La legendaria agrupación argentina de punk rock  “2 minutos” abandona el escenario en pleno show  tras una riña entre seguridad y asistentes. 

La noche del 31 de junio regresó a Tijuana después de dos años, la legendaria banda “2 minutos” con casi 30 años de trayectoria en su “Cachi 30 tour” y por motivo del 9no aniversario de Tj Art & Rock Café, que fue donde se armó el show. Todo comenzó a partir de las 6 de la tarde pues antes de la banda estelar tocarían 6 agrupaciones punk-rockers: La Merma (Sonora), Los Implacables (Ensenada), Verbal Desecration (Tijuana), End of Fiction (Mexicali), Fuck the fame (Tijuana) y 22 Misiles (Tijuana).

ERIZO llegó al evento cuando estaba en el escenario 22 Misiles. En el lugar ya había unas 40 personas sentadas cheleando, a quienes el vocalista de la banda animaba para que se acercaran al escenario diciendo frases como: “caiganle no sean gachos”, “¿dónde andan las groupies?”. Finalmente agradecieron a las bandas anteriores por su impuntualidad: “Gracias a las bandas que llegaron tarde, pues tocamos más tarde y ya hay más gente”, resaltó el vocalista.

Entre banda y banda había un espacio de 20 minutos en los que se veían llegar grupitos de people tatuada, cabellos de colores, piercings, camisetas de bandas punk y mucho color negro por todos lados que combinaba con la atmósfera poco iluminada del lugar.

Quienes prendieron ambiente fueron los locales Verbal Desecration, con su punk rock y un toque gótico por parte del vocalista quien interpretaba de manera llamativa todas sus canciones: contorsionándose, tirándose al suelo con todo el feeling erótico hacia el público.

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Antes de los tan esperados 2 minutos, ya con un Tj art & rock lleno y cahuas rolando por todos lados, con poco más de 40 minutos de espera y un público impaciente sube al escenario End of Fiction, una banda de post hardcore proveniente de Chicali. Al final de cada rolita que se aventaban se escuchaba de entre los espectadores aclamar: “ ¡Dos minutos! ¡Dos minutos!”

En cuanto se bajó del escenario la agrupación cachanilla y sin tanta espera ni tanto rollo, comenzaron a instalarse en el escenario cada uno de los integrantes de la banda aclamada, la raza se puso eufórica, en cuanto se escuchó la primer rola se armó el slam,  más empujones, se lanzaban desde el escenario al público, otros subían a cantar junto a Walter Mosca Velázquez, el vocalista… todo un tumulto de energía liberada.

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De pronto en el escenario se comenzaron a observar personas de seguridad que bloqueaban a los que subían. Rolitas clásicas sonaban, una tras otra:“Aeropuerto”, “Amor suicida”, “Todo lo miro”, “Canción de amor (cerveza)” y la gente irradiaba cada vez más emoción que se expresaba en sus cuerpos, en sus caras. Mientras tocaban el tema “Lejos estoy” se comenzó a percibir algo raro, la rola sonaba fuera de tiempo y ritmo, cuando de pronto se ven golpes en el escenario y todo se empezó a descontrolar. La música paró, uno de los guitarristas pateó uno de los amplis y bajó del escenario, detrás de él bajaron Monty Montaña (batería) y Alejandro Ainadjian (bajo).

2 minutos desapareció del escenario, debajo seguían los fregadazos y empujones. ERIZO fue a indagar cerca del camerino, pues tenía programada una platicada con la banda después del show. Los guardias bloquearon la entrada, mientras se escuchaba a gente decir cosas como: “ no wey son los de seguridad los del rollo, estaban de puercos”.

Después de una espera de 15 minutos aproximadamente suben al escenario Mosca Velázquez (voz) y Pablo Coll (guitarra) de 2 minutos, y el baterista de una de las bandas que habían tocado antes. Se aventaron dos canciones más, empezaron con sus rollos de nuevo, y la banda dio por terminada su presentación.

El lugar se comenzó a vaciar. Entre los asistentes que aún quedaban se podían observar los estragos de alcohol que los hacían tambalear y las marcas de golpes y heridas pero con un semblante de satisfacción. Y es que después de todo así es el punk rock: borracho y agresivo.

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