Marcas que hablan

Erizo Media
Posted on junio 15, 2020, 8:11 pm
4 mins

La evidencia de que el cuerpo nunca termina de formarse se comprueba cuando las marcas se acumulan y estas dibujan cicatrices de fracasos, frustraciones, rupturas, errores, apegos sin sentido, niveles de conciencia que se traducen en el código de marcas en la corteza de nosotros.

Por Alicia González

 

Entre el letargo del tiempo y la ociosidad de una mirada cuando sobran los minutos, estoy yo. Como arqueóloga de mi piel, escarbo todo hasta reconocerme al desnudo con todo y el delirio de defectos, después con la manía de las virtudes que se alcanzan a ver frente al espejo, después en la soledad del baño.

Luego de semanas sin depilarme las piernas, procedo a ello mientras tomo una ducha. Agarro el rastrillo colgado en la regadera y lo arrastro por las pantorrillas, buscando cualquier ápice de vello, poco a poco se van yendo a un lugar sin nombre, así, sin sutilezas evito usar espuma para su efectividad. Con un correcto arrastre se cumple el propósito. Trato de no cortarme, pues en el baño pueden surgir torpezas cuando llega la distracción.

Mientras me rasuro alcanzo a ver que en mi rodilla izquierda brota un bulto que hace días ardía un poco, lo ignoraba, pensaba que había sido un golpe provocado por el ejercicio al dejarme caer haciendo burpees, la realidad: una espinilla. Jamás había convivido con un grano en esa parte del cuerpo. Ese punto blanco me mira diciendo Aquí estoy. ¿Que vas a hacer conmigo?

Intento exprimirla pero todo esfuerzo es inútil. Duele tanto que me hace gritar. Me doy por vencida, sigo dejando que el agua caiga como una cascada en casa, que me tranquiliza en medio del encierro. Sigo buscando rastros de vello corporal, agarro un puño de milimétricos vellos que caben en los dedos. En mi pierna derecha un rasguño se asoma, parece que llevaba días habitando ahí. Ni siquiera lo sentía hasta hoy que se me ocurre ponerme a observar mis piernas, en lo que me deshago de habitantes imprudentes según la mirada estética comercial.

Mientras sigo arrastrando el rastrillo y se resbala la espuma de jabón sobre mi piel, pienso en cuantas veces dejé pasar toda clase de situaciones que involucraba, dolores, heridas, ausencias, distancias que pensé no tienen importancia hasta que me detengo a hacer un inventario de reminiscencias y de repente con el pretexto de cualquier estimulo, aparecen huellas que pasaron por la experiencia, alguna palabra, una cicatriz, una marca silenciosa que a la primera mirada dice ¿Te acuerdas? Ahí está.

La evidencia de que el cuerpo nunca termina de formarse se comprueba cuando las marcas se acumulan y estas dibujan cicatrices de fracasos, frustraciones, rupturas, errores, apegos sin sentido, niveles de conciencia que se traducen en el código de marcas en la corteza de nosotros, lo que mira la gente y en palabras de Francisco Morales podría interpretarse como: Fácil es imaginarse, adivinar uno cuanto ha vivido, los lugares por donde ha andado.

El agua retira el jabón restante, miro hacia mis muslos en busca de algún rastro de vello: nada, lampiña por unos días. Ahora solo concluyo el aliento de un baño sanador y un mantra se pronuncia en mi conciencia: Do it yourself.

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