Con un estilo colorido e inconfundible, Leiden me recibe con un “¡Hola hermosa!”, parada afuera del camerino del Cine Tonalá, donde se presentó hace unos días, me llamó la atención ese gesto: se quedó un momento esperando algo más, no supe a quién más esperaba, pero esa mirada parecía estar fijada en un horizonte lejano.

 

Texto por Natalia Rivera Lugo

 

Su última entrega musical titulada Los muertos también dejan flores, es un disco vital donde fluyen la poesía, la naturaleza decantada en melodías y en letras íntimas que nos hacen pensar.
Confieso que siento una debilidad por sus canciones más íntimas como “Al mar”, una ranchera sencillita pero difícil de olvidar; “Hojas de Cristal” un canto melancólico a la contradicción; “Te dí mis ojos” una mirada a las esperanzas renovadas; y “Cielos de sorpresa” un trepidante viaje por honduras y cordilleras.

Leiden destaca entre muchas propuestas por la luminosidad de su instrumento musical: su voz, que es un caudal capaz de hacer agudos dulces, sonidos tenues, sonidos desgarradores, pero sobre todo por las claridades increíbles, su gusto por los scats, la improvisación en complicidad con el público y su afición por contar las historias que inspiraron sus canciones.

Me llama la atención que Leiden haya recuperado la ahora tan cautivadora “Tonada de luna llena” -un clásico venezolano- en su disco homónimo de 2014, cuando este año Natalia Lafourcade a dúo con Gustavo Guerrero hicieron una versión Gustavo Santaolallesca en su disco Musas. Es con estas canciones como las artistas latinoamericanas seducen a públicos nuevos. Gracias, gracias salvadoras.

La canción más escuchada de Leiden en Spotify es “Cuando soñaba”, una balanceada propuesta que seguro si la escuchas se quedará en tu cabeza con frases como: “¿Dónde está el fuego?, ¿Dónde está el árbol? No encuentro nada nada que antes bien me acompañaba, Dónde el delirio, dónde tus manos. Aquellas con las que te fuiste a construir escuelas y detalles”.

Intuyo que Leiden siempre ha sido intérprete, pero lo que me intriga es ¿cómo llegó a ser quién es ahora? Desde sus influencias musicales, desde su proceso creativo, desde la ropa que elige, el arte de su nuevo disco, la persona que es en el escenario y fuera de él, cómo logra fundir poesía, situaciones personales y los sucesos en sus patrias.

La entrevisté en el camerino en medio de la organización del concierto donde afuera la esperaba un público devoto que gozó de su disco recibiendo nuevas posibilidades musicales y que se sumaron con Leiden a una dinámica de orquesta humana, que fue una experiencia muy curiosa.

En la línea de los herederos musicales de Silvio Rodríguez, Leiden es un unicornio. Solo me resta decir que para esta talentosa artista los horizontes más bellos están por venir.

Leiden en La Habana, agosto de 2017. Foto: Óscar C. Frazada

—En tu más reciente producción discográfica Los muertos también dejan flores hablas mucho de bosques, de mares, ¿Es que el ambiente donde estás te ayuda para tu proceso creativo, te inspira para cantar?

Compongo en cualquier momento, puedo componer en cualquier estado, en cualquier situación, en cualquier lugar, aunque yo creo que definitivamente hay lugares mentales a los que acudo y tienen que ver con los espacios que voy creando. Me siento como alguien que piensa mucho en lo intangible, no obstante soy una persona bastante terrenal. En ese sentido le canto mucho a lo que vivo, le canto mucho a lo que es Leiden como parte de una generación donde están sucediendo cosas y me gusta cantarle a eso.

No soy tan metafísica en ese sentido, con mis canciones he decidido hablar de algo donde yo, como todos los que puedan escuchar, se puedan sentir involucrados porque es algo que les está sucediendo, para así contribuir a analizar las cosas de una manera distinta, a lo mejor reaccionar ante lo que está pasando, en ese sentido soy más terrenal.

Yo siento que hacer canciones es algo que tiene que tocar, que tiene que venir desde tu más profundo centro, yo intento muchas canciones posibles, muchas canciones llegan en su momento, y siento que esa es de la manera más adecuada y congruente.

 

—Cuéntanos de las inspiraciones de éste nuevo álbum…

Este disco es mucho más conceptual que el anterior, por ejemplo, trabajé con Samantha Zothós que es una artista visual increíble que me hizo el arte de este proyecto y es la que mejor entiende mi universo y mi discurso en el lenguaje visual. En esta propuesta trabajé desde la conceptualidad, específicamente tiene que ver con una idea de la que estoy convencida, que es la circularidad del tiempo, no hay un principio, no hay un final, sino que todo retorna, vivimos en un eterno retorno, nosotros vamos re semantizando según nuestras características particulares, en su generalidad está construido en este concepto, en la música, en las letras, el arte gráfico, el disco gira en torno a esas ideas. La canción comienza con un final muy emocional “Todo se incendia” y termina con un principio “Te dí mis ojos”.

—Háblanos de tus artistas musicales preferidos en esta etapa que atraviesas.

Soy muy ecléctica, pero vuelvo mucho a mis clásicos que son Lhasa de Sela, es uno de mis referentes orgánicos, quiero decir esos referentes que están más conectados a mi centro creativo emocional, por su puesto Björk siempre va a ser uno de mis referentes, Silvio Rodríguez, Violeta Parra son mis grandes figuras.

De mis colegas actuales, hay una chica chilena que se llama Camila Moreno que me emociona mucho, me parece que una artista musical de estos tiempos, valoro mucho a los artistas que no temen arriesgarse y a ser sus propios transgresores.

