Conservar el fuego. Reflexiones para una nueva relación con los objetos

  • 06 Oct, 2020
  • Opinión

No es posible que una persona pueda valorar de igual modo a un objeto si no existe alguien que pueda comunicarle su trascendencia. Los objetos por sí mismos no nos transmiten las mismas cosas a todas las personas, porque tenemos contextos distintos.

Por Israel García Corona

Mi casa se estaba quemando y sólo podía salvar una cosa.

Decidí salvar el fuego.

Jean Cocteau

Había hablado en un ensayo anterior sobre la pertinencia de la manifestación y las protestas para ser considerada como un fenómeno artístico, porque en sí misma es capaz de modificar la percepción de las personas y poner en discusión cuestiones trascendentales, en un escenario pertinente para el diálogo, entre otras ideas.

Si se acepta esta premisa, distintas problemáticas surgen que podrían continuar siendo importantes en el panorama actual. El presente escrito busca responder a uno de los reclamos frecuentes presentados por detractores de las marchas y manifestaciones, en relación a la intervención de los bienes culturales con demandas sociales.

Empezando por una generalidad, hay que aceptar que no hay sistemas estables, sino que existe una continua transformación de todo lo que conocemos. La segunda ley de la termodinámica de Newton lo dice: “la cantidad de entropía que hay en el universo tiende a incrementarse con el tiempo”.

Llevando estas consideraciones a terrenos más humanos, podemos decir, como Heráclito, que “no hay nada permanente excepto el cambio”. Y como he mencionado, esta premisa y muchísimas más que son parecidas, no son solo principios herméticos, cabalísticos, taoístas, etcétera, sino que también están presentes en la ciencia.

Los museos y otras instituciones culturales hacen lo posible para poder mediar entre condiciones climáticas extremas, propicias para la conservación de los objetos que muestran y un ambiente más o menos agradable para la visita de las personas a quienes debemos nuestra labor.

“La primera condición para la inmortalidad es la muerte”, mencionaba el escritor polaco Stanislaw Jerzy Lec y pareciera que, en efecto, para que un objeto nos trascienda en el tiempo, debemos de detener las variaciones climáticas, temperatura y los niveles de humedad deben de detenerse, lo mismo que la luz, como si fuesen suspendidos en el tiempo, donde las estaciones no son permitidas y el contacto con el mundo exterior supone un peligro para su supervivencia.

La restauración y conservación no son una batalla perdida, puesto que parten de la generosidad de las personas que buscan compartir los bienes con las futuras generaciones y mantenerlas en buen estado para su valoración por nuestros contemporáneos. Hay que celebrar y promover cualquier esfuerzo que se haga en aras de compartir la felicidad y el conocimiento, sobre todo en estos tiempos en los que la humanidad necesita puntos de encuentro sociales.

Existe una paradoja constante en la conservación y restauración, por poner un ejemplo, la mayor parte de los daños que una obra puede tener, suceden en sus traslados para la exhibición, sin embargo, si los bienes no se mostraran no serían importantes, útiles o trascendentes. Al quedar dentro de bodegas, las piezas no pueden ser disfrutadas por las personas, por ello hay que exhibirlas, tomar ese riesgo y tratar de acercarlas al público, no limitar su acceso.

Cuando en 1909 Filippo Tommaso Marinetti aseveraba en el primer manifiesto futurista que liberarían a Italia de los “museos que la cubren toda de cementerios innumerables”, se aproximaba mucho a la idea de un sitio donde la vida no es posible, donde los tránsitos dóciles del público eran parecidos a las procesiones solemnes por mausoleos. Sin embargo, de manera paradójica, no conoceríamos las maravillas del futurismo si no hubiese habido profesionales comprometidos con la conservación de sus propuestas.

[caption id="attachment_73314" align="aligncenter" width="950"] Restauradoras con glitter.[/caption]

La discusión de esta aseveración ha sido vasta muy fructífera, sin duda ha ayudado a transformar a los museos en espacios donde la vida sea celebrada. Hoy en día existen muchas propuestas de artistas y gestores culturales que se arriesgan y proponen nuevas maneras de participación social e interacción, aunque aun exista mucho trabajo por hacer para encontrar maneras agradables de disfrutar los bienes históricos y culturales sin ponerlos en riesgo. El debate en torno a esto es muy largo, pero creo que también es posible extrapolar algunas de estas ideas a otros terrenos.

