La quinta edición de este festival organizado por The Growlers y The Observatory en Santa Ana, se presentó con lo que muchos llaman “el mejor line up de su historia”.

Lo más difícil de ir a un festival es alcanzar ver a todas las bandas y solistas que te interesan del line up. Siempre pasa algo: los horarios chocan, pierdes tiempo en las filas interminables del baño, o comprando cheve. Llegas a medio “acto” y no consigues meterte entre la gente, así que te resignas a escuchar tus rolas favoritas desde lejos.

Qué difícil es, pero también, qué divertido se pone. El chiste siempre es agarrarle la maña. Con Beach Goth nos pasó algo así. Los días 22 y 23 de octubre, The Observatory en Santa Ana, ofreció un cartel muy variado en cuanto a géneros musicales, y puso “la vara muy alta” para sus próximas ediciones. Hay quienes dicen que este año, el festival se la rifó con su mejor line up a la fecha.

Lo básico para un festival exitoso ya estaba puesto sobre la mesa: músicos talentosos que difícilmente veríamos juntos en cualquier otro lugar. Solo faltaba ver cómo iba a responder el público y ciertamente, no decepcionó.

Pero empecemos por cosas más generales. El venue se dividía en dos escenarios al aire libre y dos dentro del Observatory. Las presentaciones más cotizadas quedaron afuera, por cuestiones de capacidad.

En todo el venue se encontraban foodtrucks y carpas donde vendían comida rápida: hamburguesas, chicken strips, pizza y otras cosillas por la módica cantidad de 11 dólares. Casi todo costaba 11 dólares en este festival ¡goddammit!. Incluida la cerveza. En otras palabras, una media por 200 pesos ¡Auch!

Otros puestos vendían aguas, sodas e incluso lentes de sol pa’ la calor y coronas de flores muy al estilo Coachella (que por cierto, no vi gente usándolas).

Y entre los puestos de merch, había uno donde a la gente con permiso médico se le permitía fumar marihuana. En otros pocos vendían ropa noventera, colorida y/o tornasol por si acaso pensabas que tu outfit no era lo suficiente beachy o goth para estar en onda.

Y bueno, pasando al plato fuerte: la música. El sábado se presentaron los números más rockerillos.

Teníamos por ahí a Albert Hammond Jr, el guitarrista de The Strokes con su proyecto solista, seguido por Violent Femmes, donde por supuuuuesto que todo mundo coreó “Blister in the sun” a todo pulmón.

Patti Smith, la mamá rockera del punk tampoco dejó abajo con sus canciones más conocidas como la anticipada “Because the night”, y cómo no, un poco de pop noventero con TLC, o un pop más contemporáneo con Melanie Martinez, reconocida por su participación en el reality show The Voice.

Sobre ésta última, debo reconocer que su voz es mucho más linda en vivo y que fue la única artista -que yo vi- que se esforzó en decorar el escenario o en producir un espectáculo más allá de cantar y tocar. Cubos gigantes en colores pastel formaban las palabras cry baby. Un pastel con velas enorme sirvió como tarima y otras figuras emulaban ser la cuna de un niño.

Los demás actos se apegaron a dar un buen show con nada más que su voz y talento, y eso está bien, pero siempre se agradecen esos esfuerzos extras.

Del sábado, debo admitir que no pude ver muchas cosas, porque las filas eran colosales para todo: comida, cerveza, baños, accesos, ¡todo! Pero estuvo cool. Entre los dos días, al sábado hubo más gente, así se sintió por lo apretados que estaban los espacios.

James Blake, el compositor británico venía presentando su álbum más reciente, “The Colour in Anything” y fue por mucho uno de mis descubrimientos favoritos. (Chécalo aquí: https://open.spotify.com/artist/53KwLdlmrlCelAZMaLVZqU)

Esa es la magia de los festivales, encontrar música que tal vez no conocías pero que vale la pena escuchar. Si disfrutas de una buena y dulce voz, música electrónica pero minimalista, date la oportunidad de escuchar a James Blake.

Entre las canciones que tocó y que recomiendo para empezar, están “Radio Silence” y “Timeless” del nuevo disco, y “Life Round Here”.

Para cerrar estuvo Bon Iver, proyecto indie folk de Justin Vernon, aunque me lo perdí intentando llegar al baño (vejiga chiquita).  Lo que hice al día siguiente, con todo el dolor de mi corazón -pero altamente recomendado-, fue bajarle a la cheve.

El domingo, comenzó para mí con La Femme, sonando a lo lejos en uno de los escenarios.

Ya iban a terminar, así que mejor nos fuimos al main stage para ver a Kali Uchis, la artista que recomendamos anteriormente como imperdible del festival.  Arrancó con canciones como “Ridin Round” y “Know what I want”. La gente reaccionó de inmediato, meciéndose y bailando.

Además entonó con explícito orgullo a sus raíces latinas, algunos covers en español, tal es el caso de “Suavemente” de Elvis Crespo.

Kali Uchis. Fotografía por Edgar Martínez.

De ella seguiría el rapero Gucci Mane, y según me contaron, se puso muy intenso. La gente se amontonó y comenzó a empujarse entre sí. Justo en ese momento, se disparó la lluvia. Y no lloviznó. Llovió como Dios manda.

A la par, en otro escenario, estaban tocando The Adicts para la banda punk que ya tenía dos círculos de slam. Hombres y mujeres corrían en círculos cantando “Fuck it up” y “Viva la Revolution”.

Ropa volando, lentes quebrados, zapatos solitarios, todo eso y más fueron secuelas de este show que cerró con el público exigiendo una canción más. El “pilón” nunca llegó.

Las bandas tenían el tiempo contado y lamentablemente, hasta ese momento, Beach Goth había sido muy puntual con sus presentaciones.

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Devendra Banhart. Fotografía por Edgar Martínez.

Todo cambió con la lluvia. Para el momento en que salió She Wants Revenge, el suelo se inundó, mojándonos los pies a todos.  Sobra decir que con la euforia del momento, a la mayoría nos valió, aunque algunos sí se fueron para no arruinar sus zapatos.

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Fotografía por Edgar Martínez.

Aunque el gusto no nos duró. Después de eso, Beach Goth cerró el stage y sin avisar, mudó a los artistas que seguían, al Observatory.

Por suerte, nos dimos cuenta justo a tiempo para ver a SebastiAn y a Nicolas Jaar, dos DJs que hicieron que la gente enloqueciera. Vi varios torsos desnudos y personas que bailaban y no parecían agotarse en absoluto.

SebastiAn mezcló canciones del dúo francés Justice, quienes también formaron parte del lineup.

De hecho, Justice cerró y aunque fue DJ Set, la energía que soltaron bastó para compensar todas las filas y posibles molestias que surgieron entre la gente. Los 11 dólares que costaba cada media valieron la pena.

Tocaron canciones clásicas como “We are your friends”, “Stress”, “D.A.N.C.E” hasta covers de canciones ajenas, como “I’m so excited” de The Pointer Sisters, ¿dafaq?, pero rifó.

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Fotografía por Edgar Martínez.

En general, el sonido estuvo perrísimamente ecualizado. La claridad de cada instrumento favorecía la inmersión, y estar ahí, tan cerca como fuera posible de los artistas, es una experiencia que vale la pena repetir.

Si tienes oportunidad de ir a futuros Beach Goths ¡hazlo! y procura moderarte con la bebida, tu cartera te lo agradecerá, pero también tu vejiga. Ponte trucha, que a ERIZO luego le gusta ponerse guapo con boletos, quien quita y tengas suerte.

¡Larga vida a Beach Goth!

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