La banda noventera de culto regresa a Tijuana para ratificar que el indie rock en español no sería lo mismo sin los discípulos que han esparcido por México.

 

Los planetas es una de esas bandas indie de culto que emociona a una selecta minoría de tijuanenses. En sus conciertos hay desde mercadólogos, documentalistas, arquitectos y abogados, sí, pero lo que gira alrededor de Los planetas son músicos. Músicos indie, músicos punk, músicos pop.

Es probable que en sus conciertos haya más músicos en el público sobre cualquier otra profesión.

De microgira por México —DF, Pachuca, Tijuana—, los españoles han decidido cerrar en Tijuana, antes de viajar a España, su país. Es la segunda vez que vienen a esta ciudad. La primera vez por gusto de algunos músicos y promotores, y la segunda ocasión también.

¿Qué ven músicos como Eric Curiel, Alex Zúñiga o Julio Pillado en una banda de granadinos que en el escenario se mueven con desgano? Unos dicen que armonía, otros hablan con nostalgia y unos más profesan casi fanatismo por las letras.

Los Planetas es una banda que no emociona a cualquiera: por un lado es la adoración de algunos músicos jóvenes y activos y por otro atiende a un grupo de veteranos de diversas profesiones que celebran los 90 sin pudor.

“Me gusta porque se parecen a Joy Division”, dice una mercadóloga que ronda los 40. “Lo mejor de ellos son sus letras”, dice un arquitecto de la misma generación. “Siempre han estado permanentes y con ellos crecí gracias a mis hermanos mayores”, dice un abogado por encima de sus 30.

Será la edad o la emoción, pero los seguidores de Los planetas apenas bailan. Jota, el vocalista de la banda, también conocido como Juan Ramón Rodríguez, apenas se aleja del micrófono y Paco Rodríguez, el baterista fundador, se mueve porque la pila no se toca de otra forma. Los dos nacieron antes de los 70. Los dos se ven agotados. Y los dos tocan soberbiamente bien.

Visto de lejos, desde fuera del escenario, Jota parece fatigado. Sentados en backstage, Jota parece que está a punto de quebrar. Le piden una foto con el resto de la banda y decide no levantarse del sillón. Hace minutos que habla y no ha notado que su camisa está llena de cenizas. La densidad de sus ojeras preocupa. Hablo de dos túneles carcomidos. Sus ojos no logran conectar con los míos.

“Llegamos al hotel a las 4;00 AM y dormí 40 minutos”, dice Jota a una groupie con camisa de Pink Floyd.

¿Es cansado ser músico? Los Planetas no dejan de girar. El disco que promocionan en esta gira se llama “Dobles fatigas” (El Segell del Primavera, 2015). El chiste se cuenta sólo. Los músicos menos grandes que se han integrado con el paso del tiempo a la banda de culto noventera, no hablan con nadie en el diminuto camerino de Black Box, que está lleno de músicos, seguidoras y comida.

¿Cuántas fiestas se requieren para alcanzar las ojeras de Jota?

Eric Ernesto Jiménez, el baterista fundador camina de un lado a otro y con todos platica: “¿Me regalas un autógrafo? Dedicado a Carlos, por favor”, y el baterista lo dedica.

Jota: “Jota, me puedes regalar una firma dedicada a Carlos?” Jota traza una J encerrada en un cuadro que apenas lo parece.

Jota tiene 46 años y un ritmo de vida quizá menor a la mitad de su edad. Mick Jagger nació en 1947 y aspiraba las cenizas de su padre mezcladas en cocaína. Gustavo Cerati nació en el 59 y mezclaba drogas como si no hubiera mañana. Jota tiene dos trozos de carne cruda y molida en la cara.

Ha habido una curiosa relación entre Los Planetas y Tijuana. Por ejemplo, que compartieron el sello discográfico Culebra, con Tijuana No!

El tiempo pasa por la cara de los músicos, por sus seguidores, pero no por el de su música.

¿Por qué los primeros éxitos de Los Planetas no se escuchan viejos?, le pregunto a Jota. ¿Cual es la fórmula? El vocalista cabeceando: “Ah, ja, hombre, buena. Ah, ja. No se, macho. Supongo que es buena música”.

Después de cerrar el concierto del sábado 5 de septiembre de 2015, el after de la banda siguió pasadas las 4:00 am.

Ese día, Los Planetas viajaron nuevamente a España.

 

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