El pop ensoñador y aún psicodélico del Holydrug Couple. Una reseña mas de Julio Pillado.

Desde los primeros segundos de pulsar play en cualquiera de las modalidades que escuches, el más reciente disco del dúo chileno, formado por Manu Parra en batería e Ives Sepúlveda en todo lo demás, te das cuenta de que si esperabas la continuación de su laureado 2do. LP, “NOCTUARY“ (2013), estabas muy equivocado. El teclado inicial de la primera canción “Atlantic Postcard“ nos lleva hacia terrenos más ensoñadores e introspectivos a los que para nada nos tenían acostumbrados, lo cual de entrada, ya es un triunfo.

Formado en Santiago, Chile, a mediados de 2008 y después del clásico pase por distintas agrupaciones, Ives y Manu deciden comenzar una inesperada y productiva carrera que los llevarìa a ser fichados para su segundo albúm con el afamado y respetado sello neoyorquino Sacred Bones Records, en donde no son los únicos chilenos, ya que comparten casa editora con sus paisanos Follakzoid.

Es en Europa donde se encuentra la mayor inspiración de esta nueva placa que parece ser la que no sólo los consolide como una banda con un sonido muy personal, sino que les va a quitar el incómodo e innecesario adjetivo de “los Tame Impala Chilenos“.

El french touch y el prog rock Italiano, ocupan gran parte del protagonismo en cuanto a la producción (sonando elegantes y minimalistas a la vez), incluso en los temas instrumentales suenan familiares pero ya no a los australianos antes citados, sino a contemporáneos que comparten la misma ideología (“Submarine Gold“ suena a lado B de los citados Nuevacosta). Las voces son un poco más claras e incluso hasta rozan en lo sensual y salen a relucir los nuevos referentes (Serge Gainsbourg  musical y espiritualmente está en más de la mitad del metraje). Los teclados, órganos y texturas juegan también un papel muy importante que resalta su buen gusto y nos recuerdan lo buenos que son los franceses Air y su legado es inevitable en temas como “Concorde“, “Generique Noir“ y el fabuloso single “Dreamy“.

Confieso que a la primera escucha mi sentimiento fue más de sorpresa que de admiración, pero es uno de esos discos que crece con cada escucha y sobre todo te da las buenas noches mientras te das cuenta que ya le has dado replay más de un par de veces seguidas.

Por Julio Pillado.

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