Grupo de Danza Minerva Tapia cumplió 25 años con Tijuana como elemento esencial

  • 16 Nov, 2020
  • Artes

El Grupo de Danza Minerva Tapia dirigido por la bailarina, coreógrafa, escritora y actual directora del Instituto Municipal de Arte y Cultura (IMAC) de Tijuana, Minerva Tapia Roblés, cumplió 25 años de haber sido fundado, este 11 de noviembre pasado.

Tuve la oportunidad de platicar con la Maestra y me habló sobre lo que representa el aniversario para ella y para la compañía. 

 

Maestra, ¿cuál fue la razón por la que usted decidió dedicarse a la danza? 

Mi madre fue maestra de danza de muchas generaciones en Baja California y ahí fue mi primer contacto con la danza. Mi mamá tenía su escuela en el mismo lugar donde estaba nuestra casa. Para mi fue difícil percibir dónde empezaba la escuela y la casa. Con el pasar de los años la danza para mi era muy normal, no solo en mi cuerpo de bailarina sino como un oficio que me quería llevar adelante. Hay muchas formas de estar en la danza y en todas ellas me he sentido muy contenta: bailarina, maestra, ensayadora, coreógrafa, directora y escritora. Así pasaron los años para mi, teniendo experiencia dentro de la danza  desde este punto de vista y hasta llegar una maestría y un doctorado en estudios críticos de danza. 

 

¿Cómo surgió el Grupo de Danza Minerva Tapia?

Yo ya me dedicaba a hacer coreografía en la Escuela de Danza Gloria Campobello,  siempre tuve la inquietud. Sobre todo después de estar aprendiendo mucho de los coreógrafos en Cuba, viví siete años allá y en ese tiempo estuve tomando clases en el Ballet Nacional de Cuba, donde coreógrafos de todo el mundo llegaban a mostrar sus trabajos. Entonces me empezó a llamar la atención en tener una agrupación en la que yo pudiera hablar de Tijuana, de cuestiones sociales. Al regresar de Cuba, seguí bailando pero mi enfoque y energías estaban con el entusiasmo de formar un grupo. Salió una convocatoria del Premio INBA - UAM que convocaban a coreógrafos y compañías a participar en el festival. Decidí formar el GDMT para participar en el concurso. El 11 de noviembre de 1995 fue nuestra primera función.

 

¿Qué proyectos han sido remarcables en la trayectoria del Grupo?

Si bien ha habido muchos proyectos, hay dos que caracterizan al grupo. El primero es la temática fronteriza, de diversas maneras se ha abordado el tema de la migración. Es de los primeros temas que hablé; con “Ellas danzan solas / Illegal border” puse atención a las mujeres que se quedan en México cuando los hombres primos, hermanos, esposos pasan a Estados Unidos y pueblos se quedan con una participación menor de hombres. De ahí en adelante empecé a hacer coreografías que tenían que ver con la experiencia fronteriza. 

La otra es hablar de Tijuana, lo cual no se habría logrado sin la colaboración de muchos artistas tijuanenses, desde escritores, cineastas, fotógrafos, artistas plásticos, músicos; que han participado con el grupo y que a partir de su arte hemos conocido más de lo que son, más de el arte que producen y cómo podemos tener una conversación en el escenario a través de la danza.

Usted cuenta con un  Master of Fine Arts in Dance por la  University of California, Irvine y un Ph.D. in Critical Dance Studies por la University of California, Riverside. ¿De dónde surge la necesidad de esta preparación continua?

Tiene que ver la influencia de mi mamá. La danza  para mi era natural, yo creía que así era para todos, que todos bailaban y no nada más mi familia, después me di cuenta que no y después me di cuenta que sí. Cuando era niña pensaba que todo el mundo en la mañana iba a la escuela y en la tarde iba a una clase de baile. Después me di cuenta que no todo el mundo bailaba y ya más grande supe que sí, todo el mundo baila nada más que bailan a su manera, a su forma, no académicamente, en bailes, en bodas, con el espíritu de bailar. 

Mi madre, Margarita Robles Regalado, siempre estuvo luchando porque la danza se tomara tan en serio como la medicina, y si bien, se estudia la danza práctica, donde diariamente estás moviendo el cuerpo, ella quiso implementar e implementó una Licenciatura en danza: pensar en la danza desde una forma académica. Y ella también estuvo influenciada por Nellie Campobello, quien también pensaba que la danza tenía que tener sus respaldo académico para que fuera más profundo su estudio y que tuviera otras formas de expresarse: a través de la escritura, de la investigación. Mi madre siempre tuvo el gusto por leer de danza, por saber porque otra gente baila diferente que nosotros, porque un ballet es visto de diferente manera en diferente época, razonar las cuestiones sociales y culturales, me lo permitía solamente la academia. 

Entonces entré a la maestría, tuve a dos directores de tesis, uno sumamente práctico, Donald McKayle, el gran Donald McKayle, quien fue el primer afroamericano que salió en la televisión bailando con una blanca, fue coreógrafo de obras de teatro en Broadway, bailó para infinidad de personajes de la historia de Estados Unidos, el es un personaje de la historia de la danza de los Estados Unidos. Y la otra persona, es Nancy Lee Ruyter, alguien sumamente académica, que ha escrito mucho sobre danza. Estar en un ambiente donde se respira producir danza a través de las letras, siempre me llamó la atención, siempre lo viví en casa.

 

¿Con qué obstáculos se ha encontrado en su carrera dancística?

Con muchos, afortunadamente uno no lo tuve, que muchos bailarines lo tienen: la familia. Por esa parte, nunca se me cuestionó lo que quería hacer ni se me condicionó. He tenido más que obstáculos, retos. La sociedad ha sido uno, por ejemplo en Cuba el bailarín es visto como un deportista, en Tijuana aún falta camino por hacer, cuando el deportista siempre va a tener un poco más de apoyo, en cuestión de presupuesto, de visibilidad, de aceptación, de género: a las mujeres se les permite y a los hombres no tanto; se tiene mucho por hacer en cuestión de la danza, de las artes en general pero muy específico en la danza. Son retos que se van confrontando con la educación de una sociedad. Ese es un reto, uno muy macro.

 

¿Qué significa para Minerva y para el GDMT estar cumpliendo un cuarto de siglo?

Así como lo dijiste, sentí otra cosa. No se siente igual decir veinticinco años que un cuarto de siglo. Es un sentimiento intenso. Intenso en buena manera. Estos días hemos estado en comunicación todos los que somos parte del grupo y seguimos siendo, y como me decía Gustavo Nava, ha sido un espacio de conocimiento. Es un espacio en el que nos hemos hecho familia. Para mi es un espacio donde hemos podido explorar y digerir los problemas de nuestra sociedad. 

¿Cuál es el panorama actual de la danza en tijuana con la situación de emergencia que vivimos?

Primero te lo voy a expresar con relación al mundo entero. La pandemia al momento de en Tijuana ser percibida como algo mundial intensifica la tensión. Si fuera un problema local, te vas a otro lugar y se acaba el problema. Pero la gente de danza que sabe que a donde quiera que vaya a ir va a tener que cumplir con lineamientos: usar cubreboca, mantener distancia. Hablar de distancia en danza podría sonar muy intenso, muy fuerte porque en los géneros dancísticos del folklor, la danza clásica y la contemporánea; el tacto, el abrazar, cargar a alguien, tocarle la mano, es parte fundamental. En la danza somos muy cercanos. Es nuestra naturaleza, nuestra metodología. Ha sido muy intenso para los colegas y para mi y para todos los de la danza. No hay trabajo porque las funciones se han cancelado. Se han cancelado a nivel internacional. Hace dos meses eran aproximadamente treinta millones de personas de las artes que se han quedado sin trabajo. En Tijuana ha sido difícil. Hay escuelas que han tenido que cerrar porque no pueden pagar la renta. 

Por otro lado, la parte buena que toda parte mala siempre tiene, es que el gremio de danza se ha unido todavía más. Inmediatamente se empezaron a hacer reuniones en zoom. Las compañías le han dado visibilidad al trabajo propio y al de otras. Todos estamos volteando la cámara hacia todo. Tijuana ha sabido, dentro de lo horrible de no poder trabajar, ver esta parte positiva, hemos logrado que academias de danza y compañías hagan productos en conjunto. A través de estar en comunicación por medios como las videollamadas conocemos más de la persona íntimamente, tú ves que aquí tengo un cuadro, una escalera. Es un acercamiento de otra manera. Si bien, la pandemia nos puso económicamente muy mal, se ha vislumbrado un renacer de una comunicación en quienes hacemos danza y artes escénicas. 

 

¿Qué sigue para el GDMT?

Siento la gran necesidad de no dejar pasar un año sin hacer una coreografía. Este 2020 ya lo hice. Apoyada con dos bailarines, fue sobre la cuestión de la pandemia. Curiosamente es la segunda que habla sobre una pandemia. La primera fue sobre la influenza, ¿te acuerdas de la influenza? Pues hice una coreografía sobre eso.

El año que entra seguramente buscaré hacer una obra. Antes de la pandemia hice algo de box. Yo me di cuenta que si bien los temas que toco son diversos, no están alejados de una forma de moverse de lo que es la danza contemporánea con elementos del folklor norteño. Entonces, en vez de estar viendo bailarines yo iba y veía a pugilistas y traté de hacer una comparativa entre el entrenamiento, de cultura del cuerpo, que hay y qué no hay en común, encontré un mundo en el que digo quiero seguir por ahí. Eso le espera al grupo para cuando yo salga de mi gestión en el IMAC. Al GDMT le queda mucho que hablar sobre Tijuana, le queda tocar a otros bailarines que se quieran unir, otras generaciones. Seguir buscando elementos que lo hagan crecer y que se cree más conocimiento. Que con la misma coreografía haya un aprendizaje. 

 

La Maestra Tapia, nos invita a seguirlos en sus páginas de facebook: Grupo de Danza Minerva Tapia o en su cuenta personal, para que veamos información de lo que están los proyectos que están haciendo y también lo que comparten sobre otras agrupaciones dancísticas de Tijuana.

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