(Fragmentos) “Detonación”; Contra Cultura (menor) y el movimiento fanzine en Tijuana

Erizo Media
Posted on agosto 24, 2020, 3:53 pm
33 mins

Detonación es un viaje en el sentido estricto de la palabra. Nos traslada a un lugar lejano ya: la década de los 90. En el momento junto antes del Big Bang cultural” de Tijuana, en donde la contracultura, los jóvenes y los fanzines eran uno mismo.

Por Pedro Valderrama Villanueva

 

Han pasado más de seis años desde la primera edición de mi libro Detonación. Contra-Cultura (menor) y el movimiento fanzine de Tijuana [1992-1994] (Editorial Nortestación, 2014), una especie de microhistoria sobre los acontecimientos de la escena alternativa joven de la ciudad; desde entonces, he tratado de completar el panorama a través de algunos artículos sueltos que han aparecido en el suplemento Identidad del periódico El Mexicano (y en la antología Miradas convergentes. Ensayos sobre la narrativa de la frontera México-Estados [UABC/UCCS, 2015]) que tratan sobre la obra de algunos de los protagonistas (los miembros de la Generación Zine) que participaron en este movimiento contracultural sui géneris durante la primera mitad de los años ´90.

Aún me parece que es el periodo más rico (culturalmente hablando) en los pocos más de cien años de la historia de Tijuana; asimismo no me queda duda que tres de los escritores más singulares de la literatura mexicana (provenientes de la frontera norte) convergieron en el mismo contexto y periodo: Rafa Saavedra, Heriberto Yépez y Fran Ilich. Después de todo este tiempo, el tema aún me da vueltas en la cabeza, es motivo de algunas noches de insomnio y búsquedas (poco exitosas) de nuevos materiales para incorporar a una posible segunda edición (o tal vez escribir un libro de cuentos o una novela sobre el tema).

Gracias a la invitación por parte de Erizo Media, vuelvo una vez más sobre estas páginas y les comparto dos fragmentos breves del libro; el primero es referente al espacio alternativo conocido como Café Rave, organizado clandestinamente en las instalaciones de la preparatoria Lázaro Cárdenas, en 1993; y el segundo, es sobre la palpitante escena musical del periodo, y, como bonus track, les comparto un cuento inédito donde intento retratar el ánimo y vitalidad de los jóvenes de aquellos años. Enjoy.

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[…] dentro del revuelo del movimiento fanzine de Tijuana surgió el Café Rave. Este foro alternativo se desarrolló dentro de las instalaciones de la Escuela Preparatoria Federal Lázaro Cárdenas –semillero de importantes escritores y artistas bajacalifornianos desde su fundación–, en el aula destinado al taller de música latinoamericana, durante un brevísimo, pero productivo, periodo: entre marzo y junio de 1993. Este lugar estuvo ligado directamente a Contra-Cultura (menor), pues los asistentes a este espacio por lo general eran miembros del mismo colectivo. Una de las distintas particularidades de este espacio es que se llevó a cabo sin ninguna intervención por parte de la dirección –con Mario Ortiz Villacorta Lacave al frente de esta institución–.

Café Rave –cuyo nombre fue acuñado por el autor de Tekno Guerrilla– fue un proyecto fundado y dirigido por Fran Ilich, Luis Rosales y Pedro Valderrama, para que sirviera como un foro alternativo para explorar y presentar las diferentes propuestas de sus organizadores e invitados. La promoción de estos eventos fue a través de flyers, diseñados por Pedro Valderrama, y reproducidos en fotocopias, distribuidos principalmente dentro del plantel educativo.

