En realidad siempre ha habido guiños en español hacia la música country, ya desde los inicios de Joan Sebastian se notaba cierta influencia, y más atrás, cuando en los 60 Alberto Vázquez hizo su versión de Sixteen tons, el clásico de Tennessee Ernie Ford compuesto por Merle Travis, sin contar que en España, Mocedades hizo su propia versión, muy desconcertante por cierto, de Convoy, del gran C.W. McCall.

 

Texto por Jorge A. Amaral.

 

Pero fuera de eso, el country en México, salvo los estados del norte por la herencia texana, ha sido algo muy lejano, a veces hasta extraño, y es que no ha sido muy necesario importar música rural de otros lugares si aquí tenemos nuestros géneros, que cantan nuestros amores, dolores y alegrías. O al menos mucha gente lo ve así.

Pero a mediados de los 90 se dio un efímero posicionamiento y revaloración del country en español cuando salió al mercado un grupo que de inmediato se colocó entre el público juvenil pues eran cuatro vaqueros bien parecidos. Así, Caballo Dorado inundó el espectro radiofónico con los dos temas que a la fecha son obligatorios en fiestas: Payaso de rodeo, autoría del vocalista y violinista Eduardo Gameros (la versión con Rebel Cats está bastante aceptable) y No rompas mi corazón, ese delicioso country rock originalmente titulado Achy breaky heart por Billy Ray Cyrus (no sólo engendró a la ex Hanna Montanna, también ha hecho cosas agradables), pero también hicieron una excelente versión de When the Devil went down to Georgia, de esas cosas que nos tienen en deuda con Charlie Daniels.

Pero Caballo Dorado no era el único grupo, ya desde los 80 venía picando piedra Wild West, en sus inicios llamado Los Buitres, comandados por el legendario Ricardo Sosa, el patriarca de los músicos de este género en el norte de México. Este grupo trajo al español con gran calidad piezas emblemáticas del country como Mama, no dejes que tu hijo sea un vaquero, Los siete magníficos, Los ojos nublados de Joe y tantas más que en casi 40 años de carrera han grabado.

Aun así, al sentirlo ajeno a nuestra idiosincrasia, el country quedó relegado a circuitos muy específicos, como una variante más de la música grupera, tan es así que se suele pensar que lo único del género es el binomio fiestero de Caballo Dorado No rompas-Payaso, una suerte de Macarena con sombrero. Sin embargo se ha mantenido un tanto marginal y sin un mercado propio, y es que ante la apabullante popularidad de géneros como la banda y las variantes de la música norteña es difícil que el country tenga cartel en México, salvo los festivales que se hacen en algunos estados del norte de México y su eterno gran impulsor, el circuito Cuernos Chuecos, que han llevado a los grupos de este género a recorrer todo el país, y aun así hay quienes van a estos eventos pensando que se trata de un jaripeo de esos que se hacen en cualquier fiesta patronal de cualquier rancho.

Ya de unos años a la fecha ha sorprendido un grupo de Ciudad Juárez, 8 Segundos, comandados por los hermanos Olivas, quienes, igual que Wild West y Caballo Dorado, han hecho excelentes interpretaciones de temas clásicos del género intercalados con temas originales, pero aun así, ante la falta de un público propio, han tenido que picar piedra como los bichos raros de la música popular. Y es que eso es algo con lo que nos toca lidiar a muchos, pues en el Centro de mi ciudad, al andar con mis botas y mi texana Stetson, me han confundido con buchón, me han preguntado en el café si vengo del jaripeo o si voy a ver a El Recodo, ignoro ese tipo de comentarios y cuando me subo al coche, Alan Jackson, Charlie Daniels o Hank Williams Jr., intercalados con Johnny Cash, me generan la atmósfera que quiero, sabiendo que quizá no soy más que un outsider con sombrero.

En fin, cierro este texto con esta estrofa de This is country music, de Brad Paisley:

Do you like to drink a cold one on the weekend and get a little loud?

Do you wanna say “I’m sorry” or “I love you” but you don’t know how?

Do you wish somebody had the nerve to tell that stupid boss of yours

to shove it next time he yells at you?

Well, this is country music and we do.

 


Jorge A. Amaral (Morelia, Michoacán) es melómano, amante de la cocina y poeta rehabilitado (aunque a veces recae), además de narrador ocasional, cronista y articulista en la revista Revés y el periódico Cambio de Michoacán.

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