Llegó una nueva edición de Doña Pancha Fest en Guadalajara, en medio de una semana movida en Guadalajara en cuestión de eventos musicales, en especial por el Festival Coordenada. Ahora, la cita, luego de dos años siendo en Kukuruchos, sería en Larva, lo que le daba otro matiz al evento.

 

Texto y fotos por Antonio Moreno

 

Llegué poco antes de iniciar el mismo y lo que vi de inicio me dejó un grato sabor:  el recinto lucía extraordinario, con dos escenarios, uno de buen tamaño, con una gran pared detrás que ya desde ese momento reproducía visuales del evento y otro mucho más pequeño enfrente que reproducía una pequeña horca. La iluminación y el sonido (en ese momento con algo de música de ambiente) prometían bastante.

Luego de salirnos un rato a comer, regresamos a Larva, e Ion, la primera propuesta estaba por hacer acto de presencia. Ya para esa hora, había ya algunas personas pululando por ahí, dispuestos a devorar todas las propuestas que el festival ofrecería. Ion, quien es más conocido por ser parte de Sutra, dio el banderazo de salida regalándonos un pequeño set donde mostraba su lado más personal, que si bien tiene puntos en contacto con su banda, toma al mismo tiempo distancia de ella con una inmersión aún más honda en el noise y el ambient, volviéndose algo aún más abstracto.

El turno sería ahora para .RR, uno de los referentes de la música electrónica subterránea en el país, y el cual a través de su experimentación sonora repleta de noise, nos hizo parte de esa especie de dimensión alterna que se crea en el ambiente, ciertamente oscura y perturbadora. Mención aparte merece la actitud ensimismada del músico y ese retorcido escenario con la horca que convertían su presentación en una  especie de performance. En algún punto le comenté a mi acompañante que la música que .RR estaba ejecutando bien cabía en el más extraño capítulo de Twin Peaks  de la tercera temporada.

Aloe Vera tomaría posteriormente el escenario más grande (no diría que el principal, pues creo que las decisiones de dónde iba uno u otro artista respondía más a cuestiones de concepto) y cambió el tono que hasta el momento llevaba el festival, dando un espacio para que su folk low-fi inundara nuestros corazones con melodías dulces y emotivas. Amor, desamor y caballitos en el campo se dejaron sentir en Doña Pancha.

A los pocos minutos las miradas volvieron al segundo escenario, pues lo tomaba ahora Hospital de México, del cual poco sabía, más allá de que era un proyecto de Esteban Aldrete, el mismo de Soledad y Los Pellejos. Mi sorpresa fue que tan sólo era él, su guitarra y su caja de ritmos. Pero vaya que eso bastaba para escupir en la cara la  interpretación más dura y en ocasiones violenta de la noche. Sin lugar a dudas, Aldrete es un músico que dota a cada uno de sus proyectos de una identidad llamativa y muy distinta entre sí. Hospital de México fue uno de los proyectos que menos esperaba (porque nada conocía de ello) pero que más grato sabor me dejó. Ese sonido que en ocasiones rozaba el hardcore a lo Black Flag  y esas oscuras letras volvieron a cambiar el registro del festival, del dulce y emotive emo – pop de Aloe Vera a la destrucción Sonora de Hospital de México. Tal vez el único pero fue que el volumen en ocasiones podía resultar muy alto. Pecata minuta.

Después de la intensa presentación, hubo una pausa de varios minutos, lo que sirvió para que la gente saliese un rato, descansara o se encontrase con viejos amigos y conocidos.

