Una de las cosas más estúpidas que he hecho este año fue pensar que no iba a beber al menos en un par de meses, bien, tenía dos semanas en ese proceso de desintoxicación de la bebida pero se atravesó el ZAPAL. Uno piensa que puede ir por ahí en un festival musical al norte del país, donde el calor es espantoso, y no tomar al menos un vaso de cerveza. No, es imposible, pero lo intenté.

 

Salí de casa poco después de la una y treinta de la tarde pensando seriamente que reventarme todo el line up sin una gota de cerveza iba a ser muy complicado así que me comí una molly de mis reservas. La ex hacienda El Mimbre, recinto donde se realizó el festival está en uno de los rincones más alejados de la ciudad, al menos para mi, el Uber me cobró $110 pero lo que más me molestó fue la doña conductora tratando de explicarme el peligro de hacerse un tatuaje.

Este año la expectativa del ZAPAL fue mayor, había filas enormes de gente esperando accesar, camiones con asistentes de varias regiones del país y por supuesto, la vendimia clásica de los estelares de esa tarde: Molotov y Panteón Rococó. Seré sincero, cuando vi el cartel hace meses me pareció absurdo que este par de bandas figuraran como el plato fuerte cuando hace realmente poco tiempo estuvieron e eventos gratuitos en la ciudad. Me equivoqué. Tantos años de gira nunca son en vano.

Foto: Omar Saucedo / Vanguardia

Entré directo al pabellón cultural, un acierto enorme por parte de la organización, había un escenario pequeño donde un DJ ya pinchaba discos y más tarde se iban a presentar algunas bandas locales,  se notaba el ambiente festivo entre los asistentes que recorrían la zona, algunos de los stands seguían instalándose y la oferta era variada, desde ropa, artesanías, dibujos, libretas, revistas, playeras, libros y un espacio gamer a cargo de Whe The Force, empresa local que acaba de lanzar Randall, un videojuego del que luego les cuento. Al lado izquierdo un área con food trucks ya se preparaba y de pronto el olor inigualable del choripán llegó a mí, Zapal 2017 había ganado mi corazón.

Saludé a algunas personas y me enfilé al escenario, en el camino me encontré con una área donde había danzas, tambores, temazcal y la gente se acomodaba en el pasto para presenciar los rituales. Olía a leña quemándose, a incienso que contrastaba con el pasto. justo en ese momento sentí como el eme detonaba con furia en mi cerebro, la sed se apropió de mi y salí volando a comprar una botella de agua, seguía en mi plan de abstinencia y me iba aferrar a él por un rato.

Foto: Omar Saucedo / Vanguardia

Llegué al escenario que ya tomaban los Buffalo Blanco, me había perdido a los monclovenses de Lasola por andar de turista. La banda en escena tenía contagiados a los presentes con su energía, a pesar de ser temprano y que el sol golpeaba con fuerza había quien coreaba e intentaba brincar levantando un poco de tierra. La lluvia amenazaba pero no pasaba de ser una brisa breve que apenas alcanzaba a mojar el suelo. Encontré la zona indicada para la prensa donde algunos representantes de medios, sobre todo foráneos, ya se encontraban trabajando y ahí ocurrió la desgracia, por así decirlo: me encontré a Terror, una reportera local a quien conozco de hace casi 10 años y venía con una cerveza en la mano que en seguida me ofreció. Me negué. –¿Estás a dieta, wey?- Nel, me ando desintoxicando un poco, hago muchas pendejadas cuando estoy borracho, termino en otras ciudades o con tatuajes nuevos.

Nos quedamos charlando un rato y en punto de las 2:30 subió al escenario Tijuana No, banda longeva que en cuanto apareció juntó a un montón de gente a danzar con sus temas. Nos quejamos de la alineación algunos compañeros y yo, somos bien cagados y siempre estamos pensando que tiempos pasados fueron mejores, eso a veces no nos permite disfrutar lo que escuchamos, afortunadamente a la gente eso le vale madre y se entregaron duro a los bajacalifornianos que en algunos momentos aprovecharon para repudiar al gobierno y expresar muestras de apoyo al EZLN. Entre coros y aplausos dejaron la pista caliente.  Algo que debo mencionar y que es una de las principales quejas entre los asistentes, fue el tiempo que pasaba entre una banda y otra, no sabemos qué pedo traían en el escenario pero fue imposible lograr disminuir ese lapso.

Foto: Omar Saucedo / Vanguardia

Más o menos a las 3:15 el regiomontano Charlie Rodd hizo presencia, no había tenido la oportunidad de escucharlo con banda completa, nos acercamos un poco para poder presenciar el show con mejor ángulo y a pesar de que la gente había quedado con la euforia de la banda anterior, respondieron de una manera espectacular al la mezcla de la melancolía y felicidad que propone el regio. Terror me dijo que la acompañara por una cerveza y estando ahí pensé que sería buena idea tomarme al menos una, no pasa nada.

