Conocí a Juan Carlos Usnavy en una tocada de Los Grises. Quedamos de vernos en ese show para que me entregara algunos fanzines que hace. Yo los llevaría a un evento de publicaciones independientes en Monterrey, Nuevo León. Sin embargo, esa misma noche, los perdí. Estaba pedo. No recuerdo qué paso con sus dibujos, dónde los extravié o dónde se me cayeron cuando regresaba a mi hogar.

Era 2013 y Calafia Puta, banda de power violence donde Juan Carlos Usnavy es el vocalista desde 2008, se presentó en la octava edición del Chayito Fest, fiesta chilanga de hardcore punk que nació y murió en las unidades habitacionales de Azcapotzalco, las más grandes de Latinoamérica. DFMK, grupo de punk ‘n’ roll también de Tijuana, estaba de tour con ellos, en la misma camioneta, por diferentes sitios de México.

Quienes asistieron a ese Chayito Fest seguramente recuerdan el show que Calafia Puta dio esa noche. Para mí ha sido la mejor presentación que he visto de ellos entre putazos, sudor, ruido, blast beats, canciones que no rebasaban un minuto de duración y tampoco podía dejar de contemplar los calzones rayados de Juan Carlos Usnavy. Esa especie de performance –en ropa interior– es algo muy característico que se da en los shows de estos hijos bastardos de Chris Dodge, Mark McCoy, Crossed Out o Infest. Sin un acontecimiento así me atrevería a decir que no es power violence made in Tijuana, que no es Calafia Puta en su noche de infomerciales.

Sigo hablando del Chayito Fest porque en el transcurso de esa noche, la cual se convirtió en una magna borrachera, tuve la oportunidad de cotorrear por primera vez con Juan Carlos Usnavy. Me relataba las vivencias que Calafia Puta y DFMK habían estado pasando antes de llegar a la Ciudad de México. Compartían garrafas de Tonayán entre ellos. Decían que cuando se acabaran iban a encender su camioneta y seguir con el tour. Estaba a punto de amanecer pero seguía siendo bastante gracioso lo que Usnavy platicaba: que anduvieron corriendo (DFMK y Calafia Puta) desnudos por la playa, que algunas mujeres les habían ofrecido sexo oral a cambio de una playera, que unos federales intentaron plantarles hachís en un retén, que de un sembradío los corretearon con machetes en mano, etcétera.

Desde esa noche, siempre que me encuentro con Juan Carlos Usnavy es bastante divertido platicar con él, verlo tocar con Calafia Puta o su otro proyecto –norteño– con Angel Ramón Campos y la Realidad Alterada, disfrutar de sus pizzas que cocina o admirar los trazos que plasma en sus fanzines.

Charle con él en relación a Tijuana, el punk, y sus ilustraciones.

Foto: Chaba MR

Primero que nada, ¿naciste en Tijuana o qué onda?

Nombre… a mí me tiraron del otro lado del cerro, en California, Estados Unidos, para que mi jefita pudiera sacar la residencia y jalar de aquel lado. Dice mi jefita que se cruzó cuando se le rompió la fuente, diciendo que sólo iba de compras “aquí luego-luego”.

 

Pero eres más de acá que del gabacho, ¿no? ¿En qué parte de Tijuana creciste?

Crecí en la colonia Herrera, cerca del Panteón Número 2. Aunque nací en San Diego mi jefita nunca vivió en los Estados Unidos, únicamente fue una “transa fronteriza”. Nunca me regresé al otro lado [Estados Unidos], ni crecí hablando inglés, acá, bien cabrón, como todos los morros pochos. Me tuvieron del otro lado y luego me trajeron de vuelta acá, como si nada.

 

¿Qué tal Tijuana en tu niñez?

Cuando estaba morro mi calle estaba sin pavimentar. Ahora es una colonia casi dentro de la zona centro. Las colonias que pensaba eran de las periferias, donde vivía mi familia [Florido y Mariano Matamoros] se me hacían el culo del mundo.

 

¿Y qué tanto ha cambiado Tijuana para ti?

Hoy en día estas colonias [Florido y Mariano Matamoros] no están nada retiradas a comparación de las nuevas colonias que han creado en Tijuana. Soy más del lado que va a Playas. Pero definitivamente no es Playas… Playas esta nice, como dicen aquí. Mi cantón está cerca del centro. Son cañones bien bonitos. De morro jugaba en un barranco lleno de cochinero, atrás de mi casa. Me acuerdo que el centro estaba bien pirata. Cuando me regresaba en taxi [de la secundaria] a mi casa tenía que ponerme al tiro, porque había un chingo de cholos bien píldoros tumbando morros [mecos como yo]. Todos pasábamos por el centro para ir a cualquier parte. Por lo tanto podías toparte a otros morros raritos caminando por La Revu. Ahora ese mismo pedo está en la 5 y 10. Incluso los tijuanenses que no conocen la Ciudad de México siempre la comparan, diciendo que es la parte más chilanga de Tijuana. Aunque sólo sea la zona que más gente concentra entre basura, vagabundos, olor a meados, caca de perro y paloma, smog, grafitis culeros, calafias, así como gente haciendo comida entre todo lo mencionado. Pero no es así. Es el otro centro que no tiene congales.

 

¿Recuerdas tus primeros shows de punk a los que acudiste en Tijuana?

Unos que se llamaban Mil por el rock. No conocía a nadie, hasta que un día fui a un concierto bien cagado de 2 Minutos y ahí hice muchas amistades que tengo hasta el día de hoy.