Los jueves por la tarde se abrían las puertas del Café Rave para presenciar cine, video y teatro experimental, escuchar música electrónica y de otros géneros, pequeños conciertos, lecturas de poesía, exposiciones de dibujo y fotografía –cabe destacar que se realizó una exhibición con el trabajo fotográfico de Ingrid Hernández e Yvonne Venegas–. Algunos de los participantes y asistentes –varios de ellos futuros escritores, fotógrafos, editores, promotores culturales, artistas visuales y músicos– que llegaron a acudir a uno o varios de los eventos –muchos de ellos creadores también de sus propios fanzines– del Café Rave fueron: Fran Ilich, Sol-Ho, Luis Humberto Rosales, Eduardo Pajarito, Pedro Valderrama, Ingrid Hernández, Karla Martínez, Guillermo Echeveste, Ruso, Horacio Ortiz Villacorta, Aaron Krile, Claudia Morfín, Roberto Partida, Ixca López, Abraham Cabrera, Josué de la Rosa, Javier Guerra, Motta, Juan Pablo Abascal, Gustavo Pedrero, Marvin Duran, Leticia Baker, Gabriela Chollet, Astrid Fernández y Sandra Equihua, entre varias personas más.

Asimismo, acudieron en algún momento a este espacio figuras renombradas como Luis Humberto Crosthwaite y algunos miembros del Tijuana No. El registro más temprano que se tiene de las actividades dentro del Café Rave es el evento que se llevó a cabo el jueves 11 de marzo de 1993. En el flyer que se conserva de esta fecha se registran las siguientes actividades: The Rocky Horror Picture Show (1975), película de culto dirigida por Jim Sharman basada en la obra musical The Rocky Horror Show. Una obra teatral sin título fue presentada por la extinta compañía Empty Tube, cuya primera y única obra fue escrita y dirigida por Pedro Valderrama Villanueva. Ésta fue una breve pieza de corte experimental, como lo fue el caso de la mayoría de los eventos llevados a cabo en el Café Rave.

Breve sinopsis de esta obra: un personaje sin nombre aparece en el escenario sentado sobre una banca con una bolsa de papel sobre su cabeza, lee un texto de corte poético mientras come una manzana. El protagonista en esta pieza fue Aaron Krile. Además, se presentó música experimental por parte de algunos integrantes de El Taller –agrupación de música latinoamericana integrado por alumnos de la Preparatoria Lázaro Cárdenas– y asistentes asiduos al Café Rave. Por último, se leyó poesía por parte de integrantes del grupo El Hocicón Nocturno: Javier Guerra y Marvin Durán, entre otros.

Otro flyer que se conserva, fechado el 18 de marzo, indica el estreno del video experimental Ingrid (1993), de Pedro Valderrama; una cinta, de apenas 25 minutos sin sonido, cuyo personaje principal es la fotógrafa tijuanense Ingrid Hernández. El siguiente evento que se tiene registrado señala el día jueves 25 de marzo. El flyer, que también se conserva, a diferencia del primero, es pequeño, cuadrado a blanco y negro. Ahí se señalan las siguientes actividades: La película Santa Sangre (1989), de Alejandro Jodorowsky. Música en vivo de la agrupación El Taller. La presentación del grupo de rock –entre grunge y pop rock–: Cero Conducta. Una pequeña exposición de fotos por las artistas tijuanenses: Yvonne Venegas e Ingrid Hernández. Además de una muestra de dibujos realizados por Guillermo Echeveste.

Otro de los pocos flyers que se conservan señala el jueves 01 de abril –la cuarta edición del mismo–. Se indican ahí los eventos: las películas Cinema paradiso (1988), de Giuseppe Tornatore y El perro andaluz (1929), de Luis Buñuel; y la presentación del grupo de grunge Cero Conducta, además del grupo El Taller, una vez más.

Por último, durante el evento del 21 de abril se presentaron: en cuanto a cine El canto de las sirenas (1979), de Ricardo Saenz De Heredia; y la película animada You´re in love, Charly Brown (1967), de Charles M. Schultz. Música jazz experimental en vivo y la presentación del grupo The Workshop. Además de lectura de poesía.

