Carta de amor [producto de las reflexiones de pandemia]

Erizo Media
Posted on octubre 22, 2020, 10:42 am
10 mins

Es así, no se cambia lo que pasa en el mundo, pero se intenta conseguir lo que falta, ¿no?, aunque tampoco digo que me falte mi mitad como decían los filósofos del Banquete del Platón; solo digo que uno intenta, eso es todo, intenta desde una fuerza muy adentro.

Por Andrés Acevedo

De estas calles que ahondan el poniente
una habrá, no sé cuál,
que habré pisado ya
por última vez.
Límites –
Jorge Luis Borges.

 

Seguramente Borges en su erudición me criticaría por lo que estoy por decir —nunca lo sabremos porque lo único que vive es su literatura, y sus entrevistas en YouTube, dice una voz dentro de mí—. Resulta que elegí más o menos bien este epígrafe puesto a que el poema de Borges versa sobre los límites en general, aunque bien sugiere los límites que no se acaban, muy de él, por cierto.

Pensé en él porque me gusta decir ese verso de manera dramática cuando experimento cierto tipo de emoción que nunca logro nombrar. Ya, desde el título, parece que me estoy poniendo dramático, de vez en cuando se me da —o me permito que se me dé, dirías—, y se me da bastante bien. Me pregunto qué sería si no le hubiera entrado a las novelas y me hubiera quedado solo con los libros de escuela, es decir, me pregunto cómo escribiría, qué escribiría, si acaso lo haría.

Se cerró el documento y quise forzarme a tomarlo como una señal para no escribir esto, luego me dije: sabes que se cerró porque la computadora ya anda en las últimas y no puedes tener muchas ventanas abiertas. Me viene bien escribir algo que no tenga que ver con el trabajo —ojalá tuviera que ver con el trabajo, es decir, ojalá que ser escritor fuera mi trabajo—.

Hace un par de horas, mientras me encontraba trabajando en el patio, pensé que me podía tomar un tiempo para escribir algún cuento porque tenía tiempo sin darme el tiempo para escribir de esa forma; pronto pensé que tenía que enfocarme en el trabajo, aunque, claro, también pensé que mi trabajo mal pagado no merecía tanto esfuerzo.

El punto de todo esto, es que llegué a YouTube para buscar un video en específico que me ayudaría con el curso que estoy preparando. Sí, estoy tratando de esconderme para no evidenciarme tanto, pero, más bien para que resulte —según yo— en un cuento interesante, sobre todo pienso que será fácil que me descubras y esa es toda mi intención.

Ah, sí, llegué a YouTube y me topé en la publicidad con un video titulado «Vicentico – campaña codo a codo» y me llamó mucho la atención —porque Vicentico y porque el formato— así que lo puse. Resultó ser un nuevo formato de presentación; debido a la situación actual global consiste en un concierto para una persona.

La primera canción me llevó a ti, te la dedico, búscalo. Pensé en ti por la letra de la canción pero también consideré que el encuentro entre Vicentico y su espectadora sería algo que te conmovería y que te gustaría mucho. Hablar de Vicentico me recuerda a aquella vez que por teléfono cantamos Hace falta que te diga que me muero por tener algo contigo… yo estaba lejos y tú estabas triste, por algún motivo que desconozco, en la penumbra de tu cuarto.

Ahí, lejos del romanticismo, sentí mucho amor entre nosotros; ahora reconozco que tú puedes cantarle la misma canción de amor a muchas personas; mi lógica extraña —no es excusa— no logra asimilarlo, pero una parte en mí también ubica que esa debe ser alguna expresión de tu capacidad de amar, sabe, no se sabe.

El video también me recordó a otro performance donde Justin Vernon —el de Bon Iver— canta a una sola persona Philosophize your figure, cuando vi ese video fue en la época en que solo sabía de ti cuando te veía en la calle con tu nueva pareja, entonces sentía que esa canción me quedaba y no quería que fuera así, no quería seguir filosofando tu figura. Por cierto, ese video también puedes verlo, te va a gustar, ya ves, este hábito que me dejaste de compartirnos canciones, eso ha sido —ajá, aún es— lo más difícil, no hacerlo, pues.

Siempre habrá vasos vacíos… también suena en el «Vicentico – Campaña Codo a Codo»… uuuuy, están haciendo dueto… siempre habrá vasos vacíos… qué buena perspectiva, ¿no?, siempre habrá vasos vacíos, deja de pelear con ello, me digo a mí mismo.

Por cierto, esto del codo a codo me recuerda al poema del Benedetti: … en la calle codo a codo somos mucho más que dos… definitivamente estoy experimentando un lado muy romántico-dramático. Sabes, constantemente tengo esa sensación de la estamos regando estando separados… pero, también me traen claridad los vasos vacíos.

Los límites no son malos, sobre todo cuando los encuentras una y otra vez, se aprende a mirar de cerca y sentir —también está el Gepe en la Campaña Codo a Codo— lo que se tiene que sentir.

Si pudieras elegir la calle que pisarás por última vez, ¿cuál sería?

No me muero por tener algo contigo, me vivo, en parte, para ello me vivo, aun con vasos vacíos. Apártate de mí cuanto tu cuerpo te pida ir donde tengas que ir, solo recuerda que he dejado la puerta entre abierta. Mientras voy a jugar con la vida aunque los caminos de la vida no sean como yo esperaba, jeje.

Tal vez estoy así por eso de que la pandemia ha hecho evidente la falta, pero la falta de qué, escuché el otro día. Quién sabe, quizá esa sea la tarea, darse cuenta de la falta. Óscar siempre me repite eso de los estoicos que dice: no puedes cambiar lo que pasa en el mundo, pero sí puedes cambiar tu actitud ante lo que pasa en el mundo; a veces me arrepiento de haberlo introducido al estoicismo.

El punto es que, es así, no se cambia lo que pasa en el mundo, pero se intenta conseguir lo que falta, ¿no?, aunque tampoco digo que me falte mi mitad como decían los filósofos del Banquete del Platón; solo digo que uno intenta, eso es todo, intenta desde una fuerza muy adentro, como la flamita que dijo Alberto, esa flamita que no se apaga nunca, que solo baja de intensidad y que de pronto llega alguien o algo que la hace crecer y entonces sientes que puedes iluminarlo todo. La idea es que hay que  intentarlo todo valiéndonos de esa flamita, ¿no crees?

De estas calles que ahondan el poniente, una habrá, no sé cuál, que nos sirva para decir adiós, adiós por última vez, siendo esa la intención, aunque bien sepamos que nada está escrito. Ya sabes, una de esas despedidas a las que hoy les llaman cerrar ciclos; solo así se abren nuevos y ambos sabemos que eso nos vendrían bien. Ojalá me encuentres encontrándote.

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