Destrucción Elegante: Reseña de álbum 'Predación' de Pablo Und Destruktion

  • 27 Feb, 2018
  • Música

 

“En tiempos desgarradores no se puede escribir suavemente, sin delicadezas a nuestro alrededor, imposible fabricar textos exquisitos. Escribo para pinchar un poco y obligar a otros a oler la mierda. Así aterrorizo a ls cobardes y jodo a los que gustan amordazar a quienes podemos hablar.”, escribió Pedro Juan Gutiérrez en Trilogía Sucia de la Habana (1998). Precisamente, eso es lo que hace Pablo Und Destruktion con su eufonía desaforada y pestífera.

 

El Dandy, “aquella suerte de cantante visceral, que tan pronto apunta a Nick Cave como a Paco Ibáñez, pero que siempre da en el clavo a base de toneladas de intensidad, personalidad, y de  unas letras que saben buscar lo universal en lo popular, y sacar la belleza de la violencia (y la violencia de la belleza), como bien lo apuntó ya Mondosonoro.

La belleza no hace feliz al que la posee, sino a quien puede amarla y adorarla, le gustaba decir a Hesse, pero eso no es cierto: la belleza sólo hace feliz al que la puede romper, violar o agazapar; en eso reside la verdadera algarabía de la felicidad, no obstante, eso únicamente lo sabe este trovador de titanio, amante irresoluble de la verdad, buen amigo y quien dice, se dedica a desatascar pozos negros en la Comarca de Sidra, allá en Asturias (aquí entra de nuevo la cita de P.J. Gutiérrez, ¿recuerdan?: “obligar a todos a oler la mierda”).

Und Destruktion lanzó al aire su Predación (2017) —tipo de interacción biológica en la que un individuo de una especie animal caza a otro para subsistir—. Un disco de nueve temas dolosos, como los misterios en un rosario mariano, en los que el asturiano Pablo G. Díaz se atreve a hablarle — por primera vez— al amor.

Álbum colmado de cultismos y lecturas bíblicas, en el que encontramos guiños a Los Corintios y en especial, a la Epístola de Pablo. Ideologías que avistan el totalitario y fundamental poder del Islam sobre el occidente.

“El amor es el premio de los temerarios”, berrea nuestro Pablo bajo la Destrucción; entre postreros herejes, y el aire de un Western intacto, casi construido —y entonado— a lo Sam Peckinpah, en un disco que le ofrece un subsidio al apego —a un lenguaje del amor—, sí, pero no a lo Hollywood, sino de un modo muy asturiano, y sobre todo, demasiado oscuro, alcoholizado, podrido: de una destrucción elegante.

Tino el Pingüino, tu rapero favorito

Anterior

Tino el Pingüino, tu rapero favorito

Escucha la canción inédita que rescataron de Amy Winehouse

Siguiente

Escucha la canción inédita que rescataron de Amy Winehouse