Su fallecimiento es para la industria una gran pérdida y para los fans es una pena difícil de superar. Si pudiéramos preguntarle a él seguramente diría que solo se trata de un viaje más a otro planeta.

Dos días después de su cumpleaños, David Bowie falleció en paz, acompañado por sus seres queridos, a los 69 años de edad. Murió de un cáncer en el hígado que le detectaron 18 meses atrás.

Bowie, pionero del glam rock e icono musical de los 70, estaba listo para morir y así lo dejó ver su productor Tony Visconti, al revelar que en este lapso y sabiéndose enfermo, Bowie encontró el tiempo para grabar y producir lo que sería su último disco de estudio, Blackstar, una producción que intencionalmente nació como un “regalo de despedida” para los fans.

Nació en Londres, Inglaterra, el 8 de enero de 1947 con el nombre de Robert David Jones e inició su carrera a los 15 años. Hoy lo recordamos como un intérprete, compositor, productor, arreglista, pintor y actor que se mantuvo vigente por más de 40 años. Más que un artista creativo, fue una persona experimental y valiente, que se daba la oportunidad de explorar distintos medios de expresión.

Grabó 25 álbumes de estudio y participó en 22 películas, puede que la más conocida sea Laberynth, una obra del cine de culto ochentero, protagonizada por él y Jennifer Connelly. De hecho a Bowie le encantaba actuar. Lo hacía en el cine tanto como lo hizo en el escenario, una muestra de esto fueron sus alter-egos Ziggy Stardust y The Thin White Duke. Los personajes que encarnó al punto de disiparse en sus pieles.

Para Bowie, Ziggy y el “Duque”, no eran solo personajes. Eran la representación física de lo él sentía que mejor lo identificaba, las estrellas y el espacio exterior. Prefería ser Ziggy “Polvo de Estrellas” antes que ser él mismo.

En 1973, al sentir que perdía su autonomía y salud mental, Bowie anunció su retiro como Ziggy y dio paso a transformarse en the Thin White Duke con el álbum Station to Station, una encarnación menos extravagante, interesada por incorporar elementos del soul y funk en su música. Fue en esta etapa que nació la famosa “trilogía Berlín”: Low (1977), “Heroes” (1977), and Lodger (1979).

La influencia de Bowie es relevante incluso para aquellos que extrañamente no lo conocen, o que no disfrutan en particular de su música. Sin él, muchas generaciones de músicos no sonarían a lo que hoy escuchamos en nuestros reproductores.

Su legado no se conformó con impactar en agrupaciones que marchaban por el sendero del rock y llegó a caminos inimaginables de la escena musical, como el hip hop, punk, pop e incluso música de orquesta. Entre los músicos que lo citan como inspiración podemos encontrar desde colegas de su generación, como Gene Simmons, de Kiss y Boy George, Joy División o The Cure hasta The Killers y Arctic Monkeys o Jay Z y Lady Gaga.

Fue su sonido, su aspecto andrógino y transgresor, pero también su personalidad, tan brillante como innovadora, lo que enamoró a generaciones de artistas y admiradores por más de cuatro décadas y contando. Fue un hombre fuera de lo común, fuera de este mundo, o como a él le gustaba anunciarse: un ser extraterrestre, el hombre que vino de las estrellas, esperándonos en el cielo.

 

Comentarios