Aquí juegan las niñas: Molotov, cancelación y rebeldía juvenil

Emilio Reyes
Posted on agosto 03, 2020, 10:45 am
8 mins

En la era moderna, podemos encontrar una y mil fuentes de entretenimiento para nuestro consumo masivo. Desde lo más “Family friendly” hasta lo más extremo, el Internet nos ha abierto la puerta a un mundo de posibilidades sin precedentes.

Sin embargo, esta inmensidad de opciones resulta en una caja de Pandora que, en muchas ocasiones, revive equivocaciones, polémicas o asuntos que quedaron en el pasado o que simplemente, resultan en un fusilamiento mediático ante el mundo. Casos de estos existen por montones, y no es la primera vez (ni la última) que un artista, político o figura pública sufre de ataques en su contra dando así el fenómeno de la llamada “cultura de la cancelación”.

También llamada funa, la cultura de la cancelación consiste en el ataque, boicot y subsecuente “eliminación” en el ámbito social a algún personaje por alguna obra, discurso, acción (o ausencia de la misma) ante un tema en específico que generalmente es muy sujeto a controversia.

En muchas ocasiones, esta búsqueda de justicia virtual resulta en castigos justos o exhibición de malas prácticas por parte de algunas personas, pero en muchas otras, desemboca en el enojo injustificado y desmedido de la sociedad sobre hechos que en ocasiones, están sujetos a la susceptibilidad de los usuarios

En los días recientes, se dio a conocer la noticia de que usuarios de Internet (en Twitter, principalmente) querían “cancelar” el disco de la banda Molotov titulado ¿Dónde jugarán las niñas? Por su contenido… no apto para todo público.

Lanzado en 1997 y rodeado de una tremenda polémica en los primeros años posteriores a su lanzamiento, el disco tuvo un rotundo éxito en las juventudes noventeras. Teniendo himnos de estadio como “Chinga tu madre”, “Que no te haga bobo Jacobo” y, la siempre mediática, “P*to”. Molotov se posicionó rápidamente como uno de los grupos de rock mexicano más importantes, sin embargo, la fama trajo consigo una carga negativa que el grupo con mucho orgullo se encargó de portar durante los años siguientes a su carrera musical.

Como es costumbre, la velocidad a la que se difunde la información en pleno 2020 va mucho más allá de lo que algunos podríamos (o quisiéramos comprender) y en ocasiones, los encabezados obedecen al sensacionalismo más que a la búsqueda por la veracidad.

Todo empezó cuando el 17 de julio, un usuario de Twitter de nombre Jota C43 escribió la siguiente: “¿Ustedes se imaginan lo que pasaría si este disco hubiera sido publicado en esta época de la generación de cristal?”, refriéndose a la icónica portada del disco y su contenido fuerte en lenguaje; no mucho tiempo después, usuarios contestaron a este tweet con desdén, odio y en algunas ocasiones con argumentos pero, algo es cierto, generó una conversación interesante y lanzó una pregunta al aire: ¿Quiénes son la generación de cristal?

Portada del “¿Dónde jugaran las niñas? “

Con una referencia general hacia la generación Z y los mal llamados “millenials”, la generación de cristal es un término peyorativo que se ha hecho famoso en los últimos años y se utiliza para criticar la corrección política, control discursivo o cualquier otra medida que promueva lenguajes o comportamientos controlados para evitar, precisamente, la cancelación. Dicho de otra manera, la generación de cristal es aquella que se queja de todo y “no permite hacer chistes de nada”, sin embargo ¿Somos los de esta generación realmente de cristal? o ¿Será que nuestra falsa piel de acero forjada en el odio y la costumbre no se actualizó?

Molotov batalló durante casi dos años para poder vender su disco libremente, incluso teniendo que cambiar su portada, tipografía y vendiendo sus discos de contrabando para poder darse a conocer y al mismo tiempo, poder subsistir. Si bien, el tono político de sus canciones ha ido disminuyendo y ahora se han ido al lado un poco más comercial del rock, sería iluso querer borrar a la banda de la historia de la música, siendo ellos portavoces y embajadores de México a nivel musical durante parte importante de la primera década de los 2000. Iniciando la llama del despertar de conciencia, a su modo y a sus tiempos.

El arte, como concepto, existe gracias a la transgresión que puede causar y el impacto a la sociedad donde se publica, reproduce o consume, de esta manera, podemos entender que Molotov, su disco y “la generación de cristal” parten de un mismo principio: el desafío a lo establecido.

Nos guste o no, la manera de hacer y entender el arte ha cambiado. Los ojos de miles ahora se posicionan de manera omnipotente y omnipresente sobre plataformas de consumo hedonista que en muchas ocasiones poseen una brújula moral flexible y comprable. En otras palabras, censurar a Molotov o a cualquier artista cuya obra ahora pueda ser considerada como polémica sería una solución sencilla a un problema complejo: el discurso.

La libertad de expresión nace de poder decir lo que uno quiera pero también de generar un diálogo a través de ella y de esta manera, coincidir o diferir con la misma. Podemos no estar de acuerdo con lo que ha hecho o se hizo pero recordemos que cada cosa rodea una serie de factores implícitos y explícitos, tácitos e intangibles que tienen la capacidad de enriquecer aquello que suena sencillo para nosotros.

Nos corresponde juzgar aquello hecho pero nos atañe más preocuparnos por los discursos que creamos, consumimos y difundimos.

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Emilio Reyes
Narrador de lo cotidiano y observador de lo que hoy conocemos como particular. Amante del cine, la gastronomía, la música y el arte. Experto de nada pero opinólogo de todo.

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