Ya con bebida en mano regresamos a la zona de prensa para platicar un rato con Charlie que acababa de bajar del escenario. La lluvia comenzó y esto retrasó más el proceso de montaje de la banda que venía. La gente aguantó a que la brisa pasara y Okills no defraudó, los venezolanos se cargan una vibra impresionante que invade, muchos de los asistentes no los conocíamos y quedamos con un excelente sabor de boca, antes de despedirse explicaron que el tiempo se había recortado, que los horarios tenían que respetarse y se bajaron en medio de aplausos y gritos de “otra”.

Foto: Omar Saucedo / Vanguardia

Poco a poco comenzaba a llenarse la explanada, la gente esperaba a Rebel Cats y en cuanto iniciaron los primeros acordes de Rockabilly el asunto se volvió una pista de baile gigante, la banda con 12 años de trayectoria se echó al bolsillo al púbico, yo dejé la explanada un momento para recorrer nuevamente el pabellón cultural y me sorprendió mucho ver que estaba lleno de gente también, veían a las bandas locales mientras comían o aprovechaban para comprar algún souvenir. Regresé justo cuando iniciaba el cambio de banda y cayó una tormenta que parecía no tendría fin, muchos de los asistentes intentaron aguantar pero sucumbieron y corrieron a los refugiarse donde encontraron, yo estaba escuchando la lluvia retumbar en mi cuerpo, quería correr a mojarme porque sentía la piel hirviendo pero sabía que luego iba a ser muy incómodo estar con la ropa empapada. Mejor no.

Luego de 40 minutos, más o menos, la lluvia cedió un poco y todos apresurados buscaban reacomodarse en los mejores lugares porque Litte Jesus, uno de los más esperados ya afinaba sobre el escenario. Me acerqué por otra cerveza, esta lucha ya estaba perdida, entre el efecto de la molly, las cervezas y los originarios de la Ciudad de México logrando un set espectacular, aunque pequeño, la magia se hizo presente y los escuchas nos perdimos, exigíamos más pero de nuevo los contratiempos del clima nos habían quitado canciones, vuelos. Aquí apareció Cubo de hielo, otra de las amigas que había amenazado con ir sola y la agregué al equipo: Terror, Cubo, Cubo, Terror. Nos saludamos y hablamos de la lluvia, del trayecto al lugar y de sus ganas de ver a Enjambre, no sólo de presenciarlos en acción, Cubo quería estar cerca de ellos así que saqué la otra pasta y me la tragué acompañado de una cerveza más. Vente, morra, acá llegan al rato a la rueda de prensa, pero ya no te salgas porque Pedro te va a sacar. Cabrones, Pedro es un tipo demasiado paciente y educado, en cuando se percato de la presencia extraña de Cubo la hizo abandonar el espacio de medios, me disculpé con ella pero prometí volverlo a intentar. Comisario Pantera ya sonaba y el paisaje nos brindaba una de las escenas más maravillosas que estos ojos y estas pupilas dilatadas hayan visto alguna vez.

Foto: Omar Saucedo / Vanguardia

Poeta se reportó, tenía horas en el festival pero estaba encargado de un stand, ya estaba libre pero erizo, queríamos químicos y nomás había hierbas, bueno, él quería más hierba, me enfilé a buscarle algo y me encontré con brownies mágicos, eso significada que Victoria Cake estaba rondando la zona. Date, poeta.

Jumbo es una banda enorme, 20 años de buenos temas, de letras inolvidables aparecieron cuando la tarde caía, la sierra del Zapalinamé se mostraba encantadora, coqueta y yo quería que alguien, quien fuera, viniera a mi casa a oír mis discos viejos. Hay tanto que uno le debe a bandas como la comandada por Clemente Castillo.

Foto: Omar Saucedo / Vanguardia

Mientras los regios se ganaban el corazón, o bien, reafirmaban el cariño del público, se nos anunció que Enjambre llegaría a la rueda de prensa antes de su actuación y no después como hasta el momento lo habían hecho las bandas anteriores. Le mandé un mensaje a Cubo. Morra, acércate, vienen estos batos. –Wey, me van a sacar- Nel, tú vente. Utilizando la vieja maña de “la chica ganó un concurso” persuadí a uno de los vigilantes de dejarla entrar, apenas íbamos cuando de frente y visiblemente fastidiado Pedro nos esperaba, como pudimos lo convencimos de dejarla un momento ahí, sin fotos con ellos. Ok.

Los de Fresnillo son unos tipos sencillos que bromean con la idea de ser rockstars, la música es lo primero y cuando tocaron demostraron todo ese poder que se cargan. Nunca se habían presentado en Saltillo y el público dejó claro que los esperaban, todos los éxitos fueron coreados y la gente no dejaba de aplaudir, yo fascinado con la música miraba como había personas que de la emoción comenzaban a llorar, hay bandas y temas que generan eso. Total, discutía con Poeta sobre la calidad de Enjambre cuando vi que Victoria Cake estaba cerca, la llamé, nos saludamos y la uní al grupo que en ese momento ya estaba conformado por Terror, Cubo de hielo, Poeta y Cobo. Hablamos de brownies, sacó algo de hierba que aún tenía; poeta fue muy feliz y lo agradeció con un libro.

