Postales urbanas un viernes de Covid-19 en Tijuana

Erizo Media
Posted on agosto 04, 2020, 1:04 pm
4 mins

Personas aferradas a sus cervezas, mujeres y hombres dialogando con el espacio y la naturaleza, un calor que pega a plomo y la ciudad de Tijuana como escenario de estas postales en medio de la contingencia por Covid-19.

Por Alicia González

Ultimo viernes de julio. La ciudad parece agitada. El sol la hace sudar junto a la ola de sus habitantes que provocan el tráfico y el aumento del tránsito peatonal porque es fin de semana, pese a que una pandemia sigue como una sombra que amenaza con perpetuar el semáforo rojo.

Mientras, dejo que los minutos pasen en lo que espero a alguien en el estacionamiento de un restorán de comida rápida que funge como swap meet, donde terminan de pactarse ventas en línea. La postura corporal los delata: los compradores buscan con la mirada a su vendedor, se resguardan en el teléfono y luego voltean a su alrededor. Contrario a los que saben del teje y maneje, ellos permanecen de pie en un solo lugar y no miran a todas partes, sino a un solo punto donde adivinan que llegará su cliente.

Desde la ventana del auto, alcanzo a ver como decenas de trabajadores caminan con gesto de cansancio por la banqueta que enmarca uno de los bulevares principales en la zona este de Tijuana, que tiene como marco el cerro colorado. Guardias de seguridad con mochila en la espalda, empleados de call center que aún portan su gafete y mujeres que surten despensa, predominan en esa calle.

Durante ese desfile de personas, alcanzo a reconocer de lejos a una mujer, una vigilante que trabajaba en la escuela donde doy clases por las tardes. Olvidé su nombre, pero su rostro enfundado en una piel morena, ojos rasgados y líneas de expresión que denotaban un enojo implícito, me hacen reconocerla. Toma asiento en la banqueta y se embelesa en la pantalla de su teléfono. El mundo apenas existe. Tal vez sabría reconocer el sonido de la calafia que la llevaría a su casa o vigilaría de reojo cuando pase una que cruce por la ruta.

A unos metros, veo que del Oxxo salen decenas de personas con cartones de cerveza en mano, portándolos como salvavidas, principalmente Ultra e Indio, alguno que otro lo acompaña con una bolsa de papas amarillas o cacahuates —por no dejar—.

Unos metros más adelante, un hombre de mirada perdida y piel agrietada, bebe dos bohemias oscuras en la calle. Conversa con el viento con sabiduría y después ofrece un sorbo a la palmera atrás de él, parece tratarla con cariño, alcanza a mojarla un poco. El cree que pasa por su garganta y de ahí se irá directamente al cerebro.

De reojo alcanzo a mirar a una pareja que va en un jetta negro. La mujer inclina su cabeza a lado del conductor. El amor rebasa el poder de la concentración en el volante o se reconcilia con él, pienso en lo que memorizo la serie de postales que cruzan mis ojos un viernes de verano que muestra a varias personas seguir con sus vidas en busca del sustento o ignorando que miles de personas han fallecido a causa de este nuevo orden mundial, que ha venido a traer un poco de desorden.

Comentarios

Leave a Reply

  • (not be published)