El auge tremendo de los espacios B.Y.O.B (Bring Your Own Beer) tocó tierra hace casi 4 años en Saltillo. Estudio Lomelí inicia en noviembre de 2013 como un proyecto individual del artista Adair Vigil buscando un espacio para el desarrollo de un estudio de producción artística abierto a la comunidad creativa y al público en general.

 

Luego de años de pausa a causa de la guerra y de la desbandada de espacios hacia el norte de la ciudad, el estudio rescata un lugar inspirador que ofrece arte en cada rincón del piso cinco del viejo edificio ubicado en la calle de Allende en el mero Centro Histórico. Había tenido la oportunidad de estar ahí varias ocasiones, todas relacionadas con las agujas y la tinta. No les miento, ahí se ofrece desde tatuajes, lecturas, gráfica, moda, talleres de yoga, torneos de vencidas, muestras de videoarte, ferias del libro y la caguama y de vez en cuando fiestas salvajes, como la del sábado.

El fin de semana pasado se llevó a cabo el primer Penthouse ofrecido por Estudio Lomelí donde estuvieron presentes algunos DJ, un cantante de Trap y por supuesto, más de un centenar de bailadores y bailadoras improvisados.

Quedé de verme con Vicky Bishop media hora antes en una taberna a media calle del estudio, Vicky anda no bebiendo así que me acompañó con agua mineral mientras yo destapaba la primera Carta Blanca de la noche, hicimos algo de tiempo para luego encaminarnos al evento, de paso llegué al SEVEN de la esquina y me hice de un 12 para refrescar la noche, olvidé que una hora antes me había tomado un ansiolítico así que después les cuento cómo me fue.

Noche de fiesta

Luego de subir no sé cuántos escalones, entramos, nos recibió Adair, el mero mero del lugar. Qué pedo. No mames, ya arreglen el pinche elevador. Luego se arma. Adair – Vicky – Vicky – Adair. Miré y ahí estaba Yoga on fire, una instructora que conocí hace poco en otro venue. Hey, no sabía qué eras tú. Cómo te va. Mira, Yorch. Ah, ya nos conocemos. Chido. Nos acomodamos en una de las ventanas, la vista es maravillosa, Tomé unas fotos y abrí una lata. Adair volvió. Les voy a poner un sello. Te traje un libro. Ah, chingón, muchas gracias, pásenla chido. Nos puso un sello y se fue. Aún no había Djs en acción pero la música estaba agradable para echar la plática.

A este proyecto, a finales del 2014, se sumó el artista Vinicio Fabila y a principios de 2016 el artista Ramiro Rivera. A ellos también se le unió la diseñadora de modas Adriana Villalpando de quien luego les cuento un proyecto que se carga. Por ahora ellos conforman el team encargado organizar el espacio y mantenerlo activo. Siempre es de agradecerse gente que siga entusiasmada con ofrecer algo distinto en esta ciudad.

El primero en escena fue un dude que se hace llamar Picuy Soto, se carga bases muy versátiles entre hiphop y trap, por ahí soltó algo de reggaetón, por cierto, es bien raro que alguien más alto que yo se pare frente a mí en los eventos y está ves sucedió, una morra altísima bailaba justo frente a mí. Total, el man soltaba poesía, buena lírica y la gente se entregaba a la danza. Cuando terminó me fui por un mezcal a la barra improvisada donde Ramo atendía, agradecí la cortesía con un toque que traía guardado, ya saben que a mí no me gusta esa madre. De regreso tomé algunas fotos de la gente y me encaminé al lugar que ya tenía dominado no sin antes comerme un eme que raspó la garganta mezclado con el mezcal. Rafael Rosell quién podría llamarse el DJ residente del lugar, ya ponía ambiente, todo estábamos bailando, “Esta noche somos nosotros” dice una chica su acompañante. Me gusta cuando la gente explota y rompe las barraras, la subversión de la individualidad domina. El espacio es pequeño y somos muchos. La pastilla había hecho efecto. La música empezó a sonar más fuerte, y las luces parecían llevarnos al ritmo de lo que sentía. Nada de preocupaciones, todo pasaba por nuestras piernas que parecían estar adormecidas y aún así se movían. Este tipo es muy bueno y en la ciudad hay gente con cultura electrónica que sabe apreciarlo.