Un rato después, saldría uno de los actos más esperados, pues nos visitaban los Cardencheros de Sapioriz, el cual, al final, resultó el momento también con más afluencia de la noche. El canto cardenche se hacía presente en el festival Doña Pancha, dándole otra dimensión, tanto por lo que representa en sí mismo un acto de esta naturaleza, el cual se ha mantenido de raíz y lucha por preservarse contra todo en estos tiempos, como para lo que aporta al festival un acto en vivo que tiene una naturaleza más apegada a lo tradicional y el folclor que los acostumbrados performances que se han sucedido en su historia. Las espinosas canciones de la agrupación resonaron en el ambiente, llevándonos de vuelta a los inhóspitos parajes de su tierra y a hacernos parte de sus historias llenas de polvo, soledad, tristeza y tragos limpios de Sotol. Una presentación por demás emotiva que quedará marcada en la historia de Doña Pancha. Al final, los integrantes del grupo saldrían muy agradecidos con la respuesta del público. El agradecimiento es mutuo hacia ellos.

Posteriormente, tendríamos otro de esos actos que resultan imprescindibles y al mismo tiempo difíciles de creer de que no hayan estado en la ciudad antes, en parte por el historial con el que cuentan: Ford Proco. ¿De música de raíces folclóricas nos vamos a un set de electrónica industrial pura y electrizante? ¡Claro! Recordemos que esto es Doña Pancha. Y no desentona en lo absoluto. El dúo dinámico de Tijuana nos otorgó la parte más bailable y visual de la noche con su set.

Ya avanzada la noche y con una audiencia ya definida, hicieron su aparición uno de los actos que más esperaba personalmente: Los Mundos. La agrupación de Monterrey volvió a darle otro de esos giros al evento con su poderosa instrumentación. Aunque ellos mismos en algún momento se quejaron de algún sonido que por ahí se dejaba escuchar y el cual no provenía  de sus instrumentos, esto fue mínimo pues su puesta en escena siempre fue potente y guitarrera, llena de vértigo. Aunque el sonido en sus últimos álbumes se ha vuelto más psicodélico, en directo su propuesta tiene un matiz que roza en lo stoner, lo cual a mí personalmente, me hizo valorar su música desde otras aristas y me hizo disfrutarla de manera distinta. Me encantaría que pudiesen venir nuevamente con un directo propio y un set más largo, pero con lo que se vio esta noche, quedé satisfecho.

Después de que salieran los Mundos, se anunció un pequeño imprevisto. Michael Rother necesitaba un espacio de cuando menos una hora para montar sus instrumentos y hacer soundcheck. Fue bastante acertado preparar a la gente para ello, pues así pudieron estirar las piernas, encontrarse nuevamente con sus amigos e incluso salir a comer cerca del lugar. Lo malo fue que hubo gente que no pudo quedarse bajo esas condiciones, pues incluso  la espera llegó a hacerse más larga (hora y media aproximadamente) y se fueron (otra de los detalles de haberse hecho en Domingo). Lo curioso era que el mismo Rother estaba ahí frente a todos organizando su equipo con un seño casi marcial y disciplinado, y en algún punto podíamos escuchar adelantos de canciones.

Después de ese lapso, con todo listo, el reconocido músico y su agrupación, se presentaron ahora sí, dispuestos a tocar y llevar, literalmente al éxtasis a todo el público que se quedó a su presentación. Aunque ese retraso indudablemente había afectado la afluencia, los que nos quedamos disfrutamos de una presentación igualmente memorable y potente. Ante este tipo de músicos, los años realmente no pasan resultando un lujo escuchar su bien cuidado y espectacular sonido.  La gente no paró de bailar y al final el baile mutó en un intenso slam y en personas extasiadas en el suelo, ya sea de borrachera o de gusto. Una locura. El punto más alto de Doña Pancha llegaba en el momento justo y explotó de forma natural y con total efervescencia. Michael Rother por otro lado, parecía disfrutar de lo que se dejaba sentir entre la audiencia.

Así es como terminaba una edición más de Doña Pancha. A mi gusto, con todo y el nivel ascendente que han tenido, este ha sido un parteaguas, un necesario salto de calidad que nos parece conducir al próximo año, al décimo aniversario que desde ya promete ser memorable tanto como lo fue éste. Enhorabuena.

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