El último disco de los australianos es una inspiración para muchos y tremenda decepción para otros. Coqueteando con ambos, nuestro reseñista estrella, Julio Pillado, nos sugiere escuchar.

Muy difícil podría parecer desde el principio “aventarse el tiro” de hacer una reseña de Tame Impala, una banda que para muchos melómanos, está sobrevalorada.

Para que quede clara mi postura, el proyecto de los australianos es la firma de una sola persona: el inquieto Kevin Parker.

Después del arrollador éxito de su segundo álbum Lonerism (2012), su estatus de ser una banda cool pasó a ser una “simple” banda mainstream, pero ojo, eso lo piensan algunos. Yo no comparto ese modo de pensar del todo, y me decidí darles una oportunidad de reinventarse y adentrarse a otros terrenos distintos a los que usualmente transitan.

Desde el primer corte (y single de adelanto) Let it happen, que más que una declaración de intenciones, sugiere dejar que “dejes que suceda” y disfrutes lo que no será un viaje por el camino de siempre.

Currents es un disco con muchas texturas y teclados como el hilo conductor de gran parte del metraje. Es evidente que Kevin no le tiene miedo al pop y a los prejuicios que la gente tenga sobre dicho género (que más que un género, es una forma de ver que hay más posibilidades y posibles mezclas que cualquier otro género. Sorry rock).

El interludio “Nangs” nos da la bienvenida para aventarnos el clavado a esta alberca, donde el espíritu de Michael Jackson se hace presente, por ejemplo, en esa confesión existencial que es “Yes I’m changing” que nos propone a un K. Parker más maduro y directo.

Con la ayuda de su “nueva” inspiración, nos da algunos números que son ya del top 10 de los australianos: “New person, same old mistakes” y la inmensa “The moment”.

El disco fluye naturalmente con más interludios (los teclados burbujeantes de gossip y el outro de sitcom ochentero en “Disciples” por casi 2 minutos) y con una sensibilidad pop que parece que siempre estuvo ahí.

“Cause I’m a man” y “Eventually”, son de sus momentos más redondos, hablando estrictamente en términos de producción.

Así que si te sientes muy cool para no darle una oportunidad al sonido de Kevin y compañía, tras su inspirado regreso, te estarás perdiendo uno de los discos —te gusten o no—, imprescindibles de lo que va del 2015.

 

 

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