Schroeder y el cuestionamiento del deseo

Braulio Preciado López
Posted on octubre 22, 2020, 9:56 am
6 mins

Una película que siempre se mencionaba desde mi adolescencia y nunca tuve el verdadero interés o iniciativa de ver es More, del director francés Barbet Schroeder. Era muy mencionada en mi círculo social ya que la banda favorita de cualquier joven alternativo, Pink Floyd, fue la encargada de crear su soundtrack.

Recuerdo haberlo escuchado hace muchos años, me gustó. Pero aún así, no me llamó la atención de mirar la película. Muchos años después, se presentó la oportunidad, la subieron a la plataforma Mubi, la cual recomiendo siempre si gustas sumergirte en otra clase de cine que no es distribuido en las demás plataformas de streaming.

La película, situada a finales de los años sesenta, a pesar de ser producida en una época en la que el movimiento hippie estaba cobrando fuerza, no parece expresar un discurso pro-drogas o psicodélico. Al contrario, cuestiona (a mi parecer) las condiciones en las que una persona comienza a consumir estupefacientes y el efecto que puede tener en su vida. Sí, me pareció que calló en un punto de vista moralista.

El argumento cuenta la historia de un hombre alemán que decide abandonar su ciudad en busca de nuevas aventuras, al llegar a París conoce a otro hombre con el cual formará alianza y así poder sobrevivir económicamente a través de actos ilícitos.

Cuando ambos asisten a una fiesta en la que se consumen drogas y alcohol, Stefan, el alemán, conoce a una mujer llamada Estelle. Se siente atraído por ella, pero su amigo le advierte que esa mujer no es buena compañía, que debería mantenerse alejado de ella. Hace caso omiso a su consejo y decide cortejarla.

Poco a poco van conociéndose, en sus encuentros consumen alcohol y marihuana, esta última nueva para Stefan. Deciden viajar a Ibiza, la isla española, en donde su relación se va tornando más complicada y violenta. Stefan es un hombre controlador y abusador, y Estelle una mujer con conductas autodestructivas. Ahí se descubre que ella consume heroína, él al principio la castiga y trata de impedir que se este problema se torne en una adicción.

Poco después, Estelle logra convencer a Stefan para que se inyecte heroína, y, a pesar de todo, ambos terminan cayendo en un agujero sin salida. Por más que intentaban abandonar dicha droga, más se hundían en ella y en su propia autodestrucción. La relación terminó quebrantándose hasta su punto más bajo, Estelle abandona a Stefan y él, al final de la película, termina muriendo por una sobredosis.

Me pareció relevante e interesante hablar de esta película ya que toca algunos puntos referentes a la adicción, el deseo y las drogas que pueden generar buenas reflexiones. Primeramente, desde un punto de vista histórico, podemos ver cómo esta película desde su lugar (los años sesenta) trata de explicar y describir el problema de las drogas y todos los movimientos sociales que se manifestaron esa época.

Aunque, como dice en la película, la heroína y el alcohol estaban excluidos del movimiento hippie, podemos entender cómo el uso de estas sustancias se incrementó en estas épocas.

Por aquel entonces, la sociedad occidental se encontraba sumergida dentro de un estrés existencial debido a que apenas hace dos décadas había salido de una guerra mundial que acabó con la vida de millones de personas y ahora la posibilidad de una catástrofe nuclear amenazaba con destruir la supuesta paz que se había logrado conciliar. Además, agreguemos que el mundo se estaba adentrando a una lógica capitalista que volvía a las sociedades más atomatizadas y aceleradas.

El personaje de Estelle menciona que las personas que deciden consumir heroína lo hacen porque quieren evitar la realidad y las que consumen LSD desean vivirla de manera más intensa. Aunque pareciera que la película trata de hacer una separación entre drogas buenas y malas (espiritual y moralmente), yo creo que cuestiona el uso de cualquier sustancia. Los dos personajes principales son personas con inseguridades, miedos y falta de autocontrol que utilizan estas sustancias para ahogar sus frustraciones y huecos.

Se cuestiona ambos fines, la búsqueda del placer y la necesidad de escapar de un mundo que solo atemoriza y provoca incertidumbres. Además, expone al deseo como aquello que no se puede satisfacer nunca y tampoco controlar, como aquello que si no se aprende a controlar solo nos guía hacia la perdición de nuestras mentes y cuerpos.

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Braulio Preciado López
Soy originario de Tijuana y actualmente curso el último semestre en la licenciatura en Lengua y Literatura Hispanoamericana en la UABC. Mi mayor interés es la fotografía en todas sus expresiones y cómo ésta nos puede ayudar a descubrir el mundo que nos rodea. También tengo interés por la escritura, la crítica, el cine y la filosofía. Uno de mis hobbies favoritos es crear playlists.

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