Protomartyr es el epítome de una banda que no puede confiar solamente en su carisma o en la publicidad conferida: son cuatro tipos que parecen normales, pero no es así, son unos eruditos, nacidos y criados en los alrededores de Detroit —la ciudad de Francis Ford Coppola—, que se interesaron un día en tocar música, pero al parecer, ya muy tarde.

 

Formaron Protomartyr a los veinte años, sin aspiraciones de convertirse en superestrellas, o incluso, en una banda de gira mundial. Este trasfondo cultural representa la base primordial de su proyecto, y también puede funcionar como una declaración de propósitos: Casey, Ahee, Leonard y Davidson, no crecieron del todo en malas condiciones, no sufrieron la quiebra de la ciudad de Detroit, estudiaron y construyeron sus propios ideales, en paralelo a la conciencia musical del momento. Como Casey —cantante y compositor— explicó en una entrevista: “Hay suficientes bandas que escriben canciones sobre comer pizza y emborracharse —nadie necesita más de eso—, pensé que si ya nos tomamos el tiempo para escribir una canción, entonces sería mejor que dijéramos algo”.

La música de Protomartyr suele ser espontánea y sistemática, por lo que requiere cierto ápice de talento, urgencia, y un proceso metódico de composición. Relatives In Descent —el cuarto álbum de la banda—, es el resultado de esos prerrequisitos. Un disco que se maniobra en un ambiente completamente austero, hecho posible por el gran conocimiento de la historia post-punk de la banda, a la vez que se plantea cuestiones políticas y también comunes. Es una crítica severa del mundo de hoy, una diatriba golpeándote en el estómago, con algo de verdad indeseable… pero también te acaricia con la belleza de la música misma.

Tan pronto como el primer tema “A Private Understanding” comienza, encontramos a Protomartyr citando a Joy Division con esa templada batería de apertura, y tratando polémicamente, la desastrosa campaña presidencial de Trump:

 

El erudito será siempre pobre.

El oro bruto corre de cabeza hacia el patán,

no quiero oír más esas trompetas viles.

Llámame “Heráclito el Oscuro”,

llorando constantemente porque el río no se mueve,

no fluye.

Ha sido liderado por hombres sarcásticos para sacar provecho de los pobres.

No quiero oír más esas trompetas viles.

Portada del disco.

A partir de las segundas y terceras canciones del álbum, la guitarra de Greg Ahee se vuelve cada vez más oscura y lóbrega, dibujando melodías secas, envueltas por los bajos mínimos de Scott Davidson. Líricamente, la atención se desplaza de la escala global de “A Private Understanding” a la escala local, y luego familiar, en “The Children”:

 

Mis hijos,

no tengo madre.

Salieron de mi templo, todos, cuando pensé que eran de mi sien,

mis hijos

Nunca los amé,

¿por qué sentirme así, cuando su existencia es asunto mío?

 

Poéticamente, Casey coquetea con un sentimiento conmovedor, pero sigue siendo gélido, trata de encontrar constantemente injusticias o malos hábitos para plantear una pregunta y expelerla en contra. Los miembros de Protomartyr tienen buen gusto, consiguieron proyectar sus influencias al escucha sin resultar redundantes, y esta tarea es extremadamente difícil mientras se juega dentro de las coordenadas del post-punk. Los ya mencionados Joy Division, o Nick Cave y The Bad Seeds, y los primeros días de The Fall, son inteligentemente honrados a través de todo el álbum.

Por ejemplo, la tensión construida en “Windsor Hum” se resuelve expertamente con esas cuerdas de guitarra como de seda, creando una aliteración poética con el tema de la canción misma: el murmullo del río Windsor. El expediente está tan bien revisado, que haría que el mismísimo Nick Cave se sintiera orgulloso.

La segunda mitad de Relatives In Descent es más densa que la primera. Hubiera sido fácil perder la concentración o la cohesión de la misma, pero en cambio, el cuarteto de Detroit expande las fronteras de su música a la máxima potencia: el procedimiento marcial de “Up The Tower” se ve atenuado por la espectacular “Night-Blooming Cereus”, una triste balada sobre un reciente incendio en Oakland, que parece dejar que la banda pierda fuerza, forzándolos a expresar toda su entereza emocional. “Male Plague” saca a la luz un lado autocrítico y caótico de Casey, planteando este aspecto en dicotomía con los otros temas del álbum: la banda no está exonerada de los conflictos de la sociedad, sino que forman parte de ellos. Con el cierre “Corpses In Regalia” y “Half Sister”, las influencias son ya muy diversificadas, incluyendo referencias de Pere Ubu, Magazine y The Chameleons. El lirismo cínico del último tema resume el sentimiento misantrópico que impregna toda la ópera del disco, a la vez que ofrece una moraleja:

 

En el norte de Michigan

hubo un incidente en invierno,

un caballo fue alcanzado por un rayo

y comenzó a hablar en un idioma extranjero.

Cuando finalmente le entendieron,

repitió: “Los humanos no son buenos”.

Así que le dispararon detrás del establo y lo disecaron;

ahora está en exhibición, como una lección,

para que los niños siempre hagan lo mejor que puedan.

Haz lo mejor que puedas siempre.

 

Protomartyr encontró el tesoro con este disco, descubrió un equilibrio sonoro entre el New Age y el rock moderno, logrando crear su propio mundo imaginario, actual y contemporáneo como pocos. En última instancia, Relatives In Descent retrata una instantánea fría de los problemas filosóficos contemporáneos, y se convierte en uno de los mejores álbumes post-punk de los últimos años.

 

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