Teatro y público: Un diálogo entre las brechas

  • 04 Dec, 2020
  • Desde la cuarta pared

Es oportuno detenerse a pensar, la forma en que está cambiando el teatro en estos tiempos, ¿Lo hace? ¿marcará un antes y un después? ¿Nacerá un derivado como la televisión o el cine en su momento?

La dificultad por la que atravesó el teatro en el siglo XIX con la persecusión policiaca a los diferentes grupos y creadores de la manifestación escénica, dada también por el poderío de los más adinerados y políticamente beneficiados (tema que no ha dejado de ser a lo largo de la historia) permitió que dramaturgos y directores como Ibsen, Chéjov, Wagner, Craig y padres de la técnica como Stanislavsky surgieran ante la incomodidad de un teatro que venía en declive en su calidad, en los temas, en su relevancia social, ante el desmoronamiento político de su época; una tensión que finalmente permitió la creación de varios sistemas de análisis alrededor del oficio del actor y más al fenómeno teatral en su amplio panorama.

Casi dos siglos después, aún no hemos superado (no absolutamente) la censura, la persecución artística fijada por la "inmoralidad", o por la expresión alrededor de la justicia, la impunidad y muchas más connotaciones que han preocupado al ciudadano común del siglo XXI. Ante estas crisis que se manifiestan a la par en la vida y en la escena, surge el tema de la superficialidad entorno al espectáculo y la congregación del evento como tal, ahora hacemos un llamado a qué el espectador se incluya y viva la escena con el creador como un fenómeno que avanza con fuerza en la escritura dramática, en las propuestas teatrales de última generación o producto también de la virtualidad, dónde la pandemia nos ha despojado, nos ha trasladado cómo parte de otra migración más, en este saber inmenso que es el teatro.

Sin embargo, hay quienes defienden que el espectador actual, debe ser consciente a sus tiempos, al compromiso de ser y estar vinculado al evento escénico, cada vez más la cuarta pared muta, y a pesar de que el espectador no es un creador en el proceso, se invita a ser participe activo de una experiencia.

[caption id="attachment_74120" align="aligncenter" width="2560"] Obra 'RITA' de la compañía Teatro de León - Fotos: Cortesía[/caption]

Es oportuno detenerse a pensar, la forma en que está cambiando el teatro en estos tiempos, ¿Lo hace? ¿marcará un antes y un después? ¿Nacerá un derivado como la televisión o el cine en su momento? Aquí es donde el punto se debe resaltar sobre el espectador; el público, la gente de la ciudad, porque, así como sucedió hace un par de décadas, fue este quien reclamó también una reflexión sobre los dispositivos, sobre las obras, sobre una crisis latente para ellos.

Ahora bien, ¿cómo generamos esos puentes creador-espectador? ¿En dónde se sitúa la relevancia del arte escénico, cuando el entretenimiento está al alcance del bolsillo? A través de una pantalla de seis pulgadas vemos el mundo que queremos ver o se muestra ante nosotros, bien o mal representado, eso quedará a juicio del lector.

Será momento de recuperar las sanas prácticas de antaño, como la lectura en papel, la escritura a mano, la asistencia en persona al lugar donde sucede la creación en carne y hueso.

Con el paso de los últimos años, viene dándose con fuerza en diferentes latitudes el nacimiento de gremios de espectadores, de críticos, pensadores y personas del común que consumen teatro para analizarlo, pensarlo, disfrutarlo; en Argentina, por ejemplo, se ha consolidado la "asociación de espectadores", un espacio para confrontar y vivir el teatro cómo lo que es, un lugar de consumo artístico.

Entonces es acertado pensar que el público tiene un compromiso de doble vía con sus artistas, {dónde asiste por necesidad y gusto y el creador genera para compartir) si el teatro es "un simulacro de la vida" muchas veces profeta, otras tantas medicinal o si se quiere, un lenguaje de aporte a la psiquiatría, este encuentro puede darse siempre y cuando el espectador consuma teatro y el creador se preocupe por su público.

Que lo integre, sí, que lo valide, está bien, con indagaciones y preguntas en torno a su época, a la necesidad de afrontar temas actuales, fuera de la banalidad, con rigurosidad, disciplina y formación, con la garantía de que se crea en la vida y en la escena.

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