Día de Muertos; Más que una tradición

  • 02 Nov, 2020
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Esta celebración se ha vuelto icónica, un símbolo nacional que nos identifica mundialmente y que tal y como cualquier otra tradición se enseña de generación en generación, ya sea en el núcleo familiar o bien, en el ámbito escolar.

El pueblo de Teotihuacan acostumbraba honrar a sus muertos por medio de agotadores e intensos rituales, sus ofrendas contenían comida, copal, vasijas, cuchillos, piedras de jade y semillas, además, utilizaban al perro xoloitzcuintle para ayudarles a los difuntos siendo la luz por su paso en el inframundo y así llegar a uno de los cuatro paraísos, según su edad al morir.

Los teotihuacanos variaban los elementos de su ofrenda, según el paraíso al que se dirigían sus difuntos.

Los aztecas también creían que sus difuntos podían tener cuatro destinos, ello según las circunstancias de la muerte. Por ejemplo, iban al Tlalocan o paraíso de Tláloc, Dios de la Lluvia, todos aquellos cuya muerte estuviera relacionada con el agua; al Omeyocan o Paraíso del Sol, el cual era presidido por Huitzilopochtli, el Dios de la Guerra, todos aquellos muertos en combate y las mujeres que habían perdido la vida en el parto, pues se les consideraba guerreras.

El Mictlán estaba destinado a quienes habían tenido una muerte natural y finalmente, el Chichihuacuauhco era a donde iban los niños muertos antes de su consagración al agua.

El camino hacia el Mictlán era arduo, duraba cuatro años y para llegar ahí las almas debían transitar por distintos lugares, era precisamente para este camino que el muerto era enterrado con un Xoloitzcuintle, el cual le ayudaría a cruzar el río y llegar ante Mictlantecuhtli a quien debían entregar como ofrenda atados de teas, cañas de perfume, algodón, hilos colorados y mantas, los difuntos que se dirigían al Mictlán eran sepultados con dichos objetos.

Sin duda alguna, estas culturas tenían rituales con mucho en común, sin embargo, no es así con la cultura Nahua del Anáhuac. En el calendario de dicha cultura se encuentran marcadas tres veintenas para honrar a los difuntos, estas se celebraban en julio, octubre y el mes de marzo.

Durante veinte días dedicaban ofrendas a Mictlantecuhtli y a Mictlancíhuatl, el Señor y la Señora de la Muerte. La primera fecha era dedicada a los muertos pequeños y era denominada como Miccailhuitontli, la segunda era el Miccailhuitl y la tercera era la Ueymicailhuitl o bien, fiesta de los muertos grandes.

La celebración iniciaba cuando en el bosque se cortaba el árbol llamado Xócotl, le quitaban la corteza, y lo adornaban con flores, todos participaban de la celebración y se le hacían ofrendas al árbol durante veinte días. En la fiesta de los muertos grandes se celebraba la caída del Xócotl, se realizaban procesiones que concluían en rondas alrededor del árbol y se acostumbraba realizar sacrificios de personas y grandes comidas.

Se colocaba una figura de bledo en la punta del árbol y danzaban vestidos de plumas preciosas y cascabeles, una vez finalizada la celebración, los más jóvenes subían al árbol para retirar la figura y se derribaba el Xócotl. En esta fiesta las personas acostumbraban colocar altares con ofrendas para recordar a sus difuntos, lo que es el antecedente al actual altar de muertos.

Una vez que los españoles llegaron a América, hicieron coincidir su rito religioso para honrar a los muertos con los ritos prehispánicos, fusionando así las tradiciones europeas con las prehispánicas.

Actualmente el Día de Muertos es una celebración tradicional que se celebra en México los días 1 y 2 de noviembre, la cual está vinculada a las celebraciones católicas del día de los fieles difuntos y todos los Santos. Se celebra en México y a mucha menor medida en países de Centroamérica.

En México, la muerte ha sido parte de la identidad cultural desde siempre, tal y como hemos visto, pero, ¿a qué se debe esta necesidad de cercanía a la muerte? No solo por medio de estas tradiciones, sino con juegos y burlas, existe una necesidad de permanecer en contacto con ella. Conductas que son incomprensibles para los extranjeros son lo que distingue a México en tradiciones y cultura.

Esta celebración se ha vuelto icónica, un símbolo nacional que nos identifica mundialmente y que tal y como cualquier otra tradición se enseña de generación en generación, ya sea en el núcleo familiar o bien, en el ámbito escolar.

A pesar de lo que pudiera parecer, en la actualidad, a pesar del paso del tiempo no se ha simplificado, los elementos que implican una ofrenda para el altar son muchos y de gran significado.

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