Mis viajes con la cumbia villera

Manuel Noctis
Posted on febrero 08, 2021, 12:38 pm
13 mins

El vínculo más cercano que he tenido con el mundo de la música, fuera del periodismo, fue gracias a la cumbia villera. De adolescente soñaba con ser rockstar, pero nunca aprendí a tocar un instrumento y mucho menos a cantar. Intentos por aprender a tocar la guitarra y el piano los hubo, pero nunca fui lo suficientemente disciplinado para ello. Por eso siempre digo que “soy un músico, un músico frustrado en un cuerpo de escritor”.

Mi primer acercamiento con la cumbia villera fue por ahí del 2007 (que mamona suena esa frase), cuando todavía era universitario. Solía ver un programa -cuyo nombre no recuerdo- en el canal Much Music Argentina, en el que ponían música underground que iba desde el punk, el rock, el hard y algo de metal. Pero una ocasión bien random programaron a un grupo de cumbias que me llamó la atención por su concepción rítmica y sus letras barriobajeras.

En la universidad tenía un amigo argentino (medio picky, pero chido el vato), el Javier, a quien al día siguiente le pregunté si conocía a un grupo de cumbia llamado Damas Gratis, la banda que había visto en aquel programa. Su respuesta me lo dijo todo: “Ché, eso es lo más indigno que podés escuchar en la Argentina” (algo así me dijo, con un alto grado de sorna en sus palabras).

Pablo Lescano, líder de la banda Damas Gratis.

Entendí perfectamente su animadversión, su descrédito, cuando descubrí que Damas Gratis, liderada por el mítico Pablo Lescano, era una banda -de las pioneras- en el género de la cumbia villera; música surgida a finales de los 90’s en los barrios marginales de Argentina que, en un principio, se destacaba por cantar en contra de la pobreza, la policía y las políticas económicas.

Como suelo hacerlo con muchas cosas en mi vida, me fui a contracorriente de lo que mi amigo me había dicho y me interesé aún más, a parte de la música, en todo el aspecto sociocultural que envuelve a la cumbia villera; la pobreza, la vagancia, la constante confrontación con la policía, las caídas en la cárcel, la vida en encierro, la muerte, la rivalidad entre villas, la fiesta, pero también al amor aún en medio del caos.

Leí varios artículos, reseñas y tratados que no dejaban de poner a la cumbia villera más que en el ojo de la degradación social, hasta que me topé con el libro Cuando me muera quiero que me toquen cumbia (Editorial Norma, 2003) del escritor y periodista chileno Cristian Alarcón (Me lo chuté en PDF porque conseguirlo en físico estaba muy cabrón), el cual retoma el tema de las villas desde una óptica más empática.

Libro “Cuando me muera quiero que me toquen cumbia”

Este librito es una novela que cuenta la historia de Víctor Manuel “El Frente” Vital, un ‘pibe chorro’ de 17 años que fuera asesinado a quemaropa por la policía, en la villa de San Fernando, quien tras su muerte se convirtiera en una especie de Robin Hood y el patrono de los ladrones. La historia cuenta que “El Frente”, escondido debajo de una mesa, se rindió y pidió que no dispararán, pero un policía hijoeputa aun así le disparó, destrozándole la cara.

El nombre del libro hace alusión a la cumbia que era la favorita de “El Frente” Vital y el libro permite adentrarnos, sin afán de explorador ni juez, a toda esa vida marginada que persiste en las villas argentinas, lo que ha extrapolado a las letras de las canciones de la cumbia villera, que se caracterizan también por exaltar quién ha sido más ladrón y quién se ha enfrentado con mayor gallardía a la policía, todo ello como sinónimo de respeto y estatus.

Andares en la música

A sabiendas de que no tocaba ningún jodido instrumento, pensé en una forma de poder acercarme al mundo de la música a través de un proyecto que tuviera que ver con la cumbia villera, lo cual sería totalmente nuevo en Morelia, donde residía. Sabía manejar programas de dj y creía que era eso lo que me llevaría al éxito (sí, ¡cómo no!) y comencé a idearlo y a practicar todas las tardes en casa.

Damas Gratis, Pibes Chorros, Pala Ancha, Yerba Brava, Los Gedes, Flor de Piedra, Meta Guacha, Altos Cumbieros, La Repandilla, Piola Vago, Supermerk2, Mala Fama, Repiola, Los Dragones, son algunas de las bandas de las que fui acumulando rolas en mi repertorio villero. Música que, por entonces (2007-2008) aún no sonaba en las estaciones musicales en México y, mucho menos, se popularizaba en el espectro musical del país. A excepción de Monterrey y Guadalajara, que en las barras de sus equipos representativos ya comenzaban a tomarlas en cuenta en sus cánticos en los estadios.

