En la Zona Centro de Tijuana, este día parece un sábado como cualquier otro. La cantidad de gente que recorre sus calles hace creer por un momento que ahí afuera no corre ningún virus y que todos podemos caminar con tranquilidad.

Por Manuel Ayala Fotos: Joebeth Terríquez “Es lo cotidiano… tenemos que trabajar”, me dice una señora que vende reliquias e inciensos afuera de Catedral. Ahí, en las calles del Centro, la diferencia la hacen aquellos que traemos guantes o un cubrebocas, lo que nos hace recobrar la memoria que estas semanas son las más intensas ante los contagios por Covid-19. Sin embargo, el ir y venir de las personas nos dicen otra cosa a la que la gente confinada en sus casas está percibiendo.
De todo local y negocio abierto salen y entran diversas personas. En los bancos y las tiendas de electrodomésticos hay largas filas para realizar pagos. En las aceras nadie conoce a Susana Distancia y si la han visto en la tele, parece no importarles su discurso. Eso sí, todo mundo quiere venderte un cubrebocas o gel antibacterial.
Para algunos, la fe sigue moviendo montañas y se congregan afuera de Catedral para pedir perdón a Dios y recitarle sus alabanzas. Sorprende que muchos de los homeless usan cubrebocas y los paseantes extranjeros no parece inmutarles la situación; caminan las calles sin responder a ninguna de las recomendaciones que se han hecho en todo el mundo.
A varias de las personas que va fotografiando mi amigo el fotoperiodista Joebeth Terríquez parece disgustarles esa acción. Es claro que nadie se quiere ver evidenciado caminando por la calle cuando la recomendación es estar en casa. Los del Ejército de Cristo lo pretenden sermonear con la palabra de Dios, mientras otros de los homeless le piden fotografiar a los policías corruptos que a diario los andan violentando.
Hasta este sábado, Tijuana registra 176 muertes por Covid-19, pero eso no parece importarle mucho a la gente ahí afuera. Muchos quieren solamente cerveza. “Queremos pasarla bien este sábado”, me dicen un par de jóvenes en un Soriana, un poco molestos por la restricción de solo llevarse cierta cantidad de alcohol.
Así ha sido el discurrir de los días en esta ciudad fronteriza que, junto con Guadalajara, son las dos ciudades que en menor porcentaje han reducido su movilidad urbana, tan solo en un 39%, según lo mencionado hace unas semanas por el Subsecretario de Salud, Hugo López-Gatell.
Por un lado están los que tienen la necesidad y la obligación de salir a trabajar. Por otro los que, acostumbrados a los fines de semana festivos, buscan algo con que paliar la situación; aunado a los que tienen que cumplir con sus obligaciones económicas; pero también los tantos que parecieran no encontrar conciencia de la situación.
Hoy es un sábado cualquiera en la ciudad; “lo cotidiano”, como me dijera esa señora que le vende reliquias de fe a los ciudadanos. Lo cotidiano para muchos, lo extraordinario y estresante para otros tantos en casa.
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Quería ser pintor, futbolista, rockstar, boxeador, trailero, militar, cirquero, pero un día me encontré con el periodismo y se me hizo vicio. Soy coordinador de contenidos de Erizomedia.org, director de la revista Clarimonda y colaborador de la revista Playboy México. Me gusta contar historias porque también me complace escucharlas.

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