El debate en cuanto a cómo consumimos música siempre ha sido un tanto controversial, en estos tiempos usamos diversas plataformas, de las cuales los artistas o bandas pueden generar regalías, dígase Apple Music, Spotify, entre otros. Hace algunos años éramos asiduos a bajar canciones, apoyados de software “alternativo” o hay quienes son aún usuarios activos de utorrent.

Pero, pongámoslo en perspectiva, el daño que le hace al autor de la obra musical la descarga ilegal de su música, es en mayor medida si es independiente, o a un sello pequeño que hace un gran esfuerzo por lanzar material cada cierto tiempo; no hay lugar a duda de que estos medios de consumo afectan a los músicos, productores y sellos.

Aun así, por más difícil que esto suene, existió un momento en el tiempo donde, la única forma de consumir nueva música propositiva e interesante, fue a través del terreno de la “ilegalidad”. Era Rusia 1999, si bien el país ya había entrado al mercado capitalista, dicha transición tarda mucho, y por evidentes razones, el atraso en cuestión musical era evidente, por lo que de la nada, como la Perestroika, surgió un pequeño sello que editaba discos del extranjero, bajo ediciones catalogadas como bootlegs, es decir “piratas” y con la etiqueta: ArsNova.

Dicho “sello” editó discos de artistas que difícilmente podrían conocer en ese momento la juventud de ese entonces, por ejemplo Coil, los cuales gozan de una fama monumental en el subsuelo ruso y que continuamente tocaron en el mismo país.

En su catálogo, se pueden encontrar copias de baja calidad, de diversos géneros, Lee Hooker, Sakamoto, Eno, Glass, Kronos Quartet, entre muchísimos otros.
Sí, era de manera ilegal, con ediciones pobrísimas, pero aunque la visión sea romántica, esta fue una de las únicas posibilidades de que ese gran contingente pudiera estar a la par del resto del mundo, tomando en cuenta la condición de cambio en el país.

El sello desapareció a principios del 2001 gracias a la comercialización musical, y hoy en día Rusia posee un gran mercado musical. La etiqueta ha sido odiada por muchos y re-valorada por muchos coleccionistas, incluso algunos artistas aprecián el esfuerzo que hicieron los miembros de dicha organización para divulgar su obra dadas las condiciones, como Peter Christopherson, en su momento. Sin embargo hasta principios de la década pasada, esta era la única forma en que muchos se volvieron fans de Autechre, de Nurse With Wound o de Arto Lindsay.

Comentarios