“Amarillo no me pongo, amarillo es mi color”; A cuatro años de la muerte de Lupe Tijerina

Manuel Noctis
Posted on julio 05, 2020, 2:37 pm
16 mins

Conocí a Lupe Tijerina y Los Originales Cadetes de Linares cuando estaba morro. Se presentaron en la Plaza Monumental de Morelia, en un jaripeo-baile, como parte del festejo de aniversario de un periódico de Michoacán. Me gustaba ir a ese tipo de eventos y desde esa tarde me quedaron impregnados en el cora todos ellos y la música norteña.

El “extraño” gusto por estos espectáculos tan cuestionados hoy en día me enganchó de inmediato con la música norteña. Tenía algunos primos que se dedicaban a esto; pero sobre todo fue gracias a mi padre que desde muy pequeño aprendí a apreciar muchos de los géneros musicales, desde lo más popular hasta lo ultra refinado de la música clásica.

Mi padre, músico, tocaba en todo tipo de eventos. Además, poseía una colección inclasificable de acetatos de todo tipo de artistas que solíamos poner en el tocadiscos con mi hermano Erick, hasta que poco a poco desaparecieron o los fuimos madreando.

Éramos muy morros todavía para salir solos a la ciudad, pero nuestros padres nos dieron el voto de confianza y nos fuimos gustosos. “Los dos amigos” me quedó bien grabada; el ritmo, la melodía, la letra y el trance que me provocó aquella canción.

Homero Guerrero y Don Lupe Tijerina

Recuerdo la noche cuando regresamos a casa y le dije a mi padre que habíamos visto a Los Cadetes de Linares. No le sorprendió la noticia. Me dijo que había muchos grupos falsos que se hacían pasar por los originales y que quizá había tocado unos de esos. No comprendí que muchos grupos tocaran en distintos lados a la vez y utilizaran el mismo nombre. Se me hacía raro que eso existiera. Pero yo estaba seguro de que había visto a don Lupe Tijerina, su inigualable voz lo delataba. No hay nadie en el orbe norteño que canté esas rolas como lo hacía él.

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Don Lupe Tijerina murió el 5 de julio de 2016 mientras ofrecía un concierto en Ciudad Fernández, en San Luis Potosí. La noticia corrió primero mediante un tuit de Mario Quintero, uno de los pesados de Los Tucanes de Tijuana.

“Nuestro más sentido pésame para toda la familia Tijerina por el fallecimiento de nuestro gran amigo, colega y maestro de la música norteña el Sr. Don Lupe Tijerina, acordeonista y 2da. Voz de Los Cadetes de Linares, una agrupación que aportó muchísimo a la historia de la música norteña a nivel internacional”, decía su mensaje.

Don Lupe Tijerina – Foto: Tomada del FB de Los Tucanes de Tijuana

Después el propio grupo, Los Cadetes, lo confirmó. Se corrió la nota a través de diarios locales, nacionales e internacionales y de cuanto cabrón que sabía la importancia de esta pérdida. “Se nos están yendo los grandes”, “Se fue el segundo Cadete al mando”, “No hay Cadetes ya si no es con Lupe Tijerina”, fueron algunas de las frases que leí de amigos y conocidos a los que, sabía bien, les había pegado machín la noticia.

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A principio de los noventa, Los Cadetes de Linares no eran mis ídolos, mucho menos era fan consagrado de Lupe Tijerina. Había ido a ese evento porque había jaripeo y se presentaría un vato conocido como “El Tigre” Gaytán. De ese cabrón sí era fan.

Desde entonces disfruté totalmente esas canciones. Sobre todo, cuando en las reuniones familiares se tocaban con guitarra en mano, o cuando algún grupo las interpretaba en las fiestas de mi pueblo. Después me encontré con personas que me llevaron por otros caminos y me alejé de ese ambiente. Aunque seguía escuchando la música norteña.