Foto: Omar Saucedo / Vanguardia

Enjambre bajó del escenario con una energía impresionante, me apoyé en uno de los escalones que encontré y no podía verle el final a la multitud. La cifra oficial dice que entraron 12,000 personas. Me dio gusto, esta ciudad es una plaza difícil para los empresarios, las estaciones de radio no tocan más que regional mexicano o banda o pop comercial. Raro, pero ni siquiera semanas antes del festival tocaron a las bandas que visitarían la ciudad.

Cuando Panteón Rococó entró a escena el lugar se volvió un caos, no había nadie que no estuviera bailando, el team se comenzó a separar entre empujones buscando mejor ubicación, perdimos a Cobo, luego a Terror y Cubo. Poeta fumaba, incansable, yo no me atrevía a quitarme las gafas porque las luces me molestaban, Victoria Cake leía un libro en medio del desastre, nadie estábamos entendiendo nada, nos dejábamos llevar por el sonido del ska latino, por la inconfundible voz del Sr. Shenka. Yo quería una pausa, fui por una cerveza, Victoria Cake me sugirió ir por un choripán y acepté, soy un hombre fácil cuando se trata de la comida, pero no tenía hambre, sólo sed y la saciaba con más cerveza cada vez, se terminó la Indio y mucha raza enfureció, se acabaron los vasos conmemorativos pero no importó, seguíamos de fiesta, el ritual que nos había dejado lluvia y magia aún no culminaba. Desde la zona de food trucks podíamos ver el show en una pantalla. Victoria Cake se despidió de mi y me dejó brownies para el camino de vuelta.

Foto: Omar Saucedo / Vanguardia

Cuando regresé ya había terminado el set de la banda de ska, el público estaba impaciente, de nuevo la tardanza entre un grupo y otro fastidiaba, algunos comenzaban a abandonar el lugar, era claro que habían estado ahí para ver al Panteón, lo decían sus playeras, los pañuelos con los que cubrían el rosto, las marcas de sudor y tierra que dejó la hora y media de baile, de paz y baile.

Molotov inició frío, francamente pensé que iba a ir tomando calor con el avanzar del set, comencé a emputarme porque nomás no se le veía cómo, quizás ya están hasta la madre de tocar las mismas canciones una y otra vez, en el escenario no se les veía contentos, no había las clásica bromas que tienen unos con otros cuando están tocando y si a todo esto le sumamos que el sonido terminó por cagarles el show, todo era un desastre, al menos para la gente que, acostumbrada a shows y festivales, percibe el aburrimiento de los 4 tipos. Sonaba “Amateur” cuando apareció Vicky Bishop entre la multitud, ella dice que soy el chavo-ruco más chavo-ruco que conoce, no la culpo, tiene 22 años y casi no bebe. Llegó y en seguida me regañó por estar hasta el huevo, hablamos un poco más, no recuerdo si cantamos pero sé que vendió los vasos que sus amigos le habían encargado, estaba contenta, le llamaron y nos tuvimos que despedir. Apenas volvía a poner atención al show, que siendo sincero estaba más aburrido entre más avanzaba, me empujaron y vi cómo sometían a Poeta para encaminarlo a la salida, no entendí qué sucedía, Cobo se acercó a una morra policía para preguntar qué había pasado y fue sometido también, en ese momento entré en pánico, cuando uno anda intoxicado piensa todas las posibilidades de que algo salga mal y obviamente la autoridad siempre es una de ellas. Tomé la mochila de Poeta y caminé a la salida, aún llevaba una cerveza en la mano, el aire apestaba a mariguana pero mi compa tuvo la desgracia de estar fumando cuando pasaron los policías, total. Afuera se solucionó todo, lo que portaba era mucho menos de la cantidad legal y lo dejaron ir. Ni quería, he visto shows lamentables de alguna banda emblemática, eso no es nuevo, así que me despedí del Zapal tranquilamente, fuimos por tacos.

Foto: Omar Saucedo / Vanguardia

ZAPAL 2017 superó por mucho a su primera edición, la organización y las ganas se les notaban, la lluvia pudo arruinar la chamba de meses pero contrario a eso, le dio un toque fresco a una tarde calurosa, el cielo nos regaló postales espectaculares, los músicos se retiraban contentos, el público respondió y esto sin duda es un empujón para que el cartel del próximo año también sea superior. Si bien, las cosas negativas son menores, en apariencia, seguramente serán tomadas en cuenta: la zona VIP estaba mal ubicada, los baños en algún momento resultaron insuficientes, la distancia entre el área de comida y el escenario era larguísima y bueno, los detalles mínimos. Seguro el próximo año nos veremos y también estoy seguro que pronto este festival se convertirá en un referente del norte del país. Paso a paso. Igual que con el alcohol: un día a la vez.

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