Buen camino, querido Sax

  • 15 Mar, 2021
  • Tocho Morocho

Era inevitable. Cada que me encontraba con Sax, dondequiera que fuese, me miraba, se llevaba el dedo índice al entrecejo, como si se acomodara unos anteojos imaginarios, y me tiraba la frase: “¡Esto no lo para nadie!” y enseguida soltaba una carcajada.

Por Enrique Blanc

 

El gesto estaba ligado al cariño que ambos teníamos por nuestro mutuo amigo, el periodista Octavio Hernández Díaz (fallecido en 2015, en Tijuana). Había en ello no sólo el ánimo de recordarlo, sino también de celebrar la complicidad vivida años atrás en los múltiples encuentros que tuvimos.

La frase aludía a un momento en que el rock latino comenzaba a tener presencia, cada vez más constante, en Estados Unidos.

Una de las primeras veces en que los tres, Octavio, Sax y yo, a la par de Pacho, Aldo y los demás malditos nos encontramos, fue durante aquella gira Greyhound Rolling Tour, que el grupo emprendió tocando por un montón de ciudades de Estados Unidos, en 1990.

Una de las primeras giras que realizara por ese país una banda de rock latinoamericano —ese año, en enero y febrero, hicieron también otra el argentino Miguel Mateos junto a los españoles Duncan Dhu—.

Escribí la reseña de aquel concierto de la Maldita para El Acordeón, el fanzine que con Octavio y Omar Márquez publicamos por unos años en Los Ángeles.

Una de las escalas de la Greyhound fue en un club llamado The Hop, en la ciudad californiana de Riverside —muy cerca de Radio KNSE, la emisora en la que yo laboraba—, donde la Maldita dio un concierto impresionante.

“¡Esto no lo para nadie!” era de cierto modo una más de las geniales frases de combate de Octavio, augurando que aquellos grupos que comenzaban a incursionar en el mercado musical estadounidense triunfarían tarde que temprano.

Pero la forma en que la repetía a la menor provocación, con un tono de voz ceremonioso, a Sax le resultaba divertida. Y entonces lo imitaba, obedeciendo al espíritu sencillo, irreverente y cariñoso que lo caracterizó siempre. Así lo recuerdo de nuevo hoy en que me entero de su partida.

Me encontré con él por última vez hace un par de años, cuando vino a pasar una temporada por Guadalajara y le tocó coincidir con las fechas de FIMPRO.

Nos reunimos una tarde en un café cercano al Centro Magno, donde me contó sobre de los proyectos en que trabajaba por aquel entonces, sobre todo asumiendo la faceta de productor que también desarrolló. —Se nos fue el Octavio. ¿verdad? —me dijo, evocando a nuestro amigo. —Así es, Sax. Da tristeza… —Pero “esto no lo para nadie…” Y ambos reímos, nostálgicos, una vez más.

Buen camino, querido Sax.

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