Noche de fiesta 2

Cuando Rosell terminó el set, caminé junto a él para preguntarle qué le había parecido. Algo apresurado, pero está chingón tocar aquí. Eran necesarias estas fiestas. Sí, afortunadamente ya hay más espacios, 280, República, Alameda, todos nos conocemos pero Estudio Lomelí es parteaguas en la ciudad. Y sí, todo inició con la intención de la experimentación con la gráfica y el sonido. Las razones, le pregunto luego a Adair. Pues porque es más sencillo, no tenemos que montar una batería y traer un chingo de cosas, unas buenas bocinas y buenos bajos, basta con eso. A dos metros de nosotros una chica de combat bots le pide fuego a otro chico. En cuestión de segundos el aroma dulce del cannabis flota en el aire.

Peet Zajot tiene el control ahora, vuelvo con Vicky y le digo que hay una fiesta en otro lado, que en un rato nos vamos, pero no quiero. Todos se abrazaban, llega Palafox y me alegro de verla, últimamente me entusiasma encontrar a gente que acabo de conocer. Había un clima de amor y fiesta. Las horas pasaban, pero no importaba. Las latas se fueron vaciando, las botellas de Jack Daniel’s que había visto llegar nuevas ya se acomodaban en algún rincón del sitio, los bajos tronaban en los sentidos de los poco más de 120 asistentes, y pedían más. No tenían en cuenta la hora porque la diversión era constante. Entre sorbo y sorbo llegaba el final, una noche distinta y única.

Todavía hoy hay quien discute si los DJ’s hacen música o si sólo aprietan botones. Que se haya instaurado un debate alrededor del status de la electrónica demuestra la importancia que adquirió. No pude no inmiscuirme en una discusión cuando regresaba del baño y es que es algo que puede remontarse hasta mediados de los años 70, cuando la música disco despertaba resquemores en los sectores más “puristas” del ambiente. La cultura rock siempre fue pensada como una actitud de enfrentamiento a los cánones establecidos de lo que es el mundo. Un ritmo bailable y divertido generaba desconfianza. A la cultura rock le costó procesar lo que estaba sucediendo. Cuando la electrónica mostró su gran capacidad de convocatoria, la polémica se hizo aún más radical, poniendo en cuestión si se trataba o no de un producto artístico.

Vista desde Estudio Lomeli

Mientras yo andaba filosofando sobre botones y sintetizadores Ángel Carnavalli traía un desmadre bien hecho, todos rebotaban con ese áspero ruido que toma forma de ritmo. Es monótono, como si nunca pretendiera terminar. Una banda de Moebius, que logra armar una lucha entre el ensueño y la vigilia dentro de este lugar, que, seguro en aquel Saltillo conservador de hace décadas (o de ayer) también albergó reuniones salvajes. Venga, siempre hemos sido esa sociedad deblomoralina, es de celebrarse que este tipo de reuniones no carguen con ningún prejuicio. Le pregunto a una morra que choca contra mí que cómo la va pasando. Es otra vibración, contesta, otra experiencia sensorial, eso es lo que me gusta de la electrónica que te da eso con un loop. Me retiro contento, con eso dijo todo, pienso. Más tarde me toco la cara porque no la siento, le digo a Vicky Bishop que fuga, ella debe llegar a casa y yo aún quiero aventurarme en otra fiesta.

Ubicado en el centro de Saltillo en el quinto piso del Edificio Lomelí, desde donde se domina un paisaje de vista inspiradora, el estudio es ya un punto de encuentro que busca generar relaciones para potenciar la creatividad de artistas visuales, diseñadores, músicos y escritores que continuamente visitan el espacio para intercambiar ideas o simplemente pasar un buen rato acompañados de buena música. No me despido de nadie, cruzo miradas solamente, busco a Yoga on fire para decirle adiós pero a esa hora ya hay mucha gente, los lentes de sol que antes parecían inamovibles, ahora se caen o se acomodan entre el cabello y los brazos se alzan. La chica alta, que antes supe estaba de visita de la Ciudad de México no ha dejado de bailar junto a su amigo. Le doy un último sorbo a mi cerveza. Todos celebran. Se agitan. están lentos, o quizás así los veo. Aún ningún sol encandila ahí adentro pero las luces artificiales hacen lo suyo y lo consumido también. Como esquiadores frenéticos, los cuerpos se liberan y bailan. Bailan y bailan. Hasta que el hechizo se rompa, pero lejos de ahí.

LOMELÍ NIGHT from Diego G on Vimeo.


Fotos y video de Diego-G.

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