(Relato) ‘Una paradoja en el tiempo’ de Antonio Martínez Blanco

Erizo Media
Posted on septiembre 22, 2020, 10:37 am
4 mins

David parecía romperse en una maraña de incongruencias y cosas sin sentido, ya que no sabía que estaba pasando, ni siquiera podía fabricar una pregunta congruente que le trajera la respuesta a este enigma que sobre él y su vida se estaban posando.

Por Antonio Martínez Blanco

 

Esa noche, David salió tarde del trabajo y con alguna molestia en su aturdido cerebro.  Durante el día, se desvaneció en la oficina y se dio un golpe en la cabeza. Al reponerse, no quiso ir a casa, puesto que era jueves y aun había muchos pendientes por terminar.

Una vez que salió de trabajar y mientras manejaba rumbo a su hogar, se sintió un poco mal, así que se detuvo un momento para tomar un respiro y cerrar los ojos unos minutos; eso fue lo que el sintió, que solo fueron unos cinco minutos cuando mucho.

Pero la verdad fue qué, al abrir sus parpados, ya era la mañana del día siguiente y sus primeros rayos de sol caían sobre su auto. Perturbado y muy confundido por la situación, no tuvo otra opción que ponerse en marcha para llegar a casa con su esposa y sus tres hijos, ya que pensó, debían estar muy preocupados por su ausencia, así que manejo con prisa.

Al llegar abrió la puerta; su esposa Fanny, mujer esbelta, alta y muy guapa se encontraba en la cocina, vestida con su bata blanca, recogiendo la mesa donde se encontraban los restos de un desayuno para dos.


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Al verla, David exclamó:

—Ya llegué, amor, discúlpame por la hora, no sé qué pasó, de pronto me sentí mal en el camino a casa, detuve el coche un momento, para descansar la vista, pero creo que me quede dormido; lo siento…

Ella asombrada, lo miraba con incredulidad y así con su rostro desencajado, respondió:

—¿De qué hablas, si acabas de salir para tu trabajo? Ni siquiera quisiste usar otra ropa porque, según tú, se te hacía tarde y te pusiste esa misma ropa que usaste ayer; dijiste que para que descansará hoy y no lavar tanto… justo hace como unos cinco minutos acabamos de despedirnos.

David no entendió, de hecho, no comprendía muy bien lo que estaba pasando.

—¿A qué te refieres, si voy llegando a casa? Contesto él.


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Fanny, confundida, replicó:

—Que sí, que acabamos de desayunar e incluso anoche llegaste como todos los días, estuviste con los niños, cenamos, después los lleve a dormir a su recamara y cuando entre a nuestra habitación tu querías que nos bañáramos juntos, lo hicimos, así que no sé de qué estás hablando David, ni porque dices que acabas de llegar. Si esto es una broma, creo que no tiene gracia y es de muy mal gusto.

David parecía romperse en una maraña de incongruencias y cosas sin sentido, ya que no sabía que estaba pasando, ni siquiera podía fabricar una pregunta congruente que le trajera la respuesta a este enigma que sobre él y su vida se estaban posando.

Entonces, solo alcanzo a decir:

—Esto es imposible, Fanny, porque yo voy llegando.

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