Fran Ilich al rememorar el papel que protagonizó el Café Rave en el escenario cultural o contracultural de Tijuana, subraya algunos de sus aciertos y desaciertos, de la siguiente manera:

“El Café Rave fue uno de los múltiples centros neurales del movimiento. Un café donde casi nunca había café. Se presentó mucho material escrito, una exposición del comic mexicano, una exposición de fotografías, tal vez dos de pintura, una obra que nunca se ensayó y una película sin diálogo. Claro, aparte de su cineclub y de grupos musicales que estaban destinados a no tener futuro. Pero algo surgía, una serie de adolescentes se reunían para hacer de las suyas: en letras, imágenes y energía. Pero la necesidad creativa es una necesidad continua y dinámica, no se puede quedar en un solo lugar durante mucho tiempo. Debe seguir.”

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[…] esta intranquila escena no sólo se limitó a las letras, sino a otras manifestaciones artísticas, como la música. Durante esta época [de 1992 a 1994], existieron al menos cuatro puntos donde se hacían escuchar las más diversas propuestas musicales del momento en Tijuana.

En Mexitlán, por ejemplo, se presentaban diversas agrupaciones musicales de México y el extranjero, a donde acudía mucha de la juventud tijuanense involucrada en la escena alternativa de la localidad. Además de diversas agrupaciones extranjeras como Los Fabulosos Cadillacs, también se presentaban cotidianamente grupos del sello de discos capitalino Culebra, como: Santa Sabina, Cuca, La Lupita, La Castañeda y Tijuana No, al lado de otras agrupaciones de la ciudad como: Solución Mortal, Espécimen, Posición Ilustre, La Borrasca, Nessie y Los Mexican Jumping Frijoles, entre otras bandas.

En el mítico Iguana´s, ubicado en Plaza Pueblo Amigo durante dicha época, se presentaron grupos anglosajones de renombre internacional por primera vez en tierra mexicana, como: Front 242, Iggy Pop, Nine Inch Nails, Smashing Pumpkins, Public Image Limited, Dee-Lite, OMD, Nirvana, Pearl Jam, The Cramps, Red Hot Chilli Peppers, The Creatures, Tom Tom Club, Ramones, Soho, My Life with the Thrill Kill Kult, Jesus Jones, EMF, Mudhoney, Dinosaur Jr., Buzzcocks, Social Distortion, Joan Jet, Primal Scream, The Sugarcubes, They Might Be Giants, Cracker y The Charlatans UK, entre varios más.

Además, se realizó una tocada clandestina del grupo angelino Jane´s Adiction, en el bar Rancho Grande, ubicado sobre la Avenida Revolución. También existía el foro de La Faena Rock. En el escenario del Río Rita también era común escuchar a La Maldita Vecindad, Café Tacuba y a Julieta Venegas –quien, en esa época, ya separada del grupo No, se presentaba como Julieta y Gertrudis e iba iniciando su carrera como solista–, entre otras propuestas.

Asimismo, los espacios radiofónicos El Arca de Neón, de Octavio Hernández, el Olor del silencio y Ritmos de Ciudad, de Francisco “Tico” Orozco y Gloria González. Estos diferentes foros para presenciar grupos de rock alternativo, las distintas propuestas sonoras de la localidad y los programas de radio fueron de alguna manera el soundtrack de este periodo. Juan Eduardo Navarrete Pajarito, sobre este periodo y la escena musical, nos comparte:

“Había mucho entusiasmo, bastantes bandas de diversos géneros musicales, espacios para tocar y público. Cada fin de semana había una tocada. Los foros más célebres de esos años fueron la Faena Rock –estaba ubicada en la esquina de Madero y Coahuila en el Centro–, Mexitlán y el Iguana´s. La apertura en medios era casi nula. Los únicos programas de radio que recuerdo que apoyaran la escena de rock fueron El Arca de Neón [de Octavio Hernández] y Ritmos de Ciudad [de Gloria González]. Había la sensación de que algo más sucedería. Tijuana No, Mexican Jumping Frijoles, Glugan, Glóbulos Rojos, Espécimen, Posición Ilustre eran algunas de mis bandas locales favoritas. Un evento clave fue el concierto del 5 de mayo de 1992 en el Parque Morelos por el Festival Internacional de la Raza. Fue un momento en el que miles de jóvenes nos dimos cita y pudimos constatar que no estábamos solos, que había más gente con gustos similares en la ciudad que no creían en las ofertas prefabricadas de la televisión mexicana. El rock mexicano cobró auge a partir del apoyo de disqueras como Culebra Records de BMG [que surge en 1992], la apertura en algunos medios al ver que tal vez podría ser negocio y con el surgimiento de foros efímeros donde se realizaban tocadas y terrenazos para los conciertos masivos. Caifanes, Maldita Vecindad, Café Tacuba, La Lupita, Cuca y Fobia fueron algunas de las muchas bandas que despertaron cierto nacionalismo e interés por el rock en español. Esta amalgama de influencias –eso sin mencionar los acontecimientos políticos y sociales del momento– ayudaron a crear el ánimo para que surgiera un movimiento en la escena subterránea local. Al mismo tiempo el rock alternativo se volvió un fenómeno con bandas anglosajonas como Nirvana, Red Hot Chilli Pepers y Jane’s Addiction, entre otras, y el techno rave hizo lo propio con su propuesta electrónica.”

Miembros de Contra Cultura (menor): Antonio Zárate, Fran Ilich, Sol-Ho, Juan Eduardo Navarrete Pajarito, Luis Humberto Rosales y Mario Echevestre.

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Otro jueves de Café Rave

Para la Generación Zine

La neta ni sé cómo llegó a mis manos, pensó Marijose al toparse con el flyer guardado en la caja donde almacenaba los recuerdos de su juventud; la inesperada mudanza a otra ciudad, por cuestiones de trabajo, le obligó a desempolvar viejas cajas guardadas en el fondo del closet, entre ropa de sus hijos (que ya no les venía desde hacía más de 15 años), papeles amarillentos y revistas viejas de Notitas Musicales y Rolling Stone, recordó en ese momento que, desde el instante que le cayó en las manos aquel volante −una simple fotocopia recortada en forma de circulo que cabía perfectamente en la palma−, debía acudir, de alguna manera, a ese lugar que este flyer anunciaba, aunque eso implicara hacerse la pinta de algunas de sus clases.

Por aquella época, Marijose, como muchas de las adolescentes de su salón de la prepa, esperaba con ansia los primeros días de cada mes para que llegara al puesto de periódicos de la colonia la edición más reciente de su revista favorita, Eres. Ahí se enteraba de los chismes de sus artistas favoritas, como Gloria Trevi, pues desde aquella vez que su hermana mayor le pichó un boleto en su cumpleaños para verla en el Auditorio de Tijuana, no se volvió a perder el programa de Siempre Domingo, al lado de sus papás y sus hermanos menores, con la esperanza de verla presentarse ahí.

Fue tal su afición por la cantante regiomontana, que un día decidió amarrarse una camisa de franela a la altura de las caderas y calzar botas militares viejas muy a la usanza de la chavaliza del momento; ésta era su nueva piel. Todo esto desde luego con la desaprobación de sus papás, pero qué le iban a hacer: era una adolescente; cumplía con tareas, raramente les rezongaba, ni andaba de vaga como otras.

Una tarde de marzo, entre clases, mientras Marijose se encontraba con otras compañeras en una banca frente a su salón, chismorreando y rolándose una Eres con la imagen del grupo español Olé Olé en la portada, entre risas, se percató de un par de chavos que ya había visto antes paseándose entre los pasillos y el patio de la prepa; uno de ellos portaba una playera del grupo Nirvana, pantalones de mezclilla rotos, tenis Converse y una camisa de franela amarrada a la altura de la cintura (¡igual que ella!), mientras que la chava, además de traer el cabello cortado a la Cleopatra, usaba lipstick negro y una playera de los Cocteau Twins.

