Vivir de los sueños sí es posible, aunque la dedicación es clave. Aquí un ejemplo, para que ustedes tampoco desistan.

 

Czar Kandinsky Borja es un tijuanense que lleva el arte en las venas. Siendo hijo de pintores, creció entre marcos, serigrafía, lápices, pinceles y colores. De niño, su juego favorito fue la pintura y el dibujo y esto no cambió con el tiempo. En la escuela, sus libretas eran álbumes creativos, una mezcla de letras y números con ilustraciones que hablaban de una mente inquieta.

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Luego como adolescente se interesó en el arte urbano y comenzó plasmar sus ideas en camisetas, gorras y stickers por medio de la serigrafía. Lo apodaban “el nini boy” y se juntaba con varios grafiteros. Fue en este ambiente que empezó a interesarse por el arte con aerosol, aunque no se animó a practicarlo en un principio.

Al cumplir la mayoría de edad, Czar dejó de serle fiel a su apodo y entró a la universidad. El tiempo ya no le alcanzaba para hacer lo que le gustaba y cayó en la rutina, pero supo escapar: “estudié comunicación y trabajé normal como godínez seis años. Ya no dibujaba, pero en 2012 retomé el arte como desestres del trabajo”.

 

Así fue como revivió su gusto por el dibujo. Ese mismo año, Borja pasó del cuaderno a la pared: “Me quité el miedo de usar el aerosol […] duré como un mes pintando solo, y ya después con unos amigos, duré como unos 6 meses pintando”.

IMG_3323Poco pasó, para que un tatuador amigo suyo lo invitara a pintar en su estudio, y como a Kandinsky desde morro le llamaba la atención aprender a tatuar, aprovechó su oportunidad y no se despegó de su compa hasta que la armó:

“No importaba cuál fuera el medio: si era por aerosol o por tattoo, que era lo que yo siempre quería hacer desde morro, tenía la idea pero no me había animado a hacerlo. El pez me invitó a su estudio en el centro, en el Pasaje Gómez,  y pinté un mural ahí. Como estaba tatuando me le pegué, hasta que aprendí” recuerda Kandinsky.

De ahí en adelante, Borja no paró de tatuar y un día, sin darse cuenta, el arte se convirtió en  una fuente de ingresos tan constante que le permitió dejar su trabajo y dedicarse de lleno al tatuaje:  “en 2013 me dediqué a tatuar, hasta que pude salirme de trabajar y ya dedicarme a puro tatuar”.

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El año siguiente Czar volvió a los murales y en 2015 viajó a la Ciudad de México para pintar, una experiencia que lo ha motivado a no soltar su sueño. Vivir de lo que ama:

“La verdad yo quiero poder seguir viviendo de esto y seguir disfrutando. Estar viajando, plasmando por todas partes, no hay límite en el mundo. Llegar a cruzar fronteras por medio del arte: visitar, conocer gente, conocer lugares, conocer culturas… llevar el arte hasta donde me lleve”.

Es por esto que él cree, y defiende, que todo es posible si uno persevera:  “Para mi [vivir del arte] era como un sueño porque yo veía a esta gente que hacía lo que a mi me gustaba, y decía ‘wow son como mis ídolos’, pero yo no me veía haciéndolo, hasta que me atreví. Creo que la práctica te va puliendo, no sé, hace dos años se me chorreaba bastante el aerosol y ahorita bien pelada hago unas líneas bien feliz”.

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El secreto, según Borja, es sacar el flow sin miedo y ponerse las pilas:  “Sigan haciendo lo suyo, siempre va haber altas y bajas, a veces estás muy inspirado a veces no. No hay que forzar las cosas. Déjate llevar y saca tu flow sin miedo. El camino está ahí, es cosa de ponerse las pilas, no desistir, hacer lo tuyo y luchar por tus sueños”, concluyó Kandinsky.  

 

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