Tijuana se ha bautizado como “La cuna del rock” en México. Al escuchar ésta metáfora, me hace pensar en cómo fue que llegó esta pequeña esquina del mundo a acurrucar este género extranjero, antes llamado rock’n roll derivado del blues, rhythm and blues y demás variantes del folclore musical afroamericana de Estados Unidos, y darle un toque latino.

 

Tijuana, por su cercanía con Estados Unidos o como lo llaman aquí “el otro lado”,  ha tenido una combinación cultural mexicoamericana bastante fuerte. Esto se vio a notar en los años 20’s cuándo ocurrió la Ley Volstead, o Ley Seca en el extranjero, obligando a los estadounidenses venir a las cantinas de la ciudad a embriagarse.

Al ser apenas un pequeño pueblo, la ciudad se mantenía económicamente del turismo extranjero, incluso la moneda local de aquellos años era el dólar. Suena irónico decir que el consumo de la región era más sobre productos del other side que mexicano. Fue muy normal ver televisión y escuchar la radio en inglés.

La música rocanrolera era muy sonada y popular entre los jóvenes a mediados de la década de los 50’s, dejando a un lado el ritmo ranchero. Este nuevo género musical llegaba por las ondas radiales que cruzaban ilegalmente la frontera. El guitarrista tijuanense, Javier Batiz, es el precursor de traer y modificar éste género al país, ya que estuvo muy influenciado por la música de los afroamericanos que sonaban en las estaciones de radio independientes en Tijuana.

“[…] Después de las diez de la noche en Tijuana, se oía música de negros, la cual estaba prohibida en Estados Unidos, entonces para que los negros tuvieran su música allá en San Diego, tenían que rentar sus estaciones aquí; yo oía esas estaciones y eso fue lo que me hizo tocar rock and roll como toco ahorita, como negro, o sea, hablar como negro y ser como negro y todo. Y lo que pasa es que la música negra, es pues, la música que empezó el rock and roll.” (Batiz: 2007) [Fragmento de entrevista sacado del libro “Jóvenes excéntricas: cuerpo, mujer y rock en Tijuana” de Merarit Viera]

Otro suceso que sumó la llegada del Rock a Tijuana fue la visita del pianista y guitarrista afroamericano, Gene Ross, quien vino a tocar al Convoy Club de la avenida Revolución. La presencia de este artista fue el inicio de la escena rockera en la región que marcó un nuevo estilo en el país.

 

Convoy Club
“Rafa Saavedra[1] ubicó el origen del rock en Tijuana en 1957, cuando don Lauro Saavedra trajo de Nueva Orleans al pianista negro Gene Ross, que también tocaba la guitarra y cantaba el blues, para que actuara en el Convoy Club [Cow Boy] de la avenida Revolución. Gene Ross fue asesinado de una cuchillada en la colonia Coahuila en 1964, pero la aparición del músico estadounidense, maestro de Javier Batiz y de Carlos Santana, fue como un detonador y marcó el punto de despegue del movimiento rockanrolero local” (Campbell, 2014)

 

Carlos Santana, Javier y Baby Batiz

 

La famosa Avenida Revolución en el centro de Tijuana es la calle testigo del surgimiento de éste poderoso género. Bares como el Mike’s, Aloha,  Convoy Club, Blue Note, entre otros, fueron los principales centros nocturnos donde se tocaba rockanrol, en donde llegaron a presentarse bandas pioneras como Los TJ’s (Grupo donde tocaban los hermanos Batiz), Los Moonligth, Los Dug Dugs, Los Tijuana Five, entre otros.

 

Blue Note

 

Las presentaciones atraían la curiosidad de tijuanenses y extranjeros satisfaciendo sus oídos mostrando una algarabía rockanrolera en un ambiente de 24 horas sin descanso. Cuando en un bar terminaba la tocada, inmediatamente se iban a otro para continuar con el show. El rock tenía tanta demanda en la ciudad que cuando un grupo no llegaba, otra banda tenía que doblar turno, llegando a tocar hasta cinco tandas.

 

Aloha

 

Los jóvenes rockeros empezaron a tocar en tardeadas y fiestas. La mayoría eran menores de edad y eso les complicaba la entrada a las cantinas pero esto no detenía el espíritu musical que los invadía. Tiempo después convirtieron el rock’n roll una forma de generar ingresos para mantenerse en la ciudad. La mayoría de los grupos tocaban covers de las canciones estadounidenses en inglés y pocos en español.