Necesitamos tener una nueva relación con los objetos, quizás ya de hecho, lo hacemos, el mundo virtual nos ha mostrado maneras distintas de convivir con bienes culturales y con la creación de nuevos espacios para la convivencia social. Es imposible no mencionar en este punto, a la colectiva “Restauradoras con glitter”, un grupo de mujeres profesionales de la restauración quienes plantean cuestiones afines a sus profesiones sin perder el enfoque de género y en apoyo a las demandas de justicia social presentes en manifestaciones feministas.

Las propuestas que han realizado me parecen fundamentales para tener un acercamiento distinto a la conservación de los bienes, ya que, con enfoques metodológicos claros, muestran maneras de documentación necesarias y el trabajo de restauración realizados por profesionales en condiciones de trabajo dignas, mismo que no debe de hacerse si esto supone la invisibilización de los problemas estructurales de violencia machista.

Concuerdo completamente con su postura y considero además necesario mantener las huellas de las personas sobre los bienes, pues estas nos dan pistas sobre su uso. A través de estas marcas, vemos contextos que por si mismos los objetos no transmiten. Es el momento en que debemos de redefinir nuestra relación con los objetos y nuestra memoria.

Las herramientas que a lo largo de la historia hemos creado, no solo han funcionado como una extensión de nuestro cuerpo, sino también como una extensión de nuestra memoria, por ello a veces llenamos a los objetos con afectos, se vuelven trascendentes por lo que nos recuerdan. Sin embargo, no es posible que una persona pueda valorar de igual modo a un objeto si no existe alguien que pueda comunicarle su trascendencia.

Los objetos por sí mismos no nos transmiten las mismas cosas a todas las personas, porque tenemos contextos distintos, más aun, los vestigios materiales se vuelven indescifrables en su nivel afectivo individual. De las cosas que hemos legado de otros tiempos podemos llegar a descifrarlos culturalmente, pero no sabemos, por ejemplo, si las vasijas prehispánicas fueron regalos de amor, si fueron limpiados con cariño, si en ellos los labios sedientos de los abuelos se regocijaban, etcétera.

De la misma manera, conservar una lengua en libros que expliquen su gramática no es tan valioso como mantener a una comunidad hablándolo, por eso mismo, es necesario mantener vivas a las personas en vez de crear memoriales sobre ellas.

Sólo en el tiempo que me he tardado en escribir esto, en México, ha habido una muerte violenta por cuestiones de género (hay 10.4 en promedio al día, según datos de Arista Lidia, 2020). Vidas que no regresarán y que no podrán ser restauradas como las pintas sobre bienes patrimoniales.

Además de ello, los vestigios de las obras, las agresiones sobre objetos culturales se vuelven más valiosos porque la singularidad de las acciones que los trasgreden quedan presentes, es una evidencia material sobre el tipo de discusiones que tenemos y que pueden hacer a las futuras generaciones contextualizar mejor nuestra época.

[caption id="attachment_73313" align="aligncenter" width="950"] Muro de Berlín.[/caption]

Ejemplos de este tipo de intervenciones que sería un grave error restaurar podrían ser: los huecos de balas y cañonazos en la chimenea de la hacienda de Chinameca, testigo del asesinato de Emiliano Zapata; los graffittis sobre los restos del muro de Berlín; la puerta de la Escuela Nacional Preparatoria número 1, destruida por el ejército en 1968; o los miles de templos cristianos hechos con partes de los centros ceremoniales precolombinos destruidos por ellos.

Intentar cubrir estas huellas de la historia sería perder importantes símbolos de resistencia, vestigios de movimientos sociales, la violencia del poder y la calidad de discursos que mantenía con el pueblo. No existen cuestiones obvias, no es imprescindible retirar las pintas sobre monumentos, los mármoles no deben quedar impolutos, no debemos de retirar con mangueras de bomberos la sangre sobre la plaza de las tres culturas y anunciar que “hoy fue un día soleado”.

