Juan Cirerol, el cantautor cachanilla, regresó a tierras norteñas para compartir su nuevo disco “Todo Fine” y la neta sí está algo bien.

El cantautor y señorón Cirerol estuvo en Tijuana y nosotros los erizos no pudimos faltar a su concierto. Su estilo, tan representativo del norte, es una combinación de country y norteño. Por su música se hace llamar El Profeta de Anarco Corrido, aunque algunos prefieren describirlo como el Johnny Cash mexicano.

La cita fue en Black Box, y mientras comenzaba el evento pudimos notar una ansiedad colectiva. El público gritaba su nombre, esperando escuchar el sonido de su armónica y voz aguardientosa.

Más de uno se identifica con su música porque Cirerol plasma historias personales en ella con un toque de humor negro y valemadrismo puro. Sus letras hablan tanto de amor -o desamor- como de drogas,  y esto resulta en una propuesta que el público rockero sabe apreciar.

Entre el público, unos chamacones se echaban unos tragos y comentaban que no sólo conocían su música, sino a Cirerol en persona, pues tiempo atrás llegaron a tomarse unas chelas con él. Ya entrados en la plática, nos dijeron que más que artista, Cirerol es un persona muy ¨chingona¨ porque no se rockstarea.

También pudimos identificar seguidores de las bandas invitadas. Un muchacho que se instaló frente al escenario nos comentó que para él, San Pedro el Cortez es una de las mejores bandas que ha dado la región. Este cuarteto hizo valer el tiempo de espera y salió a hacer su “desmother”, con un set de rolas que oscilan entre el garage punk y rock psicodélico.

Dejándose llevar por la música, su cantante y guitarrista, Diego Córdoba destrozó completamente su guitarra. Con sus movimientos sabrosones logró avivar el ambiente y contagiar a todo el público, logrando un gran espectáculo.

Ya cuando por fin salió Cirerol, la audiencia estaba un paso más allá de la euforia y cantaron cada una de sus canciones: Rostros Vendidos, El Asesino, La Florecilla y una adaptación de Los Tres llamada Hey Soledad,  entre muchas otras que movieron y estremecieron al público.

El chico del bandoneón corría por todo el escenario y el baterista tocaba con fuerza y pasión, mientras Juan Cirerol con su armónica y guitarra complacía a su querido público tijuanense. Cirerol, enérgico y apasionado dejó a su público satisfecho y con ganas de más, como cada vez que viene.

 

 

 

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