Sentí que el mundo había sido creado nuevamente.

Albert Hofmann

Por Rogelio Garza

El Día Mundial de la Bicicleta se celebra el 19 de abril en honor al genio suizo de la bioquímica que sintetizó el LSD en los laboratorios Sandoz. Esa fecha de 1943, a los treinta y siete años de edad, Hofmann se convirtió en el primer hombre que viajó en ácido lisérgico mientras pedaleaba su bicicleta a través de la ciudad de Basilea en Suiza.

La vida y obra científica de este hombre están marcadas por la espiritualidad. El turismo sicodélico quizá no se imagina todo lo que hay detrás de ese alegre papelito, además de la pirotecnia sensorial. En 1935, Hofmann era Director de Investigación Farmacéutica de Productos Naturales del pequeño laboratorio Sandoz, donde se dedicaba a estudiar el potencial medicinal de las plantas. Años más tarde, su trabajo lo llevó a encontrarse con los espíritus que habitan en la Naturaleza.

El doctor investigaba los alcaloides del cornezuelo, el hongo del centeno, en busca de un estimulante circulatorio y respiratorio para aplicarlo en obstetricia, cuando absorbió por vía cutánea la dietilamida tártriga, el derivado #25 que sintetizó del ácido lisérgico. No tardó en caer dormido; fue un largo y extraño sueño en espiral de mil formas y colores. Al despertar supo que había encontrado algo nuevo. Tres días después, se sometió a un plan experimental y se suministró una dosis de 0.25 miligramos de LSD. Le pidió a su asistente W.A. Kroll que lo acompañara a casa y se fueron en las bicicletas porque la guerra restringía el uso del automóvil. En ese trayecto, el ácido encendió su mente y descubrió algo nunca antes visto que lo aterró y lo fascinó: un universo por explorar, el paisaje de la mente humana. Este primer viaje lisérgico, un viaje fantástico en bicicleta, es bellamente descrito en su libro My problem child.

Hofmann también sintetizó la silocibina del teonanácatl, el elemento sicoactivo del hongo mexicano, sin embargo, la dietilamida del ácido lisérgico tuvo mayor influencia en esos años. El hallazgo tuvo un impacto considerable en la cultura: la medicina, la ciencia y la tecnología, el arte, la filosofía, la religión y la contracultura se vieron influidas por la sustancia. El LSD impregnó el papel de la historia y logró seducir e inspirar a notables neurólogos, psiquiatras, psicólogos, pensadores, militares, programadores, escritores, músicos, pintores y otros artistas. Fue considerada una herramienta muy útil para la psiquiatría y la psicología en tratamientos de neurosis, alcoholismo, transtornos de la personalidad y enfermos terminales con resultados positivos en 35 mil pacientes. Pero su uso psicoterapéutico causó reacciones y controversias de todo tipo. Posteriormente, entre los años cincuenta y sesenta, el ejército de Estados Unidos y la CIA no perdieron la oportunidad de probarlo en busca de una poderosa arma de control mental. Desarrollaron el proyecto MK Ultra para experimentar con sus soldados y abrieron clínicas donde pagaban setenta y cinco dólares a los voluntarios. De esas pruebas salió el escritor Ken Kesey para iniciar la revolución psicodélica.

El LSD despertó un creciente interés en los catedráticos de Harvard, Timothy Leary, Ralph Metzner y Richard Alpert, quienes más tarde fundaron su instituto de crecimiento espiritual y se convirtieron en los gurús de la contracultura que floreció en los años sesenta. El ácido detonó el movimiento sicodélico y su caleidoscopio de comunas jipis, una revuelta pacífica encabezada por escritores y músicos como el gran Ken Kesey, Allen Ginsberg y Jerry Garcia. Durante la década de los 90, la sustancia fue retomada por la cultura rave

Las controversias sobre el LSD continúan hasta la fecha, así como su condición ilegal. En 1993 fue creada la Fundación Albert Hofmann con motivo de los cincuenta años de sus investigaciones. Su objetivo es difundir y hacer del conocimiento público el archivo científico y los resultados obtenidos en la exploración psicodélica de la mente. En aquella ocasión dijo: “Cincuenta años de experiencia es nada. Se requiere más tiempo para estudiar una sustancia que muestra nuevas y extraordinarias propiedades.”

Hofmann murió en 2008 a los 102 años, pero en su kilometraje acumulaba un milenio de conocimiento. En su centenario, el bioquímico gozaba de cabal salud y el prestigio de un visionario en diversos ámbitos de las ciencias y las artes. Psiconauta por motivos profesionales, su búsqueda de conocimiento lo llevó a explorar otras dimensiones de la realidad. “Desconozco espíritus distintos de los que alberga la naturaleza”, declaró al recordar que su objetivo es encontrar una medicina para el alma.

