(Relato) ‘Video Disco Club: “El mejor lugar para bailar”‘ de Jossué Glezmed

Erizo Media
Posted on julio 09, 2020, 12:27 pm
22 mins

Se disfruta del Reggaetón y la música latina moderna… la música brasileña comercial combina muy bien con las noches y los tragos baratos de este video disco club que ostenta la fama de ser el que más vende cerveza en todo Latinoamérica. Miles de litros de cerveza han pasado por este espacio, toneladas de desechos, nosotros también.

Por Jossué Glezmed

 

Cecilia es la mujer más deseada de la calle, si no es que hasta de la colonia entera. Ahí la gente es humilde. No sé si la belleza es directamente proporcional al nivel económico en que se nace o tal vez simplemente es trabajo de la genealogía; aunque los cuidados y todo eso que el dinero compra podría ser un factor. Quizá es simplemente una estupidez nocturna y el azar de la energía universal es el que se encarga de todo.

Hoy, en la pista sonríe a labios rojos y chicle abierto. El cabello le ondula al ritmo de la cumbia del “bandeño”, la piel fresca y reluciente, un vestido obviamente barato pero que simula muy cortésmente la alta costura. Encaje negro, una pieza de fondo color piel. Cabello sencillo, perfumado de shampoo Caprice de sábila, embalsamado de acondicionador Vanart de aguacate. Un rostro infantil, cuadrado, cráneo maduro, baila incansable. No entiendo porque no suda como las demás mujeres sencillas de la pista.

No le gusta el “Tao Tao”, prefiere sentarse un momento.

Zapatito de piso para el cansancio, otra con su belleza hubiese preferido las zapatillas estilo teibolera que tanto están de moda entre las buchonas de la colonia.

Es jueves apenas, aún no termina la semana. Uno cree que generalmente la gente que va al video disco club, va gustosa los fines de sema a gastarse sin pudor la raya del jale.

Cecilia no tiene tiempo ni espacio. Honestamente no es que mi masculinidad este cautivada; me gusta verla en la pista. Anda con Liliana, sonríe bastante bien. En la mesa C-9 percibo la alegría, a un costado en la C-8 Cecilia y Liliana sonríen aún. Una mujer madura les acompaña, su mirada fascina, remonta a la mirada de una fichera, una Carmen Salinas en su verdadero apogeo fetichista de los 70s, la ceja tipo María Félix mezclada con el piercing cuarentón, le ponen sal y pimienta al momento. Su mirada es profunda. ¡Bendito momento!

Seguir el ritmo de la música con el pie y encontrar la armonía con el movimiento de su cabeza y su cintura es pro amor. Aquí pienso en mi mujer (aunque no me pertenece) en la casa, haciendo algo, pensando en algo, en nada, estando, cuidando inconscientemente a los hijos. Crónica, efusión, que se yo, es amor en los términos más naturales e instintivos.

Hoy no he fumado. Los Delicados aquí cuestan $50 pesos, es un robo, pero es un paraíso beber una Bohemia por solo $15 pesos.

Cecilia huele a perfume del Avon (del más caro, sin duda), la verdad no estoy empalagado con el aroma, huele a vida, a la colonia mezclada con las luces rojas de neón y la bruma del amanecer desvelado.

Nunca he sabido que pensar cuando veo a un hombre con la ceja “sacada”. Rodrigo tiene cara de buen muchacho, al menos viste fijo, de negro, bebe una copa con liquido rojo, acompaña y hace reír bastante a Cecilia. A decir verdad, juro que la hace feliz en la pista, quizá también en la vida, o en la cama. Podría ser su primo el guapillo de la familia, su hermano el protector. Hoy es jueves, la entrada es gratis y está sonando la tanda del preciado reggaetón. Ellas desaparecen de la mesa. Conversan espontáneos la mujer y el hombre de la ceja sacada. Tiene cara de buen muchacho.

En las mesas, en la pista, hay mucho que observar, muchos gestos, mucho presente. Pocos piensan en lo que pasa antes de entrar, otros los hacen mucho en todo lugar. Un olor a Perry Ellis me invade, dos jóvenes cercanos “se echaron todo el 20”.


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La hermana de Cecilia es bella; brilla con su vestido de lentejuelas negras. Cecilia besa pobremente al chico de la ceja depilada, un beso forzado. A pesar de eso, me encanta que la hace sonreír bastante. Eso es señal de un buen muchacho.

Es el momento del contoneo sexual, de la danza del “perreo” de la frontera oscura.

Creo que Cecilia y su hermana son de Guadalajara. Ellas, las tapatías, tienen un encanto virreinal en su rostro, un poder magnético en sus movimientos. Aquí la gente entra en estado de mayor confort cuando se identifican colectivamente con los “Xoloizcuintles”, el equipo de futbol de casa.

Ahora los empresarios del entretenimiento le apuestan a las pantallas led, los proyectores ya están quedando en el olvido. Cumbias clásicas, la energía que conecta el alma sonidera del mexicano. Traen chanclitas chinas, muy cómodas, de esas que simulan muy bien el calzado antiguo, griego, egipcio, francés.

