2 de octubre ¿no se olvida?; A 52 años de la masacre

  • 02 Oct, 2020
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En medio del caos mucha gente se vio caer, el fuego intenso duró media hora y el resultado terminó en cientos de muertos, miles de heridos, miles de detenidos y cientos de presos políticos. Aún hoy se desconoce el número real de víctimas.

Corría el mes de julio en el año de 1968, la policía mexicana llevaba una fama de agresión en contra de los estudiantes que ya no podía callarse. Desde una década atrás, venían registrándose una serie de movimientos estudiantiles, todos ellos fueron disueltos por el ejército y la policía.

Quién? ¿Quiénes? Nadie. Al día siguiente, nadie.

La plaza amaneció barrida; los periódicos

dieron como noticia principal

el estado del tiempo.

Los movimientos del año 1968 fueron el resultado de este largo proceso en el que se fue gestando el descontento y la inconformidad, pues la intervención militar en las universidades había incrementado. En 1956 los estudiantes del Instituto Politécnico Nacional realizaron una huelga que culminó con la ocupación militar de sus instalaciones, dicha vigilancia se quedó durante un año.

En 1963 hubo una huelga en la Universidad Michoacana de San Nicolás de Hidalgo (UMSNH), la cual también fue disuelta por el ejército.

Dos años más tarde, en 1965, hubo paros y marchas de enfermeras y médicos que demandaban un mejor salario, a las protestas se sumaron estudiantes de la carrera de medicina y estos movimientos una vez más fueron neutralizados por el ejército. Todos los movimientos habían existido en la búsqueda de lo mismo: cumplimiento de la ley, respeto a los derechos y a la Constitución.

Pero el descontento que la intervención policial y militar causó en dichos movimientos fue solo una parte de las causas que motivaron la marcha de 1968.

Ese mismo año, Europa tuvo una gran cantidad de movimientos estudiantiles, la mayoría de ellos concentrados en Francia. Pero la verdadera motivación vino del país vecino, pues en Estados Unidos hubo una fuerte oleada de protestas en contra de la guerra en Vietnam, además de un incremento en los movimientos feministas y de liberación sexual.

Fueron múltiples los estímulos que instaron a los jóvenes estudiantes a alzar la voz y buscar hacer frente a una lucha que en ese momento era internacional.

Con estas motivaciones, el movimiento estudiantil creció a pasos agigantados, mientras a las primeras manifestaciones en julio acudieron unos cientos de jóvenes, para el mes de septiembre ya sumarian una cifra que pasaría de las 150 mil personas. Eso sin contar que el movimiento logró ser respaldado por sindicatos y grupo vecinales, incluso amas de casa salieron a las calles.

Al paso de los meses no solo las cifras cambiaron, pues el pliego petitorio que había extendido el Consejo Nacional de Huelga (CNH) había pasado de exigir la disolución del cuerpo de granaderos, eliminar de las leyes el delito de disolución social y castigo a los responsables de agredir a los cuerpos estudiantiles; para septiembre. además de lo ya mencionado, se buscaba la liberación de los presos políticos y el diálogo público abierto del Consejo Nacional con el Gobierno Federal.

2 de octubre de 1968, los portavoces del CNH se reúnen por primera vez en la casa del rector de la UNAM, Javier Barrios Sierra, con representantes presidenciales, buscando llevar a cabo las negociaciones para establecer el diálogo entre el gobierno y los estudiantes. La reunión terminó al mediodía y estaba propuesto continuar con la negociación al día siguiente en Casa del Lago.

Horas más tarde, la CNH celebra una reunión en la Escuela Superior de Mecánica y Eléctrica de Zacatenco donde informan los resultados de la reunión con los representantes presidenciales y afirman que esa tarde se llevará a cabo el mitin en la Plaza de las Tres Culturas en Tlatelolco, pero como el ejército aún ocupa el Casco de Santo Tomas, no se realizará la manifestación final hasta dicho punto.

Por motivos de seguridad se pide a todos los asistentes que no ocupen el balcón del tercer piso del edificio Chihuahua donde únicamente estarán los oradores.

Esa misma tarde más de 10 mil personas llenaron la Plaza de las Tres Culturas, no solo asistieron estudiantes, sino, madres, padres y niños se encuentran presentes, al igual que los vecinos de los alrededores, algunos curiosos y vendedores ambulantes que no pueden dejar pasar la oportunidad de una multitud como esa.

