Entre polvo y ventanales; Pita siempre viva

Erizo Media
Posted on septiembre 26, 2020, 6:35 am
2 mins

Con un lenguaje poético virtuoso, Guadalupe Amor imprimió en sus escritos una visión fatídica, cruel y desordenada de la existencia. A 20 años de su muerte, sigue más viva que nunca y hoy la recordamos presentando su obra Yo soy mi casa.

La autoproclamada hija pródiga de las letras y sucesora de Sor Juana, logró posicionarse como una de las escritoras mexicanas más influyentes del último siglo gracias a un estilo cargado de simbolismo, descripciones minuciosas del espacio y cuestionamientos filosóficos.

“Era un ciclón, un meteoro… un aguacero resplandeciente con rayos y centellas y todo. Parecía una aparición, un fenómeno, una fuerza de la naturaleza en figura de mujer”, decía Juan José Arreola.

Entre lo profano y lo inhumano

Una vieja casa familiar, la aristocracia decadente, la complejidad de los instantes y las interrogantes propios de aquel que funge como testigo mudo de la decadencia de la carne, son eventos narrados desde la visión de una pequeña niña en Yo soy mi casa, publicado en 1957.

Aquí, Guadalupe Amor explora los rincones más profundos de la narración y con una maestría lingüística inusitada da forma a cada espacio y cada rincón de su vieja casa familiar.

Transformada en niña, Amor nos invita con extraña insistencia a ser testigos de sus batallas internas y de los trágicos eventos que marcaron su infancia.

Esta obra autobiográfica trasciende el género mismo y lleva la narración al máximo, utilizando elementos altamente descriptivos capaces de evocar imágenes similares al realismo más puro.

Altamente filosófico, este libro explora el significado de la muerte y la existencia de Dios, desde una visión infantil llena de preguntas existencialistas.

Si quieres conocer más de la obra de Guadalupe Amor, puedes consultar este video:

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