Poco más de hora y media hicimos de fila para cruzar vía ready lane hacia la unión americana. Limpiadores de vidrios, vendedores de burritos, aguas frescas, gorditas de nata, tostilocos, tamales, raspados, churros de dulce, tejuino, entre otros munchies, fue la oferta que nos acechaba en el rodar intermitente de la espera, siendo unos elotes y un diablito lo que nos convenció para pasar el rato.

 

Era un sábado donde las locuras del recién llegado a la Casa Blanca seguían siendo la nota sobresaliente en las redes sociales. Un par de veces hice, el por casi inercia, scroll down en Facebook y Twitter, me sorprendía leer lo que venía del Medio Oriente mientras que el primer ministro de Israel, Benjamín Netanyahu respalda la construcción del muro de Trump. En Irán el presidente externaba que no era momento de construir muros a su homólogo estadounidense ¡Ah pero que rico elote en vasito degusté antes de cruzar! —¿A dónde van? A comer ¿Traen algo que declarar? Sólo que tenemos mucha hambre—. El migra echa un vistazo escurridizo e intimidante al vehículo, como si tuviera rayos equis y olfato de elefante. Chale, siempre aplican la misma los del border patrol, para terminar con un “adelante”.

El munchies sólo dio pie a tener más apetito y en nuestro propósito por tener una vida más saludable nos lanzamos a un buffet de ensaladas del cual salimos muy satisfechos, previo a dirigirnos a nuestro verdadero objetivo: pases de prensa para el show de Devendra Banhart. Freeway 805, salir en la University Avenue y después un revoltijo de vueltas fueron las opciones del imperioso Google Maps.

Qué bonito edificio el majestuoso Observatorio de North Park, lo único gacho, el clima, que era como de cuarto para refrigerar esos artículos perecederos que requieren extrema temperatura. La atención del personal fue hospitalaria así como cuando uno cae en blandito, siendo el intento por hablar en español un gran gesto de inclusión y servicio por parte del personal norteamericano del recinto.

Fotografía por Pierde Almas.

Después de hacer mi típica maña de andar de chismoso para hacer un reconocimiento del espacio donde sé que pasaré las siguientes horas, me situé en el lado izquierdo atrás del público, con una vista en el pequeño mezzanine, lo cual me pareció de mucha fortuna para tener una gran apreciación escénica de cualquier artista.

Escuché un proyecto en la apertura del concierto, nunca mencionó su nombre, de carácter muy experimental. El público aprovechaba el momento para reacomodarse y dar charla abierta como pajarillos en los árboles de algunas hermosas mañanas en primavera. Debo confesar que extrañaba el típico coro mexicano tan característico que justo en esos momentos de espera al sonoro rugir del ¡CULERO CULERO! se exige y se da la bienvenida a la estrella del rock and roll de la noche.

Pasadas las 21 hrs, hace aparición el mismísimo cantante de descendencia latina seguido de un estruendoso gritadero de féminas y uno que otra chavalo que estallaron en euforia a tan sólo verle caminar rumbo a la mitad del escenario. La reacción causó una intriga en mí para dar pie a estar atento a apreciar el show, pues a decir verdad no tenía mucho conocimiento de la carrera y discografía del artista estelar de esa noche.

Banhart inicia el show acompañado de un cuarteto de instrumentación simple, fueron un tercia de guitarra, bajo, batería y un teclado lo que daba ritmo tenue al inicio de la función. Sin tener conocimiento previo de su música, me pareció muy amena su introducción y sobre todo el término de la primera rola cuando saluda con un HOLA al público del recinto, en su mayoría veinteañeros. Pude ver un gran número de latinos seguidores apasionados por la música indie folk del cantautor de origen tejano.

Fotografía por Pierde Almas.

Después de ejecutar varias rolas y al término de una en español, Devendra se quedó sin músicos en el escenario, situado justo en medio con tan sólo una silla y su guitarra eléctrica, dando pie a un set más sutil y relajado. Alguien del público gritó ¡¡Santa María!! y él, argumentando que no se la sabía, le regaló un pedacito, improvisando un fragmento de la canción. De repente sentí un exceso de hueva que me hizo pensar en recurrir a la barra para ingerir alguna bebida que subiera los ánimos caídos, siendo un shot de tequila la elección. Al regresar al lugar donde apreciaba el concierto también regresaban los músicos, subiendo energéticamente el show de la noche, seguido de unos traguitos más, como que me ponía más en el mood.  

¡MEXICO DEBERÍA RECUPERAR CALIFORNIA! exclamó en inglés el músico entre rolas. Poco más de hora y quince duró el show en tan hermoso lugar para conciertos. Y la verdad ahora podría decir que comienzo una ruta de seguimiento a la carrera de Banhart, pues me pareció que cumplió con ciertas exigencias que siempre espero de un músico en un concierto. Creo que también tuvo mucho que ver el espacio donde se llevó a cabo, el que fuera en comparativa como nuestro glorioso teatro Zaragoza del primer mundo. Qué bonito fuera contar con este tipo de lugares en Tijuana y creo que sí podría ser posible, pues hay fondos públicos destinados para eso. Ojalá y el objetivo de gestionar los fondos concursables para la remodelación de espacios culturales no fueran vistos como negocio de easy money para los gestores y que se fuera eliminando la vieja confiable de las propinas a los diputados como pago al favor de la otorgación del recurso. Tareas utópicas para el mejoramiento de aspectos en nuestra ciudad.

En fin, hasta aquí queda mi experiencia del pasado sábado por la noche, sin contar el mega after party que me aventé en mi regreso a Tijuana, el cumpleaños de nuestro compañero y baterista de Slares, que al mismo tiempo era la fiesta de despedida de la 868, otra de esas house party que llegó a su fin en TJ, mismo party que terminó el domingo pasadas las 8 de la noche. Enhorabuena por el cumpleañero, nuestro amigo Monchito y un minuto de silencio por ese hogar que dio vida a tantas noches de alegría y buenos humos.

¡ Y salud, por las neuronas caídas en la resaca!

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