Salir de las taquerías para tocar en los mejores festivales del país, compartir escenario con artistas de la talla de Andres Calamaro, Enrique Bunbury, Los Tres, Jake Bugg, Leon Larregui, etc., son algunos de los logros que Juan Cirerol llegó a cosechar.


Nota por: Erick Rivera

 

No es secreto que el artista de Mexicali era una de las mayores promesas de la escena musical. Se esperaban grandes cosas de Cirerol, incluso se le llego a apodar como El Bob Dylan Mexicano, El Johnny Cash-anilla y algunos decían que sería el nuevo Rockdrigo Lara, pero no; actitudes rebeldes, constantes informalidades y los excesos hicieron que en menos de 5 años la carrera de Juan estuviera con menos vida que Juan Gabriel.

Si echamos un vistazo al pasado podemos encontrarnos con un sinfín de tuits incluso más ofensivos que el tan sonado tuit del 19 de septiembre. O también aquel oscuro día en el que se le reporto como desaparecido, incumpliendo a varios shows que tenía en el entonces Distrito Federal por irse de fiesta a Sinaloa con “El Komander”.

A pesar de todo esto, Juan ha tenido la fortuna de rodearse de personas que han buscado apoyarlo. Personalmente me cuesta entender que pasa por la cabeza de Cirerol, ¿qué cara le pones a la gente que te quiere después de apuñalarlos por la espalda?, porque Juan, lo volviste a hacer. Después de toda la tormenta que viviste lo volviste a hacer. Después de malgastar tanto dinero en psicólogos, lo volviste a hacer. Después de lo difícil que fue para ti volver a los escenarios, lo volviste a hacer. Volviste a fallarle a los pocos que aún creen en ti. Le fallaste a un lugar al que le llovieron críticas por darte la oportunidad de presentarte ahí, le fallaste a los pocos seguidores que aun te quedan, le fallaste a una banda que ensayo y ensayo y ensayo para abrir tu concierto y tener contenta a tu gente antes de que te presentaras. Lo peor de todo es que lo vas a seguir haciendo, le vas a seguir fallando a tus porristas (porque la mayoría de tus seguidores son eso: porristas) y le vas a seguir fallando a tus amigos, porque Juan, ¿cuantas veces no los hiciste dar la cara por ti? ¿cuántas veces no vimos a uno de tus mejores amigos pedir perdón porque “te retirabas de los escenarios”? Son incontables, pero a pesar de eso seguirán ahí para ti. Tienes la fortuna de tener gente que aún te quiere y gente que está dispuesta a seguir gastando dinero por ir a verte tocar. Toma por primera vez en 31 años las riendas de tu vida, no le hagas perder a la gente más su tiempo.

Pero a pesar de que este viernes 21 de diciembre Cirerol le hizo pasar a más de uno un mal rato, hubo una banda que puso la cara en nombre de la música: DON PEPE Y SU MAL AUGURIO. La banda liderada por José Estrada fue la encargada de regalarnos (y digo regalarnos porque lo hicieron gratis) un agradable rato con un show que duro cerca de una hora.

El banjo y los “Oh yeah” de José, el violín y la alegría de Ramón, el bajo de Alan (sin albur) y la guitarra de Luis lograron que la reducida audiencia que se quedó después del trago amargo se fuera a casa con una sonrisa en la cara.

Don Pepe y su Mal Augurio es un proyecto que nació con José cantando en calafias, bares, en las calles y que gracias a la ayuda de “Mal augurio” día con día buscan pulir una combinación de estilos tales como el country, el folk y el bluegrass. Esta es una de las bandas con la música más sincera de la escena, en las letras de Don Pepe no encontramos metáforas como las de Sabina, ni críticas al sistema como las de Dylan, pero si encontramos canciones que relatan la vida del músico que lo único que quiere es hacer música.

“No me apena ser humilde y es que no soy conformista

Pero no me falta nada, tengo lo que necesito

Ni ambición, ni una fortuna, mucho menos ser famoso

Solo cantarle a la vida y salir de esta rutina

Si es esto lo que me gusta… déjenme soñar”.

 

Actualmente trabajan en un proyecto de cerveza, la cerveza mal augurio y este año remasterizaran algunas de las canciones con las que este proyecto inició.

La música es un escape, un colchón esponjoso en donde nos aventamos después de un día cansado. La magia que sentimos al ponernos unos audífonos, apagar la luz y subirle al volumen a nuestra canción favorita es más fantástica que los actos que David Copperfield hacía. No tenemos palabras para agradecer a los músicos por esa labor tan importante que cumplen en la sociedad, pero si muchos aplausos para cada presentación en donde valientemente se paran frente a un público hambriento de música.

Feliz navidad, Erizos. ¡Nos vemos en los toquines!

Comentarios