El Mike’s a Go Go Bar se convirtió en el lugar principal entre los grupos para rockear, incluso Lupillo Barajas quien formó parte de Los Tijuana Five, a mencionado que siendo menor de edad se ocultaba entre las bocinas e instrumentos para zafarse de la autoridad y poder tocar en el bar el cual se caracterizo como “La catedral del rock en Tijuana”

Mike's A GoGo Bar

En el momento del fenómeno Elvis, comenta Jesús Hernández[2] en su libro Crónicas Tixua-Rockeras (2016), “el rocanrol se popularizó y expandió por todo el mundo”, llegando a México a la segunda mitad de la década de los 50’s, y con algunos años de retraso su aceptación inició a principios de la década de los 60’s. Los artistas rockeros de la capital modificaban las canciones populares del rock estadounidense al cantarlas en español satirizando y modificando las letras en situaciones cómicas.

Podría decirse que, rockeramente hablando, Tijuana estaba adelantada por la fluidez de la circulación de canciones y noticias que pasaban del género en el otro lado. Pero no sólo la radio y televisión ayudó a la difusión. Los puestos de revistas de la avenida Revolución vendían revistas y periódicos del rock estadounidense para estar siempre al tanto de las anécdotas musicales.

A principios de los 70’s, comenta Merarit[3] en su libro Jóvenes excéntricas: cuerpo, mujer y rock en Tijuana (2015), “el clímax del rock nacional se ve fuertemente influenciado por los ritmos que venían del norte, principalmente de Tijuana”. Gracias a esto, muchos músicos del país venían a la ciudad fronteriza para poder conocer más de cerca éste estilo musical. Aunque en Tijuana se desarrollaba y conocía fuertemente el género del rock, en el centro del país se comercializaban y los músicos podrían lograr la fama y ser rockstars.

Hablar del rock que llegó a la región y al país se convierte en un tema demasiado extenso que no cabría en una sola nota. Las anécdotas son infinitas y el género sigue evolucionando con el paso de los años trayendo nuevos estilos como el punk, grunge, shoegazing, entre otros. Sin embargo, Tijuana ha sabido criar esta corriente que ha preparado a viejos y nuevos artistas que salieron del underground. Los testigos siguen viendo crecer el rock que ha influenciado tanto jóvenes como adultos y relatando de manera breve sus experiencias, ayudando a inmortalizar este género rebelde. Y, en palabras de Batiz, “Estados Unidos nos dio la música, pero Tijuana nos dio la cuna para que los músicos de rock’n roll de México se hicieran buenos. Aquí era la escuela, la universidad: era a donde venían a hacer sus tesis y a presentar sus trabajos”.

 


BIBLIOGRAFÍA

Alcazar, P. M. (2015). Jóvenes excéntricas: cuerpo, mujer y rock en Tijuana. Estados Unidos de América: Editorial Abismos.

Barajas, Lupillo. (2008). LUPILLO BARAJAS – ANECDOTAS Y BIOGRAFÍA.  Recuperado de http://lupillobarajas.blogspot.com/

Campbell, F. (2014). Regreso a casa. Tijuana, Baja California: Conaculta.

Hernández, J. (2016). Crónicas Tixua-Rockeras. Mexicali, Baja California: Colección Editorial Baja California.

[1] Escritor, cronista y fanzinero tijuanense. Nació en el año de 1967. Fue productor de Selector de Frecuencias (a very cool radio show) fotógrafo de escenas y nimiedades, y bloguero posteverything. Falleció el 17 de septiembre del 2013.

[2] Tijuanense nacido en 1965. En 1980 creó la banda de rock Mercado Negro siendo baterista y vocalista, representando las primeras manifestaciones del punk rock local. Su primer libro es Crónicas Tixua-Rockeras sacado en 2016.

[3] Estudió en la Escuela Nacional de Antropología e Historia (ENAH) el Posdoctorado en Antropología Social. Así como también es Doctora en Ciencias Sociales de línea de Mujer y Relaciones de género por la Universidad Autónoma Metropolitana. Sus investigaciones se basan en la línea de estudios feministas, de género y estudios culturales sobre la música y la juventud.

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