevas generaciones.

En eso es en lo que reparo yo con este texto escrito para y por su memoria. Para resaltar no solamente lo que, no conocí de su persona y que ya otros amigos y colegas han dicho a la perfección de él, sino lo que periodísticamente ha dejado para la ciudad.

Desde hace tiempo, al menos en los cinco años que yo llevo en Tijuana, el periodismo musical y el cultural, han adolecido de buenos cronistas y, sobre todo, de espacios en los que quede huella y registro de lo que sucede en esta ciudad con tanto movimiento. Uno revisa los diarios de la ciudad y se da cuenta que todos siguen la agenda que dictan las instituciones o, en el peor de los casos, lo que la cultura mainstream o alta cultura abarrota en casi todos los medios a nivel nacional.

Tijuana es una ciudad que constantemente está generando movimiento, propuestas y alternativas culturales y musicales, no solamente entre los jóvenes de la ciudad, sino en cada uno de los rincones de la misma y ello no se está viendo reflejado en los medios, se está perdiendo ese registro tangible que a la postre servirá para saber y conocer lo que un día sucedió por acá.

Octavio estaba adelantado a ese momento y se preocupaba por generar revistas, fanzines, radio y colaboraciones para otros medios tanto de Estados Unidos como de la Ciudad de México porque, estoy seguro, y comparto esa visión, en Tijuana sucede mucho pero se documenta poco y apuesto a que él quería mostrarle al mundo todo lo que por acá estaba pasando porque, además, se enorgullecía de ello. Vivía y hacia por y para la ciudad.

Me hubiera encantado haber conocido en persona a Octavio, sé que hubiésemos tenido interminables charlas de todo esto. No fue así, no se dio, pero sí puedo ahora incitar a recobrar no solamente su memoria, sino a inmiscuirse en sus textos y retomar ese andar en la escritura musical y cultural de la ciudad.

Tijuana se mueve de manera constante y necesitamos muchos Octavios para registrar todo eso.

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Quería ser pintor, futbolista, rockstar, boxeador, trailero, militar, cirquero, pero un día me encontré con el periodismo y se me hizo vicio. Soy coordinador de contenidos de Erizomedia.org, director de la revista Clarimonda y colaborador de la revista Playboy México. Me gusta contar historias porque también me complace escucharlas.

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