Bocafloja no es un rapero cualquiera. Es un intelectual que maneja un discurso sociopolítico desde la poesía que tiene el propósito de estimular el pensamiento crítico. ¿Por qué lo sigue la gente?

 

Bocafloja es un rapero que ha dedicado su obra a estimular el pensamiento crítico. Es la charla de Aldo Villegas, Bocafloja, un defeño orgulloso de ser prieto. Orgulloso de ser opositor, de mantenerse underground, de ser escuchado por el barrio. Y de, aparentemente, tener la tranquilidad de un tibetano.

Bocafloja hace política desde el hip hop mientras los demás raperos mexicanos hacen hip hop como entretenimiento. Cuando otros rapean que su mujer le encontró en el celular los mensajes del Whatsapp, Bocafloja canta: “Monsanto nos bendice con su tóxico divino/La sangre no perdona su atracción por lo bovino”.

Las letras de Bocafloja no son sencillas de digerir cuando uno espera un rap menos denso y más criminal, pero eso a Bocafloja no le molesta. Prefiere un filtro para que su público cuestione el estado de las cosas.

Sentado frente a unas 100 personas que lo escuchan hablar sin música en el Festival Tijuana Interzona 2015, Bocafloja, enemigo declarado del colonialismo, de las estructuras de poder, invita al diálogo en el Pasaje Rodríguez. 

Una de las preguntas que surgen a bote pronto es algo así: ¿cómo puedes cantar lo que cantas y usas unos Nike? Bocafloja no se irrita. Ante un público que lo escucha con atención, que guarda silencio, responde más o menos así: lo que importa de mi es mi cuerpo, y todo lo que yo me ponga, incluyendo estos Jordan, pasan por una resignificación.

El mismo que le pregunta sobre los tenis americanos agrega un comentario y Bocafloja explica casi con niveles de ternura que él, como artista, que él, con toda la ropa que usa, que él, como mexicano en Nueva York, que él, como cantante de rap, es producto del capitalismo, aunque ello no signifique que lo abrace. Y dedica unos minutos a explicar que lo importante de nosotros es nuestro cuerpo y que “es irrelevante lo que usemos”.

Alguien más del público le ha preguntado a Bocafloja sobre la censura y Aldo cuenta una anécdota sin un gesto de coraje: en una entrevista para la agencia Notimex le cambiaron de contexto una declaración y en la nota se puede leer que Bocafloja aplaude las políticas culturales del gobierno mexicano, cuando en realidad explicó lo opuesto al periodista.

Bocafloja tiene mesura y atención para todos. Si le cuestionan que sus letras son estéticas, explica que usa la metáfora por cuestión de síntesis y no sólo de poética. Si le reclaman que vive en Nueva York, explica que él representa la diáspora del pueblo prieto en el mundo. Si le preguntan sobre Calle 13, dice que es bueno su poder de convocatoria.

¿Qué puede irritarle a un rapero que promueve la inclusión de género, la desconolización, el pensamiento crítico? La respuesta tiene nombre y apellido: a Bocafloja le molesta que músicos como Rafael Lechowski quieran sofisticar al rap, cuando debería ser música para todas las clases sociales.

“Esto sí es algo que me puede irritar. Gente como Rafael Lechowski que quiere hacer al rap blanco”.

A Bocafloja no le molesta que lo cuestionen. De hecho es algo que fomenta con charlas como estas. Lo que tal vez le da tristeza, más que enojo, es que los propios raperos se vuelvan agentes de entretenimiento y no de acción social. (Cuando un rapero es invitado a algún programa de televisión, el presentador le pedirá que mande a comerciales con una rima. ¿Nos hemos preguntado por qué no le pide lo mismo a un escritor?)

¿Y por qué hace hip hop alguien que tiene un discurso político? Porque domina la palabra y porque dice, con la música llega su mensaje a más gente que con la literatura. ¿Y cual es su mensaje? Que la gente tenga un pensamiento crítico y que cuestione las estructura de opresión. (Usted sabe: gobierno, transnacionales, medios masivos, establishment, machismo, colonialismo, racismo, etcétera)

Pero en el fondo, sepamos, Bocafloja hace hip hop porque esa es su manera de sanar. Bocafloja vive y nos comparte desde el rap su proceso de descolonización. Dice que dejar de ser colonial es aprender a desaprender afirmaciones, comportamientos, patrones patriarcales y la masculinidad.

Boca dice que ese proceso de descolonización no sólo es ideológico, sino también físico: uno manda en su cuerpo y uno debe sentirse orgulloso de él.

No es por nada que en Fuego, una de sus canciones, Bocafloja nos regale esta prosa:

“Un metro con ochenta y dos centímetros de historia/setenta y dos kilos de un saber desalineado”.

 

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