¿Si había tantos Cadetes de Linares, quiénes eran los buenos? El responsable de todo este embrollo fue el señor Homero Guerrero. Gracias a su hermano mayor, él empezó a tocar la guitarra. Entusiasmado, se aventuró a tocar en fiestas y celebraciones en su natal ejido: El Popope, en Linares, Nuevo León. Pasó el tiempo y se lanzó a Monterrey a encontrar el camino que lo llevaría a la fama. Ahí formó el Conjunto Linares y en una de las tantas presentaciones conoció a Lupe Tijerina. Con él trabajó durante un breve periodo sin lograr una buena mancuerna.

Homero Guerrero y Lupe Tijerina

Después de deambular por varias ciudades de Estados Unidos, regresó a su rancho y formó entonces Los Cadetes de Homero y Samuel. Según Octavio Hernández (periodista musical) el nombre surgió de la fascinación que Homero le tenía al Colegio Militar de México, al que le hubiera gustado pertenecer. De ahí la idea de convertirse en un cadete musical (Cornucopia; Periodismo sonoro y anexas. Cecut, 2012).

El destino, en una segunda vuelta, puso de frente a Homero y a Lupe Tijerina en 1967. Ya con madurez e ideas musicales sólidas se conectaron y formaron Los Cadetes de Linares. Pero fue hasta 1974, cuando grabaron el disco Los dos amigos bajo el sello Ramex, que lograron éxito. Primero vendiendo unas cuantas copias, después cientos.

Debido al éxito obtenido, al año siguiente se presentaron en la Expo de Guadalupe, en Monterrey, alternando con Ramón Ayala y sus Bravos del Norte, el Grupo Renacimiento y Los Humildes. Notoriedad rotunda que, ahora sí, los catapultaría directito a la fama y sin vuelta pa’trás.

Portada del disco ‘Los dos amigos’

Siete años después, éxito tras éxito y presentaciones abarrotadas, el destino les hizo una mala jugada. El 19 de febrero de 1982 falleció Guerrero. Los reportes de la época señalan que don Homero manejaba el auto en el que viajaba el grupo rumbo a China, Nuevo León. Caía una intensa lluvia. Cuando quisieron rebasar un carro se impactaron con un camión de carga. Homero resultó grave y fue llevado al Hospital Virginia de Cadereyta, donde falleció más tarde. El incidente marcó el rumbo de Los Cadetes de Linares.

Después del percance, surgieron infinidad de grupos que hasta la fecha lucran y se presentan con el nombre. Todo para aparentar algún parentesco con Homero o haber sido parte en algún momento del proyecto original.

Los Cadetes de Linares de Alfredo Guerrero, Los Cadetes de Linares de Benjamín Guerrero, Los Cadetes de Linares de Félix Gallegos, Los Cadetes de Linares de Félix Cantú y Homero Guerrero Jr. y Los Cadetes de Linares, Chuy Vega y Los Nuevos Cadetes de Linares, fueron algunos de los que surgieron; pero los únicos merecedores del título y el respeto, hasta la muerte de Don Lupe, llevaban el nombre de Lupe Tijerina y Los Originales Cadetes de Linares. Comprendí entonces lo que aquella ocasión me había dicho mi padre.

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Pasaron años para reencontrarme con ese pasado norteño. Durante ese inter entre la secundaria y la prepa me atrapó una áurea dark-punk-metalera, que no me dejaba expresar al mundo mi gusto por la cumbia, la música norteña y hasta la banda. Pero fue gracias a mi hermano, con quien comencé a frecuentarme en sendas borracheras que se prolongaban en casa, escuchando a todo volumen y hasta el amanecer todos los corridos, boleros y románticas que inmortalizaron a los Cadetes.

Una noche, cuando escuchamos “Los dos amigos”, supimos que sería nuestra canción. Cuando nos extrañamos, a la distancia, solemos publicárnosla en nuestros muros de Facebook y cuando solemos reencontrarnos, no dudamos en cantarla a todo pulmón. Desde entonces, Los Cadetes nos han acompañado en todo. Incluso en la muerte de mi abuela materna cantamos “Dos coronas a mi madre”.

