Luis Zapata y los primeros pasos de la identidad gay en la narrativa mexicana

  • 05 Nov, 2020
  • Tocho Morocho

Este día, a los 65 años de edad, falleció el escritor Luis Zapata, debido a complicaciones en los pulmones y el corazón, como lo anunció la secretaria de cultura federal, Alejandra Frausto. Zapata fue pionero de la literatura LGBT+ en México, su libro El vampiro de la colonia Roma es un clásico y aquí retomamos un texto para revistar una de las mejores obras del autor y honrar su memoria.

Por Fidel Reyes Rodríguez

 

En fechas recientes, en la academia existe un fuerte debate sobre los significados de género y sexo(1): género se utiliza a partir de estos debates, como un término que contrasta con sexo; es decir, el género es algo construido social y culturalmente. Sexo son todos los factores biológicos, genéticamente heredados (pene, vagina, pechos, caderas anchas… etc.).

El género, en contraposición con el sexo biológico, representa un discurso de identidad que se construye a partir de subjetividades en las que se involucran individuos que interiorizan prácticas y creencias. Estas prácticas producen en los individuos involucrados una identidad que los constituye como sujetos sexuados. «Semejante sujeto [sexuado] voluntario e instrumental, decide sobre su género, [sin embargo] no pertenece a ese género desde el comienzo».(2)

En el México de los años setenta la producción de sujetos sexuados estaba a cargo, principalmente, del orden familiar regido por una fuerte carga de valores católicos. A los individuos se les imponía una condición sexual determinada por su sexo biológico dotándolos de privilegios que le eran negados a quienes se atrevían a subvertir la norma. Adonis García el personaje protagonista de la novela El vampiro de la colonia Roma no busca el reconocimiento social. Afirma con su puesta en discurso de la identidad gay, que todo género –hablamos aquí de sexualidad y no a géneros literarios− refleja una estructura imitativa.

Con el reconocimiento social de la palabra gay se da un proceso de personalización que viene a promover masivamente los ideales que este nuevo término que engendra una reivindicación de las minorías −no solamente gays− que surgen como pequeñas organizaciones de una sociedad que las margina.

Antes del nacimiento de la identidad gay en México, la figura del homosexual aparece ridiculizada en la literatura; dos claros ejemplos de esto son las novelas Los 41 de Eduardo Castrejón (3) y Fabrizio Lupo de Carlo Cóccioli(4). Se debe remarcar que en ambos casos la homosexualidad de los personajes es la que los condena a un destino trágico. En Los 41 se plantea “la reivindicación” como único medio para que la sociedad acepte a estos individuos con preferencias homosexuales.

Los individuos que pueden socialmente reivindicarse son los que ejecutan en el acto sexual el rol activo −el que penetra, el que chinga−. En esta literatura mexicana de antes de los movimientos activistas por la liberación homosexual, los personajes estaban marcados por los estigmas que la sociedad tenía en contra de los homosexuales: «si examinamos la novela gay del siglo XX es un hecho que se narró en tercera persona, si no fue para estigmatizar o para reírse de los homosexuales».(5)

A partir de esta novela [El vampiro de la colonia Roma] fue que otros autores comenzaron a abordar el tema de manera más desencubierta, sin duda animados por la valentía de Zapata, lo cual fue un hecho importante, porque era una toma de posición notable de parte de los escritores gay en su momento.

A partir de El vampiro... también inició la necesaria desmitificación de la imagen del hombre gay, que a partir de aquí ya no fue el jotito afeminado hasta la ridiculez, ni el hombre atormentado por haber elegido «un camino erróneo». El mismo Zapata ha manifestado en varias entrevistas que ésta ha sido una de las premisas de toda su obra, presentar personajes homosexuales que no reproduzcan los modelos típicos de escarnio o desventura.(6)

Los personajes de Luis Zapata(7) tienen una identidad sin precedentes dentro de la literatura mexicana; son personajes en los que se afirma una aceptada identidad homosexual/gay. Se desenvuelven en el orden social sin una automarginación por su identidad sexual. Es esta transgresión en la construcción de los personajes lo que ha convertido a Zapata en el narrador favorito de los críticos interesados en la literatura con temática homosexual; por lo mismo existe una amplia literatura crítica en torno a su obra.