¡Noelia está tan contenta! Mañana entra a las siete al jale, pero hoy sus amigas le festejan con globos, cubetas de Tecate Light y una gran mención de parte del “Dj Ferny”. Noelia brilla en la pantalla led del lugar.

Cecilia y el muchacho son felices aquí y ahora, eso es lo importante, el momento. Coquetería sin duda. Ella sabe que posee una belleza única. Alejada del encaje y el cabello suelto oloroso a Caprice de sábila. Ellas, las hermanas, son herederas de una genética vivaz, cromosomas contentos. Labios rojos y carnosos, una nariz de molde perfecto. No existe un aura sexual en ellas, son ellas, siendo mujeres.

Sin duda el muchacho baila muy bien. Con buen porte y estilo. Ahora baila en la pista con la mujer adulta, cuarenta y tantos, más o menos a juzgar por la expresión en su rostro.

Cecilia es una “Femme Fatale”, sin hacer alarde de su belleza hipotéticamente tapatía. Las puntas de su cabello están un poco dañadas, nada de eso importa cuando una mujer es feliz en su ámbito, en medio de su especie.

Me doy cuenta de que son felices, ¿Por qué? ¿A caso cualquier mujer abraza a Pedro con sinceridad y alegría, sin morbo de por medio? ¿A caso cualquier mujer despierta en Pedro un cariño sincero y sin pulsiones? Pedro es un buen mesero, los demás meseros le tienen un chingo de envidia porque le va bien, porque los clientes frecuentes siempre quieren que él los atienda. Maduro, canoso y sonriente. Se nota que le encanta su trabajo, se puede sentir en su actitud, en la forma de “cotorrear” con los clientes.

Ellas son hermanas frecuentes en este salón de baile, es notable. No sé qué pasa con la relación entre ellos, o son de la colonia o son parientes o simplemente la relación es fruto del gusto con que realiza su trabajo. No cualquier mesero se gana el respeto y la confianza de las mujeres más jóvenes y bellas del club.

Probablemente la mujer madura con finta de Carmen Salinas sea la madre o la tía “alcahueta” de Cecilia y su hermana. A juzgar por la forma en que se relacionan en la pista; si es la madre, las tuvo que haber parido joven, como a los 20. Por otro lado, si es la tía, seguro es la hermana mediana del padre, la más cabrona, la que tiene más cayo, la oveja negra de la familia. Le coquetea a Pedro sutilmente, se nota cuando bebe lentamente el “sex in the beach” con popote y masca el chicle ya sin sabor que traía desde hace rato que platicaban de lo malo que estaba el coctel y de lo aburrido que era el “Dj Ferny” poniendo más reggaetón que cumbias.

Ella baila acorde a los pasos del muchacho. Tiene el don sin igual de hacer sonreír a las mujeres mientras baila con ellas. ¿A caso no es ese un buen muchacho?

Cecilia y su hermana tienen un aire a Lucero en sus tiempos frescos y juveniles, esos donde le sonreía a Pedrito Fernández y a Luis Miguel con inocencia de “Femme Fatale” mexicana sin llegar a diva. Ese botecito que dios les dio creo que será para que se lo coman los gusanos. Quizá él lo goza por ahora, sus caderas reflejan actividad sexual promedio. Ella sabe de contoneos sexuales, lleva dos copas de “Bloody Mary” mientras baila. El instinto de seducción es más que obvio a esta hora de la pista, el vapor en el salón se refleja en los ventanales del fondo.

Muchas mujeres llenan la pista, pero Cecilia y su hermana iluminan todo, bailando cumbias bandeñas, un contoneo único, por fin veo un poco de sudor en su frente. Los hombres cazadores de mujeres posan en las orillas de la pista y las observan con un morbo lascivo, incisivo, punzocortante y desesperado, aquí hay reglas. El buen muchacho es noble. Espera pacifico en la mesa, no hay gesto de celos estúpidos y enfermos en su rostro, se le nota en la mirada. Su Cecilia, baila en la pista, ella voltea y lo observa, él feliz, en paz, sentado en el aquí y ahora del club. Hay tanto que aprender de un buen hombre. Ni si quiera creo que sienta celos de las miradas de reojo constantes que ella lanza lentamente hacia el tipo solitario y extraño que escribe y fuma y toma Bohemias en una de las mesas cercanas a él.

La mujer madura platica ahora con el muchacho. En la pista Cecilia cada vez se contonea mucho más con una naturalidad y erotismo en “slow motion”. La mujer de vez en cuando la observa fijamente a los ojos y niega con la cabeza entre risas sus movimientos. ¿Aprueba o niega con actitud moralista? La verdad a esta hora no lo sé, es un acto indescifrable de una mujer vivida.

A Mariel la felicita su familia, ¡Que gesto tan noble! Todo está aquí, nada más, no hay mañana, no hay ayer, ni mucho menos antier. Solo la clave de la cumbia. El sabor del tabaco aquí es distinto, incita al gusto, a la sensibilidad, a estas horas ya me estoy fumando la brisa de la tabacalera donde crecieron las hojas del tabaco, espiro la esencia del video disco club.

