Algo que definitivamente nos caracteriza a los mexicanos, es nuestra gastronomía: tacos, tortas, tlayudas, huaraches, quesadillas, etc… Plagada de sabores, colores y texturas diferentes que enriquecen y alegran nuestro paladar. Sin embargo, es cierto que hoy en día nos enfrentamos a un problema de salud muy grave: la obesidad.

Tal vez lo más preocupante es que esto afecta también a los niños y que con cada año, el índice de esto crece. Enfermedades como diabetes, hipertensión arterial, insuficiencia renal, son algunas de las que más afectan a la población. Pero ¿Qué podemos hacer ante esto?

Una forma de entender el problema es atendiendo las razones económicas y sociales que de alguna manera lo generan. Entendiendo de dónde venimos y cómo cambiamos es una buena manera de saber qué camino tomar.

En este artículo, aprenderemos un poco sobre la historia, las causas y las formas de nuestra alimentación. De la misma manera, se plantea aportar una solución para poder nutrirnos de mejor manera.

De chile, maíz y frijol

Pilares de la cocina mexicana.

Históricamente sabemos que antes de la conquista, la alimentación de las civilizaciones prehispánicas se basaba, en su mayoría, en chile para aportar sabor y color a las comidas, en frijol para darle volumen y en maíz para su complemento. Esto quiere decir que con estos tres artículos, la gente podía acceder a una nutrición óptima.

Agregando frutas como el xoconoztle, la guayaba o el mundialmente famoso cacao, podría decirse que no nos hacía falta nada para poder estar bien nutridos. Cabe recalcar que, además de sus fines alimentarios, muchas de las cosas que comían tenían un peso espiritual e incluso hasta sagrado. Pues se sabía que ciertas plantas ayudaban a limpiar el alma o daban energía de los dioses.

Con todo esto, pareciera ser que no nos tendría que hacer falta nada y que las cosas deberían quedarse tal como están. Sin embargo, existió un hecho que permitió la fusión, cambio y cierta deformación de aquello que entendíamos como cotidiano: la llegada de los españoles.

La fusión de dos mundos

¿Podríamos imaginarnos una salsa sin ajo o sin cebolla? Bueno, estos dos artículos llegaron gracias a los españoles. Desde su arribo al continente en 1492 y su posterior conquista del territorio en 1521. La convivencia con los ibéricos nunca fue 100% amigable, sobretodo si consideramos que acabaron con casi dos terceras  partes de la población.

Vacas, puercos y gallinas. Naranjas, fresas y caña de azúcar son algunas de las cosas que pudimos obtener en este intercambio cultural y gastronómico. El cacao empezó a ser dulce por la caña, el axiote obtuvo su particular sabor gracias a los cítricos y el arroz empezó a cultivarse y servirse como parte de platillos.

Probablemente, uno de los más grandes cambios que atravesó la gastronomía prehispánica, fue la introducción de grasas para la cocción de sus alimentos, pues antes de esto se hervían, se asaban al fuego o simplemente se comían crudos. La llegada del cerdo trajo consigo la utilización de su manteca, el aceite de olivo y otras grasas para la cocina.

Podríamos decir que fue ahí cuando algunos de nuestros problemas empezaron.

Independencia, reestructuración y consolidación

Pasados poco más de 300 años de su llegada y sometimiento, México empezó a querer buscar su independencia y con esto nuevas formas de alimento empezaron a surgir. Debido a las constantes luchas y diversos conflictos armados, las comidas en familia o en un hogar empezaron a mermar en la salud del nuevo país.

Ya para mediados de 1800, México era un país independiente, autónomo y consolidado. Una nación que si bien se encontraba en vías de su construcción, se encontraba más estable que hace un par de décadas. O al menos eso parecía.

Mural de Diego Rivera que retrata la historia de México.

Después de varios golpes de estado, monarquías postizas y presidentes fugaces, la consolidación estaba cerca de llegar. Benito Juárez fue uno de los que favoreció este hecho, pero fue Porfirio Díaz quien desató la segunda revuelta más importante en nuestro país y la que probablemente determinó la cultura alimentaria: la Revolución Mexicana.

En uno de los conflictos armados más violentos y con un índice de mortalidad que cada vez crecía más, parecía obvio que cosas se fueran perdiendo. Uno de los sectores más afectados fue el del campo, que tuvo que ser abandonado por los hombres para poder pelear. Sin embargo, cuando todo terminó ¿Cómo harían si no había nada para cosechar?