Fue hasta abril del 2009, cuando hice mi debut como dj cumbiavillero en un evento denominado Fest Zapata Vive, que realizaron un grupo de amigos en un bar que se llamaba el Búnker. Al proyecto le puse La Curva Villera (todo tenía que ver con una onda chola) y, efectivamente, esa primera tocada fue toda revelación para los asistentes, quienes, asombrados, pensaban que iba a poner las tradicionales cumbias que todos conocemos, pero no fue así.

En el Fest Zapata Vive en Morelia, Michoacán.

Así comenzaron mis andanzas (mis desmadres y partys hasta el amanecer). Al principio con cierta reticencia de la gente por el desconocimiento de la música, pero cada vez con mayor aceptación derivado de que eran constantes mis presentaciones en bares, eventos de reggae y ska, y hasta fiestas de amigos a las que solían invitarme para ambientar el desmadre.

Hubo una temporada, incluso, en la que fui dj residente todos los días jueves en el extinto bar La Vecindad, un lugar muy popular entre la banda de malandros morelianos que se ubicaba en la avenida Madero (ahí me dejaban barra libre mientras tocaba y al final, ya repedos, lo que me pagaban me lo gastaba en hamburguesas con mi amigo El Primo). Todo eso generó también cierta conexión con los compas de la barra Lokura 81, la de mi glorioso Club Atlético Morelia, quienes ya andaban también clavados con la onda villera.

El mayor éxito (¡ay, cabrón!) de mis andanzas villeras, llegó en septiembre de 2010, cuando fui invitado y participé en lo que fue el primer festival Vive Cumbiero, en Guadalajara, organizado por los compas de la Zona Hincha, el cual reunió a las 30 mejores bandas y proyectos de cumbia villera de México. Lo más chingón pues, del cumbierío villero mexicano, estuvo esa ocasión.

Los Negros Fumancheros, Tu Fazo, Atrako Guachín, La Merka, Reta Kumbiera, Colcha Sucia, Pura Marihuana, Mala Maña, entre otros, fueron algunas de las bandas que se presentaron durante dos días en aquella ciudad en donde la cumbia villera ya estaba pegando machín. Obviamente ahí estuve como el único proyecto villero que había entonces en todo Michoacán (sí, ahuevo, fui el pionero en mi city, aunque algunos brinquen por ahí).

Cartel del Vive Cumbiero 2010 en Guadalajara, Jalisco.

Después de ese festival, unos amigos que hice en el evento me invitaron para regresar a Guadalajara, pero esa ocasión fue para ambientarles un party bien locochón que se puso bien chingón. Amigos quienes, por cierto, se quedaron con una de las playeras que solía usar en cada show (simón, tenía indumentaria especial, así de mamón).

Eso también me llevó a presentarme en San Juan del Río, Querétaro, con los compas del Klan Kultural Kaníbales; en Moroleón, Guanajuato, en un Encuentro de Arte Urbano y Tribus Urbanas; y una ocasión improvisada, en Xalapa, Veracruz, en una fiesta que tenían los vatos de la banda de reggae Los Aguas Aguas.

Seguí tocando en varios eventos y fiestas hasta el 2014, pero como todo proyecto, hay ciclos y estos a veces terminan de maneras menos inesperadas. De tanta chiga que le había metido a mi laptop andando de party en party, la pila un día colapsó y me salía más caro repararla que comprar una lap nueva. Así que toda la música que tenía (chinguero de rolas), los programas de dj y demás quedaron ahí, en el olvido, en aquella laptop jodida que nunca reparé.

Todo esto sale a colación pues, porque más de 10 años después de haber emprendido aquellas andanzas, finalmente pude conseguir el libro Cuando me muera quiero que me toquen cumbia del, ahora colega, Cristian Alarcón, el cual me trajo a la memoria todo este trip (si lo quieren conseguir echen un cable a manuelnoctis@gmail.com).

Comentarios
Manuel Noctis
Quería ser pintor, futbolista, rockstar, boxeador, trailero, militar, cirquero, pero un día me encontré con el periodismo y se me hizo vicio. Soy coordinador de contenidos de Erizomedia.org, director de la revista Clarimonda y colaborador de la revista Playboy México. Me gusta contar historias porque también me complace escucharlas.

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