El tercer piso está ocupado por periodistas, corresponsales y fotógrafos, tanto nacionales como extranjeros cuyo trabajo inicial era cubrir los juegos olímpicos.

A las 6:10 después de que dos oradores ya han hablado, de los helicópteros que han estado sobrevolando el lugar caen dos luces de bengala, una verde y otra roja, justo a un lado de la iglesia de Santiago de Tlatelolco.

Al mismo tiempo, una columna de soldados avanza hacia la plaza a través de las ruinas prehispánicas, uno de los líderes del CNH arrebata el micrófono de manos del orador en turno y hace un llamado a la calma, asegurando que es solo una provocación.

Momentos después, se informa a los asistentes los detalles de la reunión cuando comenzó la balacera. En medio del caos mucha gente se vio caer, el fuego intenso duró media hora y el resultado terminó en cientos de muertos, miles de heridos, miles de detenidos y cientos de presos políticos. Aún hoy se desconoce el número real de víctimas.

 “Y en la televisión, en el radio, en el cine

no hubo ningún cambio de programa,

ningún anuncio intercalado ni un

minuto de silencio en el banquete.

(Pues prosiguió el banquete.)”

No se supo en qué momento, solo fue un momento en el que los soldados se comenzaron a poner a pecho tierra y a disparar hacia la multitud y hacia los edificios.

Jóvenes vestidos de civiles con un guante blanco en la mano izquierda integraron el batallón Olimpia, disparan hacia la plaza desde las azoteas del edificio Chihuahua, 2 de abril, 15 de septiembre, ISSSTE 11 y la iglesia.

La balacera se aviva y caen los primeros heridos, cientos de personas caen unas sobre otras, un grito desesperado se oye en la Plaza de las Tres Culturas, el grito desesperado de estudiantes. madres y padres de familias e incluso niños.

Algunas personas logran escapar y otras pocas logran esconderse, aterrorizados del miedo, estudiantes se comen sus propias credenciales. Jóvenes tocan a la puerta de la iglesia, pero nadie les abre.

Las ráfagas de las armas, las detonaciones de los fusiles y los gritos y lamentaciones llenan el aire, al igual que el olor a sangre.

La noche cae y los disparos se van espaciando más y más pero no cesan, los soldados recorren el lugar en busca de estudiantes y representantes de la CNH y la unidad habitacional aguarda entre el terror y la angustia, sin agua, sin luz y sin servicio telefónico.

Por la noche, entre las ruinas se aprecian manchas de sangre, zapatos desperdigados y bolsos de mujeres, han comenzado a trasladar a los detenidos, mientras la cruz roja no deja de trasladar a los heridos. Hay muertos en la tercera delegación, muertos en la cruz roja, muertos en el hospital, muertos en la plaza. Los detenidos están concentrados en el Campo Militar Número 1.

La operación de limpieza comienza, y los cuerpos son amontonados en la esquina de la iglesia. Una operación brutal logra limpiar toda la sangre y cualquier evidencia de lo que ahí hace tan solo algunas horas hubo, y conforme las manchas de sangre son borradas, las voces silenciadas y los cuerpos desvanecidos, la memoria de México también es borrada.

A 52 años de la masacre de Tlatelolco, aún no se sabe porque el gobierno utilizó semejantes maniobras contra su pueblo, pero siempre fue bien sabido que la sede de los Juegos Olímpicos no podía verse manchada por la sangre de los jóvenes estudiantes.

“No busques lo que no hay: huellas, cadáveres

que todo se le ha dado como ofrenda a una diosa,

a la Devoradora de Excrementos.

No hurgues en los archivos pues nada consta en actas.

Mas he aquí que toco una llaga: es mi memoria.

Duele, luego es verdad. Sangre con sangre.

Y si la llamo mía traiciono a todos.

Recuerdo, recordamos.

Esta es nuestra manera de ayudar a que amanezca

sobre tantas conciencias mancilladas,

sobre un texto iracundo, sobre una reja abierta,

sobre el rostro amparado tras la máscara.

Recuerdo, recordemos

hasta que la justicia se siente entre nosotros.”

Rosario Castellanos.

 


Fuentes:

Castellanos Rosario. Memorial de Tlatelolco. México. Recuperado de: https://www.poeticous.com/rosario-castellanos/memorial-de-tlatelolco?locale=es

Poniatowska Elena. (1971). La noche de Tlatelolco. Biblioteca Era: México.

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