Nueva normalidad: la carta de presentación de un futuro incierto

  • 17 Jun, 2020
  • Opinión

Podríamos decir que 2020 ha sido de todo, menos un año tranquilo. En menos de seis meses, el panorama mundial ha oscilado entre conflictos diplomáticos y emergencias sanitarias que se han extendido a lo largo del planeta. La bienvenida de la nueva década ha traído consigo un halo de misticismo, ansiedad e incertidumbre, como probablemente no se había vivido en años anteriores.

Sería un tanto obvio determinar la pandemia de Covid-19, como aquello que marcará este año entre otros tantos. Dejándonos vivir de primera mano lo que es una cuarentena y obligándonos (al menos en intención) a un encierro casi total de actividades que hasta antes de esto, eran consideradas como normales o estaban sujetas a la voluntad y no a la salud de cada quien.

Marcado el primer día del mes de junio, dos palabras han sido las seleccionadas para determinar este nuevo proceso social: nueva normalidad. Una etiqueta que promete, al menos en idea, empujarnos hacia el mundo exterior y "productivo". Ese mundo que hasta hace un par de meses, era el único que conocíamos o el único que nos permitíamos observar. Con el regreso a actividades esenciales escalonadas, no nos queda más que preguntarnos ¿Qué sigue para nosotros?

Nos resultaría difícil definir con una sola palabra, aquello que debemos sacar de todo esto (si es que realmente hay algo que deberíamos de haber sacado), pues la realidad es que existen infinidad de panoramas y realidades en nuestro país. Mientras algunos de nosotros le empezábamos a agarrar el gusto al trabajo en casa, otros no soportaban ni un sólo día más en esa versión doméstica de la oficina. Y tampoco podríamos dejar de lado a quienes el término "confinamiento doméstico" fue más bien una sugerencia, esas personas que viven al día y tal vez fuimos dejando de lado. A todos nosotros, se nos presenta una oportunidad única, la de cambiar el esquema de las cosas.

No sabemos hasta cuando tendremos que convivir con el virus, o si pronto los hospitales dejarán de desocupar espacios de camas por que alguien haya perdido la vida, tampoco sabemos hasta cuando una comida improvisada en un martes por la noche tenga que ser pospuesta por el cupo máximo de nuestro restaurante favorito y bueno, si nos vamos por cosas tal vez menos frívolas, tampoco sabemos cuando podremos pasearnos por la calle, sin un destino fijo o agenda puntual, sin sentir que estamos haciendo algo mal. Semanas, meses o probablemente años pasarán antes de que sintamos el mundo "como lo conocíamos" aunque la realidad es... que tal vez eso nunca pase.

Pero hay algo que definitivamente tiene que pasar, de hecho, está pasando, en cada uno de nosotros. De Tijuana hasta Kuwait y probablemente más lejos, estamos viviendo un momento histórico, yo sé, no es el que planeábamos o queríamos, pero es el que nos ha tocado vivir y del que debemos aprender lo más que nos sea posible, dejando lo menos posible de malos recuerdos y potenciando la cercanía del hogar. El cambio, es probablemente, el regalo de entender y apreciar los detalles que damos por sentados.

Agradecer esas tardes en nuestro sillón y valorar el trabajo de los ahora considerados "esenciales", seguirles dando esa consideración y de ser posible, ampliar nuestra gratitud hacia negocios locales o personas que realmente lo necesiten. Ser parte del cambio, no es solamente observar y ver desde afuera aquello que nos resulta extraño, sino cuestionar y volvernos parte de aquello nuevo, algo que queramos construir de la base hasta la cima.

Si bien, nadie sabe qué puede pasar a ciencia cierta ni tampoco cuánto tiempo pasará para que esto se normalice, lo que si sabemos es que las cosas no pueden ser iguales, tienen que ser mejores, van a ser mejores.

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