Esa juerga entre borracheras y corridos se expandió entonces con mis amigos José Alfredo —en su nombre lleva la penitencia— y El Wence. Con el primero me frecuentaba solo para escuchar a los eternos Cadetes después de la borrachera. Con el segundo solía ir a El Andaluz (una cantina en Morelia) para meterle un montón de dinero a la rockola y escuchar a Lupe y compañía.

Dicen que entre trago y trago se nos acaba la vida. Pero un corrido de Los Cadetes nos llenaba el alma y el corazón. Ahí se nos compensaba la eternidad.

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Los Cadetes de Linares llevaron la música norteña a lugares inigualables con éxitos como “Los dos amigos”, “Dos coronas a mi madre”, “No hay novedad”, “Cosas de ayer”, “El rogón”, “Pistoleros famosos”, “Una lágrima y un recuerdo”, entre otras. Incluso incursionaron en el cine con películas clásicas como Las tres tumbas (1979), Cazador de asesinos (1981) y otras tantas con el mismo nombre de sus rolas más aclamadas. Son actualmente influencia de la mar de conjuntos norteños.

Por eso la mañana del 5 de julio de 2016, cuando desperté para ir al jale, me pegó machín encontrarme en redes la noticia de la muerte de Don Lupe. Era el último Cadete que nos quedaba y yo lo esperaba en Tijuana. Unos días antes había visto un cartel que anunciaba su visita para dar un show. Me emocioné como no lo había hecho antes. Ni siquiera con Los Fabulosos Cadillacs o Los Auténticos Decadentes, que se habían presentado un par de semanas atrás.

Pensaba ir al baile. Quería entrevistarlo. Platicar con él. Quería contarle lo que quizá muchos ya antes le habían dicho. Quería decirle que había alcanzado el título de ídolo dentro de mi pequeño grupo selecto de personajes admirados. Pero no se pudo.

Los Cadetes de Linares

Acá en Tijuana no tengo ningún disco de Los Cadetes. Tampoco guardo algún casete y mucho menos conservo un acetato. Pero mantengo una carpeta en mi laptop repleta de sus extraordinarias composiciones. Tengo un archivo al que desde hace varios años pongo rolas de los más de 60 discos que grabaron y que sigo descubriendo con devoción.

Acá en la frontera no está mi hermano Erick, ni mis amigos José Alfredo o El Wence, para agarrar la borrachera y escuchar su legado. Pero sigo teniendo ese espíritu norteño que a la menor provocación me sale a flote en algún bar de los que suelo frecuentar por esta ciudad de la party eterna. Nomás escuchar el primer acordeonazo de “El Palomito” me prendo bien machín.

Quizá, como me dijo mi padre aquella primera y única vez que lo vi en Morelia, existan muchos grupos que usurpan y se llenan los bolsillos con el nombre de Los Cadetes. Pero ninguno de ellos igualará la majestuosa voz de Don Lupe Tijerina y ahí con eso se chingan todos.

*La primera versión de este texto, fue publicado originalmente en la revista Yaconic (CDMX), el 20 de julio de 2016.


BONUS: Si quieren adentrarse más en la historia de estos norteños, les recomiendo el libro Los Cadetes de Linares… Su Historia, del historiador regio Abel García Garza, editado por la editorial Oficio. A Abel lo pueden contactar AQUÍ.

Comentarios
Manuel Noctis
Quería ser pintor, futbolista, rockstar, boxeador, trailero, militar, cirquero, pero un día me encontré con el periodismo y se me hizo vicio. Soy coordinador de contenidos de Erizomedia.org, director de la revista Clarimonda y colaborador de la revista Playboy México. Me gusta contar historias porque también me complace escucharlas.

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