−¡Ira nomás qué fachas! ¿Ya los viste? ¡Qué raros! −señaló con desprecio una de las jóvenes que acompañaba a Marijose.

−Creo que ni son de la tarde esos chavos, son de la mañana. No sé qué hacen a estas horas por acá. ¡Par de nacos! −dijo la otra.

Pero a Marijose no le parecieron tan extraños. Al contrario, había algo en ellos que le llamaba fuertemente la atención, nada que ver con la Trevi, para nada; más allá de la ropa que llevaban había algo distinto en ellos. “¿Qué hacían ahí, si ni clases tenían a esa hora?”, pensó ella.

II

Santiago llegó temprano esa mañana al taller de música latinoamericana, aún no terminaba su horario de clases (para variar), de nuevo había faltado a Física Moderna (¡ya vería qué hacer para el examen extraordinario!); en su mente sólo le atravesaba una cosa: era jueves, la tarde cuando él y los amigos organizaban su gathering clandestino en el taller localizado sobre el gimnasio dentro de la Lázaro; no para estudiar o algo parecido, sino para organizar algo que llamaban el Café Rave que se realizaba todos jueves después de la seis de la tarde.

En cuanto cruzó por la puerta y arrojó la mochila sobre el destartalado sofá, prendió la grabadora: un poco de la Maldita Vecindad para ambientar; se dirigió enseguida a la mesa para recortar los flyers y distribuirlos más tarde entre algunos alumnos con la esperanza que acudieran caras nuevas, pues siempre eran las mismas.

También había que revisar las actividades que debían presentarse: tal vez abrirían con una película (¿Santa Sangre? ¿Slacker?), después estaba programado un número que Sasha Daniel había preparado y además un monólogo con Aarón (¡quién sabe si lo ensayó!), aderezado con café (si Huicho conseguía la cafetera de su mamá) y galletas (si es que Big John se mochaba otra vez con ellas). Le esperaba sin duda una larga jornada. Se esperó hasta un poco después de las cinco de la tarde para comenzar a repartir los flyers una vez que llegara Beatrix para que lo acompañara por el patio y los pasillos de la prepa en busca de posibles asistentes esa tarde.

III

Un fuerte ruido (esa era la mejor manera de describirlo: ¡ruido!) venía desde arriba del gimnasio de la prepa; Marijose se dirigió a las escaleras y las subió para llegar al taller de música latinoamericana. Al acercarse a la puerta, un chavo la abrió para dejarla entrar. Poca luz, posters de los super héroes de DC y Marvel cómics pegados por todos lados y lo que parecía ser: un escenario improvisado hecho a base de periódicos y al fondo de éste se distinguían las palabras pintadas sobre una sábana vieja: “ESCENARIO TERCERMUNDISTA”.

Todo muy extraño, pensó Marijose. Varios jóvenes, de todos los semestres, estaban reunidos ahí, unos diez o doce en total, algunos sentados en el suelo, otros sobre un sofá viejo, también vestidos con mezclilla, playeras de bandas de rock, camisas de franela y cabellos estrambóticos. Desde el escenario, con música de fondo a todo volumen, un chico gritaba de manera ininteligible a través de un micrófono, un discurso fatalista y, para rematar, terminó leyendo la letra de una canción punk (“Anarchy in the UK” de los Sex Pistols, supo después): “¡I am an anti-Christ/I am an anarchist/Don’t know what I want/But I know how to get it/I want to destroy the passerby…!

Tan pronto como el sol empezó a ocultarse, Marijose se retiró de ahí. Apenas intercambió algunas palabras con el chavo que le abrió la puerta, Santiago, quien la volvió a invitar para la siguiente semana, incluso “caerle” al taller entre semana cuando quisiera; también intercambió algunas ideas con el chico fatalista, Sasha Daniel, un muchacho de ideas radicales pero amable y quien además le obsequió un folleto a blanco y negro muy llamativo, Propaganda Barata.