La música norteña buena es bastante disfrutable. Letras simples, banales y muchos talentos de la polka y el viento en el fuelle del Gabbanelli. El muchacho no tararea las letras de las rolas norteñas. En este momento creo que definitivamente él es un buen partido para Cecilia, juro ahora que es un caballero, el azote de las morritas en las tardeadas de la secu… ese que aunque no bailaba, las traía locas solo de estar recargado en la orilla de la cancha tomando su coca de bote con popote. Cecilia es bastante feliz en este instante. Su hermana es un poco más recatada, no es carnada de los “prostipirugolfos” pero a ella le gustaría ligarse uno de Sinaloa, desde que conoció “Al Pecas” en la secu, dice que le gustan mucho. A ellas les fascina la música norteña, pero saben descansar.

Hay mujeres muy bellas físicamente, en manos de los “mangueras” y “prostipirugolfos” de esta ciudad. Mujeres que prefieren piñas coladas en vez de cerveza. Cuando yo era niño mi apa me vestía con botas, cinto “pitiado”, cadena de oro y una esclava con una plaquita que decía mi nombre en manuscrito. Mi apa y mi ama eran profes migrantes del sur a estas tierras norteñas, buenos profes.


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Cecilia es amante de la música movida, de la música que está de moda. Esa de Vem Magalenha rojão, traz a lenha pro fogão, vem fazer armação. Hoje é um dia de sol, alegria de coió, é curtir o verão. Vem Magalenha rojão, traz a lenha pro fogão, vem fazer armação. Hoje é um dia de sol, alegria de coió, é curtir o verão. Te te te te te te , te te te te te te ,te te te te te te, Vem Magalenha rojão… Ese toque de samba le da más frescura a la noche, la alegría en todo su esplendor. Su hermana fue a quedarse un rato con el muchacho de la ceja sacada en la mesa. La mujer madura ahora baila con Cecilia, ¿su tía? ¿Su madre? Por los ventanales comienza a entrar una luz grisácea, afuera son otros tiempos, aquí no existen.

Se disfruta del Reggaetón y la música latina moderna… la música brasileña comercial combina muy bien con las noches y los tragos baratos de este video disco club que ostenta la fama de ser el que más vende cerveza en todo Latinoamérica. Miles de litros de cerveza han pasado por este espacio, toneladas de desechos, nosotros también. A esta hora Cecilia probablemente podría hablar en portugués, eo en sus rojos labios las palabras de la canción… Nossa, nossa, Assim você me mata, Ai, se eu te pego, Ai, ai se eu te pego, Delícia, delicia, Assim você me mata… Ai, se eu te pego, Ai, ai, se eu te pego… ese tipo de cosas comerciales, que son vergonzosas en su país, pero que acá en México desatan la euforia de nuestras fiestas multiculturales. Aquí no puede faltar, el “Dj Ferny” lo sabe perfectamente.

Es bello el movimiento del hombre que de verdad, pero de verdad se esfuerza e intenta complacer a su mujer con las danzas del previo apareamiento. Baila el hombre con mucha dulzura también, “de a cartoncito” con sus botas y su sombrero sudado por la noche y el olvido mismo. A esta hora se me enchina hasta el cuerpo nada mas de pensarlo, sin tus besos, mi cielo no podría soportarlo. Los ventanales están sudando junto con el vapor de los cuerpos de todos los vivos aquí dentro. Las luces siguen encendidas, el humo es más espeso, aquí si se puede fumar adentro, aquí mismo hay un ATM con entrada desde la pista y con otra desde la calle más visitada del mundo. Las rosas no pueden faltar en la pista.

El muchacho es sin duda seguro de sí mismo. Adora a Cecilia y la hace feliz. El tiempo le importa poco, pero llega el momento en que le importa, como todo buen hombre. Él sabe que la fiesta es eterna. Vive el momento, pero una gran parte de él visualiza el futuro próximo. Cecilia será muy feliz un buen tiempo a su lado. Me gusta que este con él, aunque ella aun siga volteando a ver despistada y lentamente al tipo extraño que aún sigue escribiendo en servilletas en la mesa.

En el baño de este club se derraman 207 litros de orines cada cinco minutos, un Gentleman Coreano pone fuego en la pista. Las mujeres veracruzanas de la esquina parecen encantadas con su personalidad, las tres voltean a verlo sonrientes.

Cecilia y él se adoran sin duda. Ahora que entra la luz azulosa de la mañana por los ventanales, ahora que las luces del club pierden intensidad entre los presentes, todos estamos aquí vivos, muy vivos, sobrevivimos a la penumbra.

Tadeo, hijo, hay muchas cosas bonitas en este planeta, más que las feas, créeme, no te asustes, un día las vas a conocer a tu manera. Gabriel, hijo, vas a sonreír, vas a entristecer cuando lo veas con tu propia vida.

Tadeo Damián González Sandoval, Einar Gabriel Sandoval Sandoval; Cecilia y el muchacho de la ceja sacada estaban contentos, estaba vivos, bailaban y nada más importaba.

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