Maestros en pie de lucha

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Posted on mayo 15, 2020, 1:42 am
3 mins

Vivas tengo las memorias de aquellos días en los que, de la mano de mi padre, recorrí calles de Morelia, Michoacán, escuchando consignas al unísono, reclamando mejores condiciones laborales y de vida para los maestros.

Claros tengo los momentos en los que, del brazo de mi padre, recorrí campamentos de maestros postrados en la avenida Madero, frente a Palacio de Gobierno, en el Centro Histórico de Morelia, quienes esperaban respuestas del gobierno en turno hacia sus peticiones.

Tendría yo cinco, seis o siete años de edad y, aunque pequeño, me di cuenta que tras todas esas situaciones había una lucha de exigencia por el reconocimiento a la labor del maestro; voces que se replicaban no solo en las calles, sino también en las aulas.

Vengo de una familia paterna en la que la gran mayoría de tías y tíos, incluyendo a mi padre, son maestros, y desde pequeño he tenido presente el valor de su profesión y lo importante que es la labor educativa. Aunque a veces sea una actividad a contracorriente y muy sufrida.

En la primaria, mi tía Rosa y mi tío Armando fueron mis maestros, tres y dos años, respectivamente. Ellos, y algunos que tuve en la secundaria, prepa y la universidad, fueron mis guías y, aunque, quizá, a ninguno le agradecí o he agradecido personalmente por su dedicación, a todos los llevo presentes hoy en día.

Mi padre es orgulloso maestro normalista. Es de esa generación que antes de los 20 años ya andaba educando niñas y niños en pueblitos y rancherías. Ya se jubiló, pero me tocó muchos años verlo desempeñar su labor; lo vi al frente de grupos de maestros y lo vi frente a sus grupos en clase, y estoy muy orgulloso por ello.

Desde aquellos días que, tomado de su mano caminaba por las calles de Morelia, exigiendo sus derechos, me he dado cuenta también del maltrato y la vejación que han provocado los gobiernos en contra de los maestros. Una cosa me es clara: a ningún gobierno le interesa que la sociedad sea pensante, batalla con la que también tienen que lidiar día a día.

Por eso hoy, Día del Maestro, celebro y felicito a mi padre, a mis tías, a mis tíos, a todas mis amigas y amigos que han optado por esta profesión y a todas esas maestras y maestros que fueron parte de mi formación porque, sin ellos, sin el granito de arena que pusieron en mi camino y en los caminos de otros alumnos, no seríamos quien somos a estas alturas de la vida.

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Quería ser pintor, futbolista, rockstar, boxeador, trailero, militar, cirquero, pero un día me encontré con el periodismo y se me hizo vicio. Soy coordinador de contenidos de Erizomedia.org, director de la revista Clarimonda y colaborador de la revista Playboy México. Me gusta contar historias porque también me complace escucharlas.

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