La industria alimentaria vio una ventaja en esto y empezó a vender alimentos enlatados, procesados y no con el mejor contenido nutricional. Después de cerca de 11 años de conflicto, en 1921, México era ya un país formado pero con muchísimas carencias, entre ellas la de la comida.

TLCAN y la llegada de transnacionales

Pasando por dos guerras mundiales de manera indirecta y con un reestructuración mundial durante la primera mitad del siglo XX, las dietas empezaron a alterarse y una fuerte influencia de parte de Estados Unidos empezó a permear de manera directa en los platos.

Dando un salto en el tiempo, llegamos al México moderno. La edad de oro, Olimpiadas y Mundial han pasado. Nos encontramos en la década de los 90 y con esta, uno de los sucesos que terminaron por culminar la tarea de alimentarnos de una manera en específico: el Tratado de Libre Comercio. (TLC). En un intento por querer abrir las puertas de México al mundo y viceversa, la llegada de empresas transnacionales fue uno de los hechos que afectó de manera negativa la forma en la que nos alimentamos

Fue así como en 1994, se firma dicho tratado y con él, la llegada de empresas como Carls Jr. , Mcdonalds, Burger King por mencionar algunas, a nuestro país. Esto afectó a la industria del campo también, pues muchos de los productos nacionales fueron sustituidos por extranjeros o debían ser exportados los de mejor calidad. Por no mencionar que las principales fuentes de energía estaban cargadas de azúcar refinada y grasas saturadas.

En otros términos, lo único que terminó siendo de primer mundo fue la dieta que intentaron y exitosamente nos impusieron.

Es así como llegamos al nuevo milenio, donde la vida se tornó ajetreada, las cenas familiares dejaron de serlo y la comida, como los cambios, se volvió rápida. Estábamos frente a un panorama de conveniencia frente a supervivencia. Sobra decir que al final, ganó la conveniencia.

Pero ¿Como culparnos? es decir, nos solucionaba la vida y nos permitía seguir con actividades de nuestra vida. Sin embargo, la dieta fue sólo uno de los factores que nos metió en el grave problema de salud al que nos enfrentamos hoy en día.

México en el siglo XXI

La garnacha: aliado de la vida urbana.

Hoy en día, existen muchas opciones con las cuales alimentarnos, pero pocas resultan ser óptimas o simplemente buenas para la salud. En un estilo de vida que nos ha sumergido en la rapidez, es difícil poder encontrar una fuente sostenible de alimentación saludable.

Además, habría que entender que el aspecto económico juega una parte fundamental a la hora de querer adquirir alimentos. Y la realidad es que los ingresos del mexicano promedio, simplemente no alcanzan para obtener una alimentación balanceada.

Es por esto que la comida rápida, aunada a los puestos de comida callejera y artículos que se venden en tiendas de conveniencia se convirtieron en la nueva pirámide alimenticia. Debido a que estos alimentos no nutrían pero llenaban y con una inversión mínima o mucho menor de lo que tendrías que hacer por una despensa.

Hoy en día, nos encontramos con uno de los problemas de salud más graves. Gente con sobrepeso pero desnutrida y al mismo tiempo muchas personas que viven en situaciones de pobreza extrema y no tienen para comer.  Pero ¿Qué podemos hacer ante esto?

Una luz al final del túnel

Una revisión detallada de nuestra dieta y una compra más inteligente de aquello que va a nuestro plato puede ser una alternativa para poder nutrirnos mejor y, de esta manera, elevar la calidad de vida que podemos tener actualmente.

Hacer rendir más el dinero que generemos puede ser benéfico no sólo para nuestra dieta pero para nuestra salud también. Escoger, comparar y poder exigir es un derecho que tenemos como consumidores y debemos hacerlo valer. 

Finalmente, es importante no tomarnos nuestra alimentación a la ligera pues puede resultar en consecuencias graves y agravar más el problema de salud que ya existe. 

Regresar a nuestras raíces, aumentar verduras y frutas aunado a la reducción de azúcares refinados, grasas saturadas y carbohidratos puede ser una alternativa para empezar.

Cuéntanos ¿Cuál es tu comida favorita?
Comentarios
Emilio Reyes
Narrador de lo cotidiano y observador de lo que hoy conocemos como particular. Amante del cine, la gastronomía, la música y el arte. Experto de nada pero opinólogo de todo.

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