El 3 de mayo de la semana pasada, el guitarrista japonés y riduista espiritual, Keiji Haino, cumplió 66 años de darle a su cuerpo una agotadora paliza de cuatro décadas haciendo la música más estridente que jamás se pensó.

Haino San, como le llaman sus colaboradores, ha pasado su carrera profesional como una especie de monje zen en la oscuridad, de ser pionero del rock n’ roll nipón en la década de los 60’s tocando en conjuntos sin relevancia alguna, a travesando por el aislamiento de casi una década, en la cual no compuso ni tocó debido a una grave enfermedad, hasta abrazando su etnicidad musical oriental, explorando las variedades tonales sobre la percusión, la guitarra, instrumentos folklóricos, e incorporando su propia voz de la manera más bestial posible.

La música de Haino es más compleja de lo que se podría tratar explicar en esta columna, es decir, abarca tantos matices y comprende de una gama tan amplia de géneros, que puede en momentos ser sobre cogedor. Pero la importancia de artistas es hoy en día aún más relevante, y suena aún más fuerte que nunca, empezando por discos como Watashi Dake (el cual el año pasado fue re editado en vinil por primera vez) su disco más íntimo, o con proyectos como Lost Araaf, Fushitsusha o Nazoranai, donde se presenta tal cual, brutal, amplificado e improvisando (aunque el mismo rehúya de la palabra, y se refugie en el destino del momento), Haino suena más duro que cualquier banda de metal existente, hace sonar a cualquier proyecto ridículo en comparación suya.

A sus 66 años, con su larga cabellera plateada y siempre de negro, el hombre sigue reinventándose, tocando con bandas como SUMAC, O’Rourke o Brötzmann, donde demuestra su relevancia y lo importante de su figura hoy en día.

Aunque sus experimentos sonoros podría ser comparado con los ragas de la India, en la cuestión de tonal de buscar un estado tántrico, el ve el caos como una forma de reconstrucción de sí mismo en el escenario, como una fuerza capaz de destruir y crear al mismo tiempo en un solo momento, y eso es justamente lo que hace con el sonido: lo destruye por completo para buscar el silencio; busca el espacio para construir pirámides infinitas de ruido y las derrumba con el zumbido del mismo, para después regresar a construir la misma pirámide una y otra vez.

Mi pasión por Haino San es indudable, porque estoy seguro estar ante una de las leyendas más importantes de la música experimental contemporánea, y que además no ve fronteras en su obra, no se limita a ningún género, es una extravagancia que cruza entre lo excesivo y lo más minimalista, atravesando por cualquier vertiente sonora.

SI tuviera que describir a Haino, ahora a sus 66 años, creo que diría: “Imagina que Stockhausen tocará rock, pero que no se limitara sólo el rock”. Para comprender a Haino existen tres discos fundamentales, Watashi-Dake?, su álbum más tranquilo, el primer álbum homónimo de Fushitsusha, y por ultimo Milcky Way de 1973, podrían ser a mi parecer, tres interpretaciones de Haino  a sí mismo.

Sólo queda adentrarse y escuchar…

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