Yo me considero mi propia transgresora, artistas como Camila me parece que encarnan muy bien esta idea. Me gusta mucho Lalá, acá en México Juan Manuel Torreblanca, quien además es uno de mis grandes amigos y colaboradores, él cantó conmigo con la canción “Al mar”.

 

—Me llamó la atención que como muchos artistas recientemente incorporan en sus propuestas piezas muy íntimas, como tú canción “Te dí mis ojos”, la primera vez que la escuché iba caminando viendo el mar y quizá por eso me llegó más hondo la melodía, tu voz, quiero decir con esto, que me sorprende que logras conectar mucho con los ambientes naturales y las emociones, esa conjunción que no es fácil de lograr…

Qué curiosa percepción. Definitivamente hay algo de la playa muy fuerte en mí, mis dos ciudades, quiero decir dos de las más importantes para mí, donde me he desarrollado, colindan con el mar: La Habana y Tijuana. Los diez años que viví en cada una están muy presentes, para mí el mar es una constante, es un sitio que de una u otra manera regreso, es un mar en el que siempre pienso.

No lo había platicado nunca, pero por ejemplo es muy recurrente en mis borracheras, me viene este pensamiento que nada tiene que ver con el momento, pero siempre digo: ‘Güey ¡Sí solo ahorita estuviéramos cerca del mar!, ¡Vamos a imaginarnos que estamos cerca del mar!’ (carcajadas).

 

—Encontré en mi investigación, casi como detective, que estás muy involucrada con causas sociales y tienes compromiso social muy fuerte, incluso desde mucho antes que te dedicarás de lleno a la música. Háblanos de la relación entre ese activismo y de tu canción “María Revueltas” que hace eco de esa parte tuya.

Fíjate, es bien curioso, mi primera carrera fue sociología, que estudié por un interés y un compromiso. Desde que vivía en Tijuana, cuando tenía como 16 años empecé a involucrarme de una manera muy comprometida, muy genuina con una ONG que abogaba por los derechos de los trabajadores de maquiladoras. Nosotros repartíamos folletos a los trabajadores sobre sus derechos laborales entre muchas otras acciones.

A partir de esa relación me empecé a involucrar con el movimiento zapatista, aquí había un cierre del frente, estudiábamos constantemente porque era una responsabilidad que tenía que ver con una frecuencia semanal, con reuniones y acciones coordinadas a nivel nacional e internacional, etc. Esa fue una de las razones que me hicieron estudiar la carrera de Sociología, a pesar que sabía que mi relación con la música sería inminente y que sería una relación de toda la vida. En ese entonces no era compositora, aún no sabía hacía dónde iba el rumbo de mi vida.

—Gracias por recibirme en tu camerino, en éstas circunstancias, sé que la preparación a la presentación de tu disco es algo muy importante, lo aprecio bastante, además que veo que tú eliges tu ropa, tú te maquillas, tú te preparas tu cabello, que tienes tus aretes favoritos, observo que tienes bien aprendidas esas técnicas, evidentemente tienes un estilo muy particular… ¿Siempre te ha gustado mucho esto de la moda y de adornarte?

La verdad que sí, me gusta crear al personaje, siempre me ha encantado, yo me considero una artista escénica, además de compositora, y de activista como lo que hablábamos ahorita, yo me siento una artista de los escenarios, que está contribuyendo a este fenómeno.

También me gusta diseñar escenografía, sobre todo estas cosas relacionadas con la propuesta estética, las hago pensando en una simbiosis entre México y Cuba que son las dos patrias donde me he desarrollado.

 

—Aprovechando que tocas ese tema, ¿Cómo llevas eso de tener dos patrias en el corazón?

Tuve que hacer las paces hace unos ocho años, yo no tenía tan claro donde estaba el eje de mi sur, de mi norte, si acá o en la isla, finalicé mis estudios en Sociología en La Habana y ese viaje, fue tan importante para mí, primero porque allí compuse mi primera canción, que se llama “Beso y Pájaro” que no está en un disco, pero sí la puedes encontrar en YouTube en los anales de la historia de Leiden.

Esa canción a mí me quebró muchas de mis fronteras y me encontré con una parte de mí que no sabía que existía y que podía desarrollar, esta faceta como autora, como compositora, porque cantado e interpretado lo he hecho desde siempre, en esta ocasión fue importantísimo, puesto que no sabía que tenía tantos nudos internos y en ese momento de creación sentí que los nudos se desenredaban y los ví subir al cielo como globos rojos liberados, en ese instante me dije: ‘Guau, esto es lo que voy a defender el resto de mi vida’ y partir de ahí empecé en este camino.

Esa estancia de dos años en Cuba fue muy importante, la otra razón que fue trascendental para mí es que pude hacer las paces con la Leiden binacional, con la Leiden que responde a dos patrias.

—Finalmente, me gustaría saber para ti como artista y como persona, ¿Qué significa, qué representa para ti esta ciudad?

Tijuana siempre me ha inspirado mucho, es una ciudad que me relaja, a pesar que estéticamente hay muchas personas que la catalogan como una ciudad fea, hablaba de eso hoy, una persona que iba conmigo dijo: “¡Ay Tijuana tan fea como siempre!”, yo dije: ‘A pesar de los pesares, yo siempre le encuentro un atractivo increíble’, a mí Tijuana me parece atractiva, energética, sui generis, y eso es algo que valoro mucho de esta ciudad.

Representa todo eso para mí y es una de las ciudades que me ha dado muchos incentivos para seguir haciendo lo que hago, para aventarme al vacío. Tijuana es una ciudad que vive al límite, que no tiene una estructura, siento que no asume ninguna estructura, pero a pesar de eso camina constantemente, eso es una experiencia de vida.

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