 

¿En qué época fue eso?

Todos íbamos en la secundaria y nos mirábamos bien pendejos. Luego, cuando iba entrar a la prepa, quería quedarme en la federal; no sé porque chingados todos deseaban esa escuela. Ahí me encontré a los mismos compitas sacando ficha [para intentar ingresar]. Nos reconocimos de las tocadas y nos hicimos bien amigos.

 

¿Me imagino que ya de ahí tal vez armaste tu primera banda?

Salieron bandas como Los Chafas y Bloody Mokos [ahí gritaba]. Siempre andábamos en las tocadas del Bache, un taller mecánico que estaba en el Gato Bronco. Ese sitio lo agarraban los punks de la 5 y 10 para hacer shows y ponerse bien piratas con Tonayán.

 

Muchos te conocen por ser el vocal de Calafia Puta, pero tal vez algunas personas no saben que también haces ilustraciones y cómics. ¿Cómo iniciaste en eso?

Desde que me acuerdo siempre he hecho monos feos atrás de los cuadernos o modificaba los monitos de los libros de texto. Pero ya más grande, con las tocadas y el punk hacía flyers con mala ortografía para las bandas que teníamos. También logos y uno que otro fotomontaje en Paint que me encantaba hacer [lo que podría llamarse Proto-memes]. En los toquines del Bache me aventé flyers porque a veces hacían unos que se me hacían bien chafas y pues si tu banda no estaba [en el flyer] tú la ponías donde hubiera espacio y le sacabas copias.

 

En una ocasión, creo que mientras echábamos unas chelas en algún lugar del centro, en la Ciudad de México, salió a relucir el escritor tijuanense Rafa Saavedra. Sino mal recuerdo daba clases en la universidad en la que ibas. Algo así. ¿Sientes que el mundo de los fanzines y la literatura underground de Tijuana también te influenciaron para realizar publicaciones independientes?

Creo que ya estábamos pedos. Pero Rafa Saavedra sólo era compa de un profe mío en la universidad. Y no, no me influenció. Sólo algo raro que seguramente te conté es que una vez iba con él [Rafa Saavedra] en el mismo taxi y le dije “tú haces fanzines ¿verdad?” Ese bato me dijó que “simón” y le regalé uno de mis cómics. Eso fue uno o dos meses antes de que muriera.

Foto: Chaba MR

También estás muy involucrado en la organización de festivales o talleres de publicaciones independientes en Tijuana. ¿Qué han logrado?

¿Logrado? Nada y con mucho orgullo.

 

¿Qué hacen entonces?

Antes era el encargado de Publicaciones Número Cero, organización informal en la que lanzábamos fanzines cada mes, junto con un taller todos los lunes. Pero eso ya lo dejamos atrás. Me gusta saber que hay proyectos que tienes que dejar ir. Ahora tenemos una fanzinoteca en el espacio Enclave Caracol, donde con más amigas estamos organizando el festival de publicaciones independientes Zine Fronteras. Este año será su tercera edición.

 

¿Para qué bandas haz hecho ilustraciones?

No recuerdo. Tampoco han sido muchas. A veces digo que haré algo pero la neta no lo hago. Mejor mencionare la primera banda a la que le hice una ilustración: Los Chafas.

 

¿Y en qué fanzines o revistas independientes haz colaborado?

Qué flojera acordarme. La neta se me va el pedo bien fácil.

 

¿Publicarás o aparecerás en algún fanzine pronto?

Sí. Tengo dos años diciéndoles a mis amigos que sacaré algo. Pero esta vez sí [risas]. Tengo un bonche de basura que necesito acomodar y publicar. Tenía un proyecto falso que se iba a llamar Quiero vivir en Internet y otro libro de cocina con puros trips que tengo sobre la comida.

 

¿Te atreverías a definir tu arte?

¡A la mierda el arte y sus productores! Qué flojera producir, definirse y pensar que uno es crítico. La neta eso es vivir todo cooptado y suavizado por el estado. Prefiero dejar las cosas más sencillas. Yo únicamente hago monos feos llenos de ira y ansiedad.

 

¿Qué ha pasado con Calafia Puta?

Vamos a sacar un LP pronto. En Internet ya subimos unas rolitas nuevas, pero tenemos guardadas otras para el disco. Está todo en Bandcamp.

 

¿Y el otro proyecto junto a Angel Ramón Campos y La Realidad Alterada?

Ahorita está en reposo ese pedo.

 

Por último, ¿qué recomendaciones nos darías para hacer en Tijuana un fin de semana?

Antes les hubiera dicho que bajaran al centro, fueran a todos los bares y se la amanecieran. Que presenciaran alguna pelea de cholos contra metaleros, esquivaran cricosos tirados en el baño del Chips o afuera en la calle a los tecatos, olieran el caño de la calle segunda. Pero bajen a la nueva Pachanga y no compren pingas. Vayan a una tocada. Métanse a un congal a agüitarse. Sientan lo miserable que es esta ciudad llena de turistas buscando el donkey show o algún menor a quien cogerse. Coman tacos o échense un caldo de pescado en la madrugada. Compren droga cortada. Enférmense de tanta chingadera. Vomiten y lloren deprimidos sin serotonina ni dopamina. Vean la playa, pero no se metan porque es toxica. Después vean el muro. Vean que está bien chafa vivir todos los putos días mirando esa madre. Pero la verdad ya me da flojera todo. Solo vengan y a ver qué pasa. A veces es mejor cuando no pasa nada.

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