¿Otro Día Mundial de la Bicicleta?

El tres de junio de 2018, la Organización de las Naciones Unidas declaró, muy oronda, “El Día Mundial de la Bicicleta”. Fantástico. Gracias a la corrección política que campea aquí, allá y acullá, ahora tenemos dos Días Mundiales de la Bicicleta. O un nuevo día de la bici, distinto pero igual al otro, porque el auténtico y original se celebra el 19 de abril desde 1985.

¿Cuál era la necesidad declarar otro día mundial de la bici? Sepa la bola. Quizá la urgencia millenial de reinventar el mundo renombrarlo. Al leer el comunicado de la ONU al respecto, uno como cletómano sólo puede estar de acuerdo en la conveniencia de la bicicleta como un medio de transporte sencillo, asequible, fiable, limpio, ecológico y saludable. Pero todo eso ya lo sabíamos hace décadas y parece que en la ONU lo acaban de descubrir. En el breve documento apuntan los beneficios que nos aporta la rila, “el invento más noble de la humanidad” la llamó el escritor William Saroyan, pero no explican la razón para ignorar olímpicamente el día original, ni se toman la molestia en mencionarlo siquiera­. Se sacaron de la manga el nuevo y lo declaran como si hiciera falta algo que ya existía. ¿Por qué no se reconoció al 19 de abril? ¿Era necesario que lo decretara la ONU para que tuviera validez? Los responsables de este intento borraron de un teclazo 33 años de  historia del ciclismo. Como si hubieran arrancado las páginas de un libro para reescribir su versión de los hechos. Porque, ay, no se les vayan a ensuciar las llantitas de sus bicis urbanas.

El motivo es un misterio. Le he preguntado a los activistas y a los funcionarios que insisten en invitarme a sus mítines para celebrar el falso día, sin respuesta se limitan a sonreír y a justificar la causa sobre la fecha. Pero algo parece ocultarse en el “pensamiento” de una joven bicizombi que publicó en su Facebook: “al fin, un Día Mundial de la Bicicleta sin droga”. La militante hace referencia sin mencionarlo a la creación del día en 1985, cuando el investigador universitario de Illinois, Thomas B. Roberts, se inspiró en el descubrimiento del LSD el 19 de abril de 1943 para crear el Día Mundial de la Bicicleta. Y esto es lo que las personitas de mente chaparra aquí y en la ÑOÑU no toleran. Entre las buenas conciencias, varios ayatolas del ciclismo urbano suelen negar el origen lisérgico del dichoso día, tratan de evadirlo, y apoyan la nueva moción con la conciencia tranquila, aliviados “al fin” de lo que les causaba conflicto. Son este tipo de fanáticos quienes impulsaron ese fake day de la bicicleta. Los mismos impolutos y moralmente superiores que tomaron el ciclismo urbano para convertirlo en un desfile de corrección y banderín político.

Año con año tratan de ocultar la realidad sobre el auténtico día, como si fuera el motivo de vergüenza familiar cuando en realidad es un orgullo. Pero son hechos históricos documentados, y el LSD está de regreso en el campo clínico como una herramienta en el tratamiento de diversos trastornos de la mente y la personalidad. Quizá pretendan engatusar a la nuevas generaciones que ignoran casi todo acerca del siglo pasado, pero a mí me parece una gandallez que ignoren la historia para tratar de contarla nuevamente a su gusto y sin esas aristas incómodas para las ñoñas conciencias.

Días mundiales por cualquier cosa hay más de 365 al año, la bicicleta es un invento tan chingón que quizá merezca esos dos días mundiales como sus ruedas: uno auténtico, libre y relajado; otro falso, zombi e intolerante. Lo que duele como pedalazo en la espinilla es que el acervo cultural entorno a la bicicleta y el ácido lisérgico –como el libro de Hofmann, My problem child; como la canción de Pink Floyd, Bicycle; como las pinturas de Alex Grey en los Bicycle Days; y toda la gráfica fantástica del blotter art– sea relegado como una subcultura. Harán todo lo posible por sepultarlo en los sótanos más oscuros de sus conciencias. Pero ese episodio de Hofmann viajando en bicicleta pertenece a la cultura universal del ciclismo y está muy bien documentado, pese a quien le pese. Como sea, seguiré pedaleando sin activismos de por medio y festejando el auténtico y original Día Mundial de la Bicicleta el 19 de abril. ¡Ciclismo psicodélico o muerte!

*Este texto forma parte del libro Bicicletas y otras drogas; Rilas, roles y rolas de un cletómano, publicado este 2020 por la editorial Producciones El Salario del Miedo. Agradecemos al autor por las facilidades para su publicación.  

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