Corría el año de 1987, y justo la mitad de los 80 servía de extenso escaparate musical para muchos músicos y exponentes del undeground, desde el hardcore de D.C., el controvertido enlace del worldbeat o la música electrónica embarcándose en la producción inteligente.

 

Por Sebastián Franco

 

Dentro de todo éste panorama existía un sello que logró en momentos aglomerar todas estas músicas: Celluloide Records, disquera franco-americana, la cual en está precisa década, el legendario Bill Laswell hizo de artífice, creando un catálogo por demás abrumador.

Aunque la disquera duró casi una década, Laswell logró lanzar varios de sus proyectos bajo el sello, sobre todo con Material, entre otros álbumes producidos. Pero, a pesar de todos sus devenires sónicos, el músico lanzó en 1987 una de las placas más experimentales de su catálogo, Low Life, disco en compañía del grande saxofonista alemán Peter Brötzmann.

El disco es una suerte de improvisación –salvo el corte “Locomotive” (original de Thelonious Monk)- con la cual el dúo se hace del dominio de su propio instrumento, y cuando digo instrumento, no me refiero al bajo y saxofón de cada uno de  los miembros, sino del sonido, el cual interpreta el papel principal del álbum.

Low Life, es la furia incansable sobre el azar del momento, de la distorsión corrosiva y oxidada, de dos de los más importantes músicos dentro de la improvisación sonora. El disco se puede interpretar bajo cortes de canciones, lo cual para mí, no debería de ser, el álbum debe escucharse como una pieza unitaria, como una hegemonía sónica que cubre todo el trabajo del dúo, y que pasea entre la libertad del jazz y la improvisación, dándole entrada al silencio que aborda las con tal naturalidad que, éste álbum podría considerarse como una las piezas claves del repertorio tanto de Brötzmann como de Laswell.

Low Life, es uno de las piezas maestras y casi ocultas en el catálogo de los dos músicos, el cual se adelantó a su época, en mi opinión, fue uno de los álbumes que dejo los planteamientos sonoros que ahora podemos escuchar en otros tantos ensambles, incluso dejando que el tiempo rescate los sonidos en voz de sus ejecutores en el presente, los cuales, aunque han intervenido en otras vertientes más acústicas o incluso electrónicas, han sido capaz de revivir en momentos las pesquisas  de un Low Life, que sigue reviviendo la memoria y cruzando las barreras sonoras del presente.

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