A lo largo del happening de esa tarde Marijose se sentó en el suelo al lado de otras chicas que, como supo después, regularmente acudían ahí: Sandra, Astrid, Gaby y Letizia, muy buena onda todas ellas; muy inteligentes, inquietas. Uno de los chavos se refería a ellas como las groupies. Un poco despectivamente, pero sin la intención de ofenderlas. El ambiente ahí siempre era alivianado.

IV

Pasó casi un mes para que Marijose también se animara a participar y compartir un par de canciones en el Café Rave; Santiago le dio oportunidad de mostrar los pocos acordes que había aprendido a ratos en el taller y las incipientes letras de un par de canciones compuestas por ella misma.

Así, un jueves se reunieron las mismas caras, algunos con café en mano y con expectación en los ojos, entre sonrisas y porras, Marijose rascó las cuerdas y con más nervios que seguridad cantó. Silencio. Aplausos. Silencio. Aplausos. Sasha Daniel, después de su presentación, le preguntó si conocía la banda The Trashcan Sinatras; Marijose no sabía ni quiénes eran por aquel entonces; “suenas un poco como ellos, por eso te preguntaba”, le aclaró y se alejó.

V

Sus otras amigas poco a poco fueron quedándose atrás, fuera del convivio cotidiano en el salón de clases, se fue alejando de ellas y acercándose cada vez con más frecuencia al taller y todos los jueves al Café Rave; hasta le llegó a ayudarle a Santiago repartir las invitaciones cada semana después de la cinco de la tarde en el patio y los pasillos de la prepa. No supo cómo se las ingenió para faltar a tantas clases.

Al poco tiempo, cerraron este gathering; Santiago terminó la prepa. Sasha Daniel, por su parte, continuó haciendo sus actividades al lado de su colectivo Contra-Cultura (menor) afuera de la prepa en diferentes espacios de la ciudad, como en la Biblioteca Municipal, en la Casa de la Cultura y en algunos cafés; ahí armaba lecturas, invitaba bandas de art rock y exhibía cómics y “arte” que estos mismos chavos producían; una especie de Café Rave ambulatorio; bien loco todo el asunto.

Recordó incluso cómo un día el tal Rubén Vizcaíno, un viejo periodista de la ciudad que también le hacía a la poesía, apareció inesperadamente en la galería de la biblioteca donde Contra-Cultura (menor) había organizado uno de estos eventos; al siguiente día publicó en el periódico local una nota donde destrozó lo que Sasha Daniel y su pandilla (“¡Jóvenes insolentes!”) hacían por aquel entonces en Tijuana. “¡Provocábamos ruido!”; pensaron: si a los “viejos” no les gustaba: seguramente algo estaban haciendo bien.

VI

El tiempo pasó. Marijose también terminó la prepa. Se alejó por un tiempo de todos ellos. La vida lleva por diferentes caminos. Así debe ser.

VII

Los momentos que Marijose pasó en compañía de esas personas durante sus últimos tres semestres en la preparatoria, varias de ellas únicas e irrepetibles, alegraron sus días mucho más que la música, el cine y la literatura que también le entusiasmaron desde aquella época; pues esos días indomables de juventud para siempre le quedaron grabados en lo más profundo de su corazón. El camino que Marijose se trazó después de graduarse de ahí le alejó de su ciudad natal y de la mayoría de esas personas. El destino le tenía otras sorpresas en puerta.

Sus cassettes de la Trevi y las revistas Eres, jamás supo dónde quedaron, ¿los regaló?, ¿los tiró? Quién sabe. Poco a poco fue cambiándolos por los cedés de Jane´s Addiction y Pixies y publicaciones como Tierra Adentro, La Banda Elástica y El Centro de la Rabia.

Entre los recuerdos que Marijose aún conserva de esa época guarda aquel flyer:

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