Escamotear ese llamado a la formación e identificación sexual “normal” es lo que permite al protagonista ofrecer una puesta en discurso de la ideología gay. Mediante esto el protagonista no pretende rechazar la construcción social heterosexista dominante, sino obligarla a una rearticulación, a poner en duda la construcción dicotomica de la sexualidad.

Este proceder a partir del discurso gay le permite al protagonista conformarse como un sujeto sexuado que demanda ser reconocido y aceptado socialmente. Esta articulación puede entenderse como un esfuerzo de legitimidad discursiva. La estructura temporal de la novela demanda hacer visibles los términos y características a partir de las cuales se constituye la identidad gay. Esto, por supuesto, teniendo en cuenta principalmente que la novela tiene como personajes a individuos homosexuales. Esta enunciación de un contexto/espacio social implica ese rechazo social de la homosexualidad.

Sin embargo, como señala Luis Mora-Álvarez, “El proceso de degradación y sumisión es asumido por Adonis García de una manera voluntaria y consciente y se regocija en ello».(8) Por estar El vampiro… inmerso en un periodo histórico de emergencia de la identidad gay –fue publicado cuando el movimiento de reivindicación de los derechos homosexuales estaba en apogeo−, podemos ver un doble movimiento de aceptación y de rechazo, donde los individuos homosexuales se recluyen en una masculinidad que los defiende de la homofobia bajo el signo de la no-diferencia, de la normalidad sexual.

Es decir, de muy pocos personajes en El vampiro... se puede hablar como de sujetos gay que enuncien posicionalidad discursiva y que proclamen y defiendan dicha identidad. Durante siglos la sexualidad ha sido sometida a la construcción discursiva que reconoce como legítima y natural a la sexualidad heterosexual. Sin embargo, con el nacimiento de los primeros debates en torno al género se ha venido cuestionando la estructura binaria heterosexual de macho-hembra, y con esto se pone de manifiesto identidades sexuales periféricas que se construyen en y a partir de la abyección.

Vistas desde el canon heterosexista, estas identidades periféricas son concebidas como perversiones y a los sujetos identificados con estas perversiones se les margina de la sociedad en la que se desenvuelven. Esta marginalidad es otorgada por tener una identificación genérica que va en contra del sexo biológico.

Durante la década de los sesenta se dieron significativos avances en los estudios al género, y fue según Jean Nicolas el inicio de un nuevo movimiento homosexual.(9) Este tercer movimiento homosexual trajo consigo un llamado a todos los individuos homosexuales a identificarse con la identidad gay: «El discurso de la liberación gay postulaba una sexualidad polimorfa y/o bisexual natural, previa a las restricciones sociales en todos los seres humanos».(10)

A partir de entonces se inicia un proceso de construcción identitaria, y con este, la facilidad para que los individuos no heterosexuales se crearan y se adueñaran de un discurso para reinventarse. Es entonces cuando se da el paso de lo homosexual –en el caso de México− a lo gay. La creación de este sujeto homosexual, con identidad gay, cuestiona su abyección mediante la desestabilización del discurso heteronormativo. La irrupción en el plano socio-político de estos sujetos abyectos denuncia la inestabilidad de lo moralmente impuesto.

De la homosexualidad definida y analizada por los terapeutas del siglo XIX como una anomalía sexual pasamos al gay como individuo con una identidad cerrada y localizable; «la categoría gay aparece así como una forma de definirse positivamente»,(11) lo que presupone un giro en la interpretación de las identidades de género. El género se politiza. Los homosexuales se ganan las calles bajo la premisa de «arrebatar la sexualidad y las identidades sexuales del campo de lo natural, de lo dado [lo biológico]»,(12) con el fin de usarla como un medio a partir del cual se construye la identidad de una multitud. Y al reconocerse esta identidad en el orden social, se da la posibilidad para hacer uso de la misma como método de acción política.

En la literatura que aborda la temática homosexual en México antes de El vampiro de la colonia Roma se pueden apreciar ejemplos de parejas homosexuales tradicionales donde sólo el individuo penetrado es homosexual. Esta representación del homosexual en la literatura, “se rebasa” a partir de Adonis García. El protagonista de El vampiro… él transgrede esa visión sociocultural de la homosexualidad mediante su discurso. Adonis García se presenta como un individuo masculinizado con preferencia sexual por los varones y a quien le da lo mismo dar que recibir.

El cuerpo de Adonis García en la narración es un cuerpo masculinizado e hiper-sexualizado −por su condición de chichifo−. Se presenta a la vez como citadino, viril y homosexual. En este sentido resulta paradigmática esta representación y el cuerpo como texto se convierte en una categoría en crisis debido al paradigma semiológico que desencadena; esto, porque la figura del homosexual −incluso en fechas recientes−, es representado en la sociedad con ciertos rasgos femeninos.

Sin embargo, Adonis García se describe como homosexual y viril. Mediante lo cual se puede afirmar que representa en el texto la imagen “seria” −entiéndase no afeminado ni loca− que los grupos homosexuales activistas estaban buscando que se reconociera socialmente del homosexual en esas primeras décadas en lucha por el reconocimiento de sus derechos civiles.

A lo largo de la novela el cuerpo de Adonis García se presenta en constante mutación: de niño a adolescente, de adolescente a adulto y de adulto a enfermo. En la última etapa de la narración, el cuerpo del protagonista se presenta como un cuerpo enfermo que actúa en busca de la muerte: «Ay, me acuerdo, bueno, a partir de esa primera cerveza no terminé de beber sino hasta veintiocho días después» (140); la vida marginal de la que el personaje es presa, lo orilla a la prostitución y se presenta como motivo principal de que deseé escapar de la realidad por medio del alcohol. Esta decadencia lo motiva a pensar en ovnis y en la posibilidad de estar siendo espiado por marcianos gayos que lo raptarán del planeta.

En esta última parte de la novela se pone de manifiesto la inconformidad del personaje con respecto a la sociedad en la que vive cuando dice: ¡puta! Me cae que yo sí me iba [con los marcianos] me cae que yo no lo pensaba ni dos veces dejaría todo todo tirado sin llevarme nada que me recordara este mundo *…+ y pediría un deseo que no volviera nunca pero nunca por ningún motivo a este pinche mundo (176).

Conclusiones

La aparición en la década de los setenta de grupos de resistencia que abogaban por la liberación sexual ayudó a entender cómo sexualidad y género se relacionaban para formar una identidad en los individuos pertenecientes a una cultura globalizada. Los dispositivos discursivos tuvieron que ceder al reclamo de los derechos básicos de los homosexuales. En algunos pasajes de la novela El vampiro… ha quedado registrada esa crítica a la imposición del género como un ente dicotómico.

También encontramos en El vampiro… huellas de las reacciones homofóbicas que la sociedad implementó contra los homosexuales que decidieron hacer pública su inclinación. Dentro de la narración, los cuerpos de los personajes funcionan como otros espacios incorporados a la trama. Es allí donde se llevan a cabo la mayoría de los actos subversivos; se vuelven –los cuerpos− objetos que portan al sexo y al género y sus marcas culturales.

Repetimos, es en ese espacio donde se llevan a cabo las tres mayores transgresiones existentes en El vampiro…: 1) se presenta al homosexual sin atributos marcadamente femeninos, lo que rompe con el estereotipo que la sociedad tiene de los homosexuales; 2) Adonis García se enuncia como homosexual y sostiene que su zona de placer radica en el pene y no el ano. Aquí hay que resaltar que la mayoría de los homosexuales activos no eran reconocidos socialmente como verdaderos homosexuales. 3) Esta nueva configuración enuncia la aparición en la literatura del sujeto homosexual adjunto a la identidad gay.

Para concluir, podemos subrayar que el cuerpo del homosexual adquiere un nuevo significado en la década de los setenta. Que se presenta socialmente a partir de su diferencia de género y de una muy fuerte masculinización. El cuerpo en la novela El vampiro de la colonia Roma de Luis Zapara se vuelve en este sentido un material que exhibe los dispositivos políticos de un periodo histórico que lo produce y lo diferencia.

El cuerpo del gay alude a cuerpos masculinizados, de machos. Refuerza esto, la idea del género como una construcción sociocultural, como un performance. No se ha logrado rebasar del todo las barreras que intentaban franquear los primeros grupos militantes, pero, ya existe en México una fuerte democracia jurídica y una visibilidad que implica un respeto social para con los homosexuales.

Seguramente queda un buen camino por recorrer para lograr la igualdad de derechos con respecto a los heterosexuales. Sin embargo, −repetimos− las leyes al igual que los dispositivos de la sexualidad son una Construcción social sujeta a cambios. Un claro ejemplo de lo anterior es la reciente aprobación de la ley que permite el matrimonio entre personas del mismo sexo y los dota de derechos “similares” con respecto a los matrimonios heterosexuales.

Estamos en vísperas de una revolución del pensamiento en torno a la sexualidad y al género, análoga a la que tuvo lugar cuando los homosexuales buscaron ser reconocidos como gays. Quizás esta revolución sea aún mayor que la precedente. ¡En México, la marginalidad de los homosexuales jurídicamente ya no existe!

Notas

1) Para una visión general sobre esta división entre sexo y género, se recomienda consultar: Susana López Penedo. El laberinto queer: la identidad en tiempos del neoliberalismo. Madrid: Egales, 2008.

2) Judith Butler. Cuerpos que importan: sobre los límites materiales y discursivos del “sexo”. Buenos Aires: Paidós, 2002.

3) Eduardo A. Castrejón, Los cuarenta y uno: novela crítico-social. México: UNAM, 2010.

4) Carlo Coccioli. Fabricio Lupo, Trad. Louis Bonalumi. París: La table Ronde, 1952.

5) Antonio Marquet. «Ofensivas discursivas en la narrativa gay (para sobrevivir en heterolandia)». Literatura Mexicana XVI-2 2006 p 95

6) Luis Martín Ulloa. El Tema Homosexual en la Narrativa Mexicana del Siglo XX (Parte 1) (parte 2) www.Literatura gay\TKZGR.html (consultado en enero de 2007-marzo de 2009).

7) Luis Zapata, dramaturgo, narrador y traductor, nació en Chilpancingo Guerrero el 27 de abril de 1951. Estudió la licenciatura en letras francesas en la UNAM. En 1976 obtiene el primer lugar en el concurso de cuento Quetzalcóatl por Hasta en las mejores familias (1975). Además de El vampiro de la colonia Roma (Grijalbo 1979), ha escrito las novelas: Hasta en las mejores familias (1975) En jirones (1985), melodrama (1983), La hermana secreta de Angélica María (Cal y Arena, 1978) entre otras. En teatro ha escrito, De pétalos perenes (1981), La generosidad de los extraños, en colaboración con José Joaquín Blanco (1990), entre muchas otras obras; además adaptó al cine una obra de teatro del dramaturgo y narrador José Dimayuga. Desde hace más de dos décadas Luis Zapata colabora esporádicamente para diferentes periódicos y suplementos culturales.

8) Luis Mora-Álvarez. «La representación del antihéroe en la literatura peninsular y latinoamericana». Tésis de doctorado. Tallahassee: Florida State University-Collage of Arts and Sciences, 2007, pp 85.

9) «Hoy nos parece posible ─aunque todavía esté lejos de conseguirlo─ que se constituya en Francia [y en el mundo] un movimiento homosexual sobre el modelo de lo que podemos llamar ‹la tercera generación› del movimiento homosexual. La primera generación se vio impulsada a finales del siglo pasado, por burgueses liberales y por socialistas que en Gran Bretaña y Alemania luchaban por el reconocimiento de los derechos democráticos de los homosexuales, apoyados por el movimiento obrero. …+ Esto es lo que hace que la segunda generación, nacida hacia los años cincuenta y desarrollada a partir de los sesenta en América del Norte y en la Europa capitalista, se haya constituido globalmente fuera del movimiento obrero, sin beneficiarse hasta ahora de su apoyo, tomando ella sola la lucha en favor de los derechos democráticos. La tercera generación …+ se plantea *…+ vincularse al movimiento feminista que se ha ido desarrollando». Jean Nicolas. La cuestión homosexual, México: Fontamara. 1989, pp. 72-73.

10) David Córdoba García, «Teoría queer: reflexiones sobre sexo, sexualidad e identidad. Hacía una politización de la sexualidad». En Teoría queer: políticas bolleras, maricas, trans, mestizas. Madrid: Egales, p. 40.

11) Rodrigo Laguarda. «Ser gay en la ciudad de México: lucha de representaciones y apropiación de una identidad, 1968-1982». Tesis de doctorado. México: CIESAS, 2007, p. 31.

12) David Córdoba García. «Identidad sexual y performatividad». Athenea Digital 4. Referencia disponible en: http://antalya.uab .es/athenea/num4/cordoba.pdf (consultado en enero de 2009).

 


*Artículo publicado originalmente en la edición no. 25 de la revista Clarimonda (2010)

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