Debemos de dejar constancia del tipo de problemas que tenemos y las vías que generamos para solucionarlo, pero además hay de fomentar la participación social y escuchar las demandas sociales y por ello creo que el arte tiene mucho que proponer ya que genera caminos para la sorpresa, la empatía, la reconciliación y la construcción de acuerdos.

Al respecto, quisiera destacar la restauración de la pintura sobre tabla de Simón Pereyns “La virgen del perdón” (Siglo XVI) que fue devorada casi por completo por las llamas en el incendio en la Catedral de Ciudad de México en 1967.

Después del siniestro, de la obra apenas quedaron visibles algunas partes pintadas, unas manos, unos ojos. Pero, a pesar de la pérdida material de la obra terminada, los restos continúan siendo valiosos: lo más interesante es que muestra su proceso constructivo, los materiales con que se hizo, las manos que lo trabajaron; no una obra pulida y definitiva, la obra maestra, sino las entrañas y la ruina.

Cabría la posibilidad de preguntarnos entonces, ¿qué es lo que muestran los incendios actuales de las obras? Habría que ser sinceros y pensar si han mostrado lo peor que hay dentro de nosotros o encenderá nuevas llamas de esperanza.

[caption id="attachment_73311" align="aligncenter" width="1536"] “7,000 robles”, obra de Joseph Beuys.[/caption]

Cuando escucho las exigencias de personas que quieren que de inmediato se retiren pintas después de una marcha (a veces incluso haciendo más daño a los materiales usando químicos agresivos y manos no expertas), pienso mucho en la obra de Joseph Beuys “7,000 robles”, una pieza presentada en la séptima edición de la muestra de arte contemporánea Documenta de Kassel (Alemania).

Beuys colocó 7,000 bloques de basalto frente a la fachada del recinto donde se iba a realizar la bienal, cada bloque estaba depositado de manera aleatoria y solo parecía un montón de escombros. Cuando el artista plantó un roble, se retiró el primer bloque de basalto, lo mismo debía de ocurrir con el resto. Joseph Beuys no logró a ver en vida que todos los bloques se retiraran, él mismo no plantó todos los robles y durante la generación de la pieza, existía una pila de escombros frente al museo Fridericianum con todo lo que ello implicaba.

Cinco años fueron necesarios para que esta reforestación fuera posible. ¿En dónde reside la obra? No en los bloques de basalto que podrían pasar por basura, la obra se manifiesta en distintos procesos, la acción de mejorar el entorno urbano, de cuidar y proteger los nuevos árboles plantados, en la voluntad de mover los bloques. La pieza no está en la conservación nostálgica de los bloques inertes, sino en la conservación de los árboles que ayudan a la mejorar el ambiente en la ciudad.

¿Qué pasaría si planteamos seriamente la posibilidad de que ante las autoridades y gobiernos conservadores, que gustan de los monumentos impolutos y sin vida, que se retiraría un graffitti en cuanto se haya concluido con éxito la impartición de justicia en un caso de violencia hacia las mujeres, que se haya encontrado el cuerpo de una persona desaparecida, por cada violador apresado, por cada persona que regrese a casa después de haber estado desaparecida, por cada ley que proteja la autonomía de una comunidad indígena, por cada político corrupto procesado?

SI fuese así, no existirían monumentos suficientes para contener tantos nombres y necesitaríamos varios lustros en conseguir justicia, pero sin lugar a dudas, podríamos tener un mundo más florido y agradable para vivir en él.

 


FUENTES CONSULTADAS

Arista Lidia (2020). Feminicidios alcanzan en junio la cifra más alta en lo que va de 2020. Expansión, disponible en https://politica.expansion.mx/presidencia/2020/07/20/feminicidios-alcanzan-en-junio-la-cifra-mas-alta-en-lo-que-va-de-2020 [consultado el 01 de octubre de 2020]

Restauradoras con glitter (2020). Disponible en: https://www.facebook.com/restauradoras.glitterMX [consultado